| Inconsciencia es pecado
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Birmania,
Templo Maha Gan da Yon. Monjes budistas comiendo. Foto de Carlos
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En una época como la actual, donde
todo se hace "de prisa y corriendo" resulta evidente que la atención
es un bien escaso. Sólo podemos reclamarla por pocos momentos a
los demás y sólo podemos ofrecerla en determinadas circunstancias.
Sin embargo es ésta, la atención, el trabajo principal que
debe realizar un buen monje budista si quiere vivir profundamente su doctrina.
Cómo nuestra atención, la
habitual en el ser humano, es débil y fluctuante, no vendría
mal repasar antiguas sabidurías que tienen en común el dar
indicaciones para resolver antiguos problemas... que permanecen (2).
Este estudio ayudará no sólo a conocer algunas características
de nuestro funcionamiento mental sino también, (sólo en
la medida que se practiquen), a encontrar cierta armonía interior
que es una condición indispensable para alcanzar un estado, aunque
precario, de bienestar espiritual.
En nuestro mundo occidental se desconoce
académicamente cualquier clase de tecnología de la mente
que no sea la enseñada por la psicología. Este enfoque, científico,
basado en la investigación y en la observación de casos,
parece el más adecuado para nuestra cultura. Sin embargo queda oscurecido
el hecho de que gran parte del conocimiento psicológico no emana
directamente de observaciones sino de teorías. Teorías que
surgen en el siglo XIX y a principios del XX. Teorías que suponen
una concepción de lo humano. Teorías que pueden ser un buen
punto de partida; pero que en la práctica limitan la investigación
a todo aquello que "sintonice" con ellas. Es evidente que las prácticas
recomendadas en el budismo no son analizadas con interés, porque
se sobrentiende que ninguna práctica religiosa puede ofrecer algo
importante al análisis científico. Esto, a mi juicio, es
un supuesto erróneo; pero comprensible si se estudia la historia
de las ciencias. Aunque, en el fondo, el psicólogo experimental
acepte "in totum" la concepción filosófica de una figura
importante de su disciplina (pongamos por caso a Sigmund Freud), le costaría
mucho aceptar con igual candor la concepción filosófica de
una figura religiosa.
Existe un prejuicio, pero esta vez trabajando
soterradamente en contra de las contribuciones que ofrece la experiencia
milenaria religiosa. Una especie de integrismo científico anula
la posibilidad de crear síntesis que incluyan experiencias humanas
provenientes de diferentes enfoques.
El desprecio de los estudios históricos
y antropológicos, junto con una abdicación de la filosofía
de su antigua misión de diagnosticar los males de la existencia,
son agravantes en esa perspectiva cientificista que cae en todas las ingenuidades
y trampas que un adolescente puede caer.
Sin necesidad de convertirse en un "devoto"
se puede penetrar en las antiguas tradiciones para observar los resultados
de ciertas prácticas. Y en la medida que éstas parezcan oportunas
e interesantes, deberíamos integrarlas a nuestra vida cotidiana.
No se trata de hacer "sincretismo" (una especie de patchwork espiritual),
sino de enriquecer nuestra existencia con enfoques dirigidos a mejorar
nuestra armonía interior. No puede haber ni siquiera una ecología
adecuada del ambiente, cuando los seres humanos estamos encadenados por
histerias inmediatas. Mejorar lo interno, es simultáneamente, mejorar
lo externo.
La práctica de la atención
mental es muy sencilla. Consiste en estar atentos a lo que sucede, en el
momento que sucede. Estar atentos a los fenómenos externos, y a
la respuesta que estos fenómenos provocan en nuestros sentidos.
Estar atentos tambien a los fenómenos internos, y consecuentemente,
a la respuesta que estos fenómenos provocan en nuestras emociones.
Ver la interrelación de los fenómenos y las respuestas afectivas
e intelectuales de la mente. Ver desapasionadamente; describir sin juzgar;
observar el presente en su complejidad, sin desviar la atención
hacia teorías que lo expliquen.
Una atención permanente resulta
muy difícil; para algunos autores, imposible. Cualquiera puede comprobar
la dificultad para mantener la atención incluso en algo atractivo
(que "atrae", y que en consecuencia, apenas requiere voluntad). La atención
humana es oscilante; saltarina como inquieto mandril. Una atención
focalizada más allá de instantes requiere entrenamiento;
una atención en la "atención" puede resultar a priori
algo tan extravagante en su planteo como dificultoso en su realización.
Sin embargo los monjes budistas han construido
sobre esta aparente imposibilidad material una amplia gama de ejercicios
para desarrollar el poder mental y el estado de armonía interior.
