Por
comodidad, temor y/o ignorancia el común de las personas
prefieren ser seguidores de aquel que creen tiene la verdad.
La verdad tiene niveles o capas de profundización,
aunque estos niveles no representan jerarquías y mucho menos parámetros
físicos, pero es necesario utilizar ciertos términos que
signifiquen los contenidos de lo que intentamos transmitir. Decíamos
que la verdad tiene niveles, y los primeros están relacionados con
lo literal, con el lenguaje hablado o escrito, a medida que se va ahondando
los niveles se relacionan con lo especializado, con lo científico,
con el producto de la dialéctica, de la razón. Los niveles
superiores trascienden la dialéctica, el nivel del pensamiento y,
por consiguiente, el lenguaje que es la expresión del pensamiento,
entonces la verdad es intransmisible.
Es por ello que todos los sabios y maestros
de la humanidad de las diversas épocas de todo el mundo, han tenido
que recurrir al símbolo, al mito, al cuento, a la fábula,
a la parábola. Estas herramientas, son naturales, no se adquieren
a través de la capacitación, la instrucción, el acopio
de datos, la memorización, ni tienen comprobación a través
del rigor científico. Se dice que son producto del recuerdo del
Alma, que son la manifestación de algo que el Alma ya sabe, que
es superior a la inteligencia la cual es parte de la mente y a la propia
mente.
El símbolo transmite todo aquello
que estamos en condiciones de recibir. Por distintas razones hay una sutil
diferencia en el grado de comprensión de cada uno de nosotros, el
símbolo nos va a llegar en el nivel en el que estemos y a medida
que vayamos evolucionando y profundizando en este tipo de entendimiento,
a medida que vayamos creciendo, el mismo símbolo nos va a ir llegando
de maneras diferentes, dándonos otros tipos de conocimiento.
Un símbolo nunca se agota. El mismo
símbolo vuelve y nos devela nuevas cosas. Por eso, el símbolo
no tiene interpretación, no se traduce al pensamiento lógico,
ni a la dialéctica.
Se dice que cada símbolo tiene
por lo menos 7 claves, y quienes acceden a ello son denominados iniciados.
Estos seres, no conforman el común
de las personas, y transitan las llamadas cuatro iniciaciones hasta el
plano Bhudico alcanzando el desapego superar esos niveles, es estar en
santidad.
El conocimiento de la verdad estuvo siempre
al alcance de la humanidad, en un plano metafísico.
El estudio y la observación han
ido conformando a su vez marcos teóricos que hoy podemos denominar:
Tradición perenne, tradición sagrada, tradición primordial,
ciencia sagrada, filosofía perenne, filosofía esotérica,
religión de la sabiduría, etc. Sin embargo este conocimiento
en si mismo, no es una doctrina, tampoco es algo o alguien que lo imparte
tampoco tiene pertenencia transciende a todo lo orgánicamente constituido
en el plano material como ser: una escuela, una institución, una
religión, un país, una corriente de pensamiento, un autor.
Si buscáramos un símbolo
terminológico, quizás el mas apropiado podría ser:
sabiduría
Este conocimiento, que existió
desde los albores de la humanidad, se transmite generación tras
generación, adecuándose a las culturas y va siendo corroborada
con las realidades, este conocimiento es recibido de acuerdo con nuestra
propia capacidad, nuestro propio nivel de recepción.
Aquellos que alcanzan los niveles de VER
por sí mismos, espontáneamente sienten necesidad de transmitirlo,
pero a su vez, esto sucede por la confirmación de la propia experiencia
vivida, lo cual provoca la natural aceptación de los niveles de
comprensión de quienes han de ESCUCHAR.
Ningún ser humano que haya autorealizado
su esencia, enseña mas de lo que tiene para enseñar, pues
no transmite sino lo realizado en sí mismo, ninguna verdad es verdad
sino es corroborada por la realidad.
La enseñanza solo es posible si
incluye la experiencia interna, si ha sido realizado lo que se transmite
y el aprendizaje se produce solo si existe el proceso de la internalización
de la experiencia, esto corrobora la verdad. Quien solo transmite datos
no enseña, porque no comprende y a su vez quien solo recibe esto
tampoco aprende, pues el proceso de aprendizaje siempre incluye la realización.
Este conocimiento que se ha ido transmitiendo,
como decíamos de generación en generación por seres
que han utilizando símbolos que han sido conservados y preservados,
ha estado siempre a disposición de toda la humanidad, solo que es
captado únicamente por quienes están en niveles de comprensión.
Es por ello que quien no comprende cree
que existen significados ocultos, no develados, esoterismo. Sin embargo,
todo ello, es producto, justamente de los que no tienen el alcance para
esa comprensión, y no de quienes tienen la virtud de transmitir.
De la no-comprensión ha surgido
la discriminación, en algunos casos y en otros casos ha surgido
enarbolar el dato vacío como proclama de verdad e institución,
de esto último, la necesidad de jerarquizar para quienes adhieren
y repiten intelectualizando para lograr alcanzar "grados" y adquirir poder
dentro de la colectividad.
En realidad lo único oculto es:
lo no comprendido.
Para entender mejor esta idea, bastaría
con pensar en cualquier tipo de conocimiento corriente, supongamos que
estamos frente a dos físico-nucleares que están conversando,
o frente a dos chinos, para nosotros va ser incomprensible, quizás
la palabra que sea utilizada sea desconocida, por consiguiente, no podrá
ser registrada, o quizás sea la connotación de la palabra,
o quizás el campo de aplicación del concepto que connota
la palabra. Por tanto, para nosotros eso será esoterismo, ocultismo,
aún siendo exhibido en nuestra propia cara.
Si a esto le sumáramos un alto
grado de intolerancia podríamos quemarlos en la hoguera argumentando
que utilizan lenguaje satánico (por lo obscuro e incomprensible).
Otra opción podría ser la de anotar las palabras como formulas
y otros signos e institucionalizarlos, podríamos, además,
proclamarlos como verdad absoluta y premiar a quienes los memoricen, los
reciten, y los impongan al resto. Sin embargo, en ninguno de los dos casos
obtendríamos el conocimiento.
Ambas cosas vienen ocurriendo en la humanidad
con mas frecuencia que la aparición de los Maestros. Porque, quizás,
como humanidad toda, todavía estemos en los niveles inferiores de
la comprensión.
El esoterismo en la tradición occidental
(oriente merece un capitulo especial), comienza con Platón, Aristóteles,
Sócrates, Descartes. El catolicismo habla en los Evangelios constantemente
de los Misterios, (Mistos = boca cerrada), el misterio del Reino de los
Cielos, el misterio del Hijo del Hombre, etc. En Grecia, existían
las escuelas del misterio y se las subdividía como misterios menores,
mayores. Los menores estaban dirigidos al pueblo y se los mostraba con
símbolos teatrales donde se transmitía la concepción
de la vida, la muerte, la existencia de las Leyes, etc.
En determinado momento, estas escuelas
adquieren tanto prestigio, que el participar en ellas hacia que se reconociera
a sus miembros como prestigiosos, porque los mismos no eran seres comunes,
eran seres que tenían el don de transmitir la verdad a partir de
la realización y esto era fácilmente captado.
Cuando los imperios se apoderan del mundo
de aquel entonces, los emperadores quieren poseer aquel prestigio y exigen
les sea entregado aquello que estaba para ellos velado, oculto.
Es así como el Edicto de Justiniano
termina expulsando del Imperio Romano toda escuela filosófica, la
mas prestigiosa de ese entonces era la escuela pitagórica.
Esto produce que quienes buscaban la verdad,
comienzan a tomar recaudos, y el significado de oculto o velado comienza
a tener la connotación que quizás llega hasta nuestros días.
Entonces los símbolos surgidos
del conocimiento del Alma, tienen, además, un sentido terreno, que
es el de preservar el conocimiento. La divina comedia de Dante es un cántico
lleno de alegorías, metáforas y parábolas sobre estos
misterios. El Libro de Orígenes de Paracelso, toda la obra de Paracelso,
el Apocalipsis de Juan, etc.
Los símbolos no son arbitrarios,
surgen de la sabiduría, su raíz es la analogía, su
fundamento la abstracción.
Pero, ¿por que?
Quizás, por eso, porque existen
las preguntas esenciales de: ¿Por qué? ¿Para que?
¿Por qué estamos acá? ¿Para qué estamos
acá? ¿Aquí comienza y aquí concluye? ¿Tanto
trabajo de perfección, para algo tan efímero, como esta vida?
¿Qué es la muerte? ¿Hay algo después de la
muerte? ¿De dónde venimos? ¿Adónde vamos? ¿Qué
es la Felicidad? ¿Cuál es el sentido, entonces, de la vida?
Cuando comienza la búsqueda de
las respuestas, según las características de cada quien,
según el grado de evolución, según los recuerdos del
Alma se intentará encontrarlas a través de las religiones
tradicionales, de sectas, congregaciones, de la ciencia, la política.
Se transitará por las ideologías, adhiriendo o peleando por
o en contra de las mismas hasta que después de recorrer diferentes
caminos se llegue a comprende que las ideologías están sostenidas
por lo mental y tienden a fracturar. Las ideologías chocan con el
propio derecho a pensar, tienden a entender a través de la exclusión
e intentando, además, perpetuarse con imposición proclamando
casi siempre exclusividad y promesas de salvación.
La Meca, Jerusalén Sagrada, el
Templo de Salomon, Shamballa, El Cielo de la Resurrección están
dentro de cada uno y el camino es el reconocimiento del propio Alma.
El Alma como parte de una única
vida, todos siendo la expresión de la única vida, la Verdad
como reconocimiento interior, expresión de sabiduría.
Entonces se produce la Conversión
o Elevación de la Conciencia y el ser queda por encima de toda religión,
de toda ciencia, de toda nación.
Marcela C. Hourmilougué <cedetuid@sminter.com.ar>
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