La manera de desarrollar atención puede aprenderse, mejorarse y
consolidarse; éste es el mensaje que nos envían.
Dejando de lado la técnica, difícil
de describir cabalmente sí no se práctica con un maestro,
abordemos el aspecto de sus ventajas. ¿Tiene utilidad ampliar el
estado de "atención mental"?
Según los documentos budistas, la
"atención mental" es fundamental para captar los otros aspectos
de la "enseñanza", además funciona como instrumento básico
para experimentar los cambios mentales. El budismo es una religión-filosofía
basada en la experiencia personal; excluye la creencia basada en el principio
de autoridad o revelación. El mismo Buda dijo :
"No os guiéis por lo que escuchéis decir a otros, ni por la tradición, ni por los rumores; no os guiéis por la autoridad de los textos religiosos, ni por la lógica o la deducción, por razonamientos basados en apariencias, ni por el deleite de las opiniones especulativas, ni por posibilidades fundadas en apariencias, ni tampoco por esta idea: éste es vuestro maestro"..." (3)Buda llevó esta exigencia hasta pedir que el
"discípulo debía examinar al propio Tathagata (Buddha), a fin de estar completamente convencido del verdadero valor del maestro a quien seguía" (4)Este grado de exigencia hacia la propia enseñanza y hacia el discípulo, que dejaba de ser un ente pasivo, un "consumidor" de doctrina, se funda en un método principal. El discípulo debe practicar la enseñanza, experimentarla, comprobarla, y en la medida que esa práctica se desarrolle, el discípulo tambien alcanzará la naturaleza del Buda: el estado de "iluminado" o "despierto".
Por supuesto excedería los propósitos
de este artículo introductorio analizar todas las implicaciones
de una postura como la descrita. Pero bien puede servir para llamar la
atención... sobre "la atención". Y quizá, el llamado
nos permita percibir (o mejor dicho, "intuir") que una mente inestable
y poco armónica poco puede hacer con el conocimiento que se le suministra.
Se le puede leer a un mono el mejor tratado de sabiduría;
lentamente, respetando sus ritmos biológicos, acompañándolo
de sabrosos plátanos... pero no por eso nuestro mono comprenderá
mejor lo que se le dice. Para comprender realmente, se requiere
tener los mismos, o parecidos, estados mentales que se describen. Ésta
es, creo, la clave del método de conocimiento budista, del cual
el cultivo de la atención mental es un punto cardinal.
Ahora os dejo con dos textos del budismo.
Uno, el Sattipathana Sutta, es un texto cardinal,
sobre todo dentro del Budismo Theravada (el que se extiende, sobre todo,
por el Sur de la India y Sudeste de Asia); el otro, De Nyanaponika
Thera, es un fragmento de un libro actualmente muy difícil de
encontrar (por ello lo digitalizamos) y que muestra, desde la perspectiva
de un monje theravadin, como se practica y se entrena uno en la "atención
mental".
Carlos Salinas csalinas@iponet.es
Sept'98
Notas:
(1) Milindapañha.
Citado en "Ruy, Raúl A. "El libro de la gran Extinción de
Gotma el Buddha o sea el Mahâ Parinibbâna Suttanta del Dîgha-Nikâya".
Librería Hachette. 2da. edición. Buenos Aires, mayo de 1975",
nota nº91 (pág. 60) y tambien la nota complementaria nº
213, (pag.151).
(2) Esta
frase ha salido ambigua y ello puede ser como resultado de la gramática;
pero también puede pensarse que si "antiguas" soluciones no han
solucionado aquellos problemas que permanecen, quizá es porque
no eran verdaderas soluciones.
Esta duda seguirá,
sin duda, dependiendo de la ideología de cada uno. Pero puede pensarse
que algunas soluciones son buenas (en si mismas) y que sin embargo requieren
unas condiciones internas o externas muy especiales. No creo que aquello
que no funciona en los grandes números tiene que resultar falso.
Hay una medida para todo, y puede pensarse en soluciones viables; pero
con un esfuerzo personal que la mayoría no esté dispuesto
a emprender.
Obviamente estas soluciones
estarán condenadas a permanecer mucho tiempo en el "limbo" de las
verdades que no se practican. Pero cualquiera puede actualizarse si quisiera
tomarse todo el trabajo necesario.
(3) Vimamsaka-sutta,
nº 47 del Majjhima Nikaya, edición de la PTS.
(4) ibidem.
Comentario en Walpola Rahula. "Lo que el Buddha enseñó".
Kier, Buenos Aires, 1978. pag. 19)