| De mis
Memorias
1955: cuando me compre la Vespa |
Otros fragmentos de las memorias de Salustiano Piqueras y algún otro artículo en CasiNada |
| Era
1955, la compré pagando una entrada de mil pesetas, el resto
se tenía que pagar a plazos mensuales, cada uno de ochocientas pesetas,
creo que el total de la compra estaba próximo a doce mil pesetas.
Después de un poco tiempo le acoplé un sidecar, de esta manera
podíamos ir en ella la familia, yo conducía, Mercedes se
sentaba detrás de mi, delante y de pie Merceditas, en el sidecar
subíamos a José y Juan, Javier lo dejábamos en casa
con la muchacha porque era muy pequeñito. "Qué valiente era
la VESPA".
Recuerdo que un día saliendo de el mercado delante de mí, iba un grupo de mujeres jóvenes; una de ellas era la Srª. de un trabajador que estaba empleado en nuestra empresa; no se habían dado cuenta que yo estaba tras de ellas. Esta Srª iba diciendo, -el Sr. Piqueras se ha comprado una Vespa, pero la ha comprado a rayas, se refería a que era pagada a plazos, entonces yo le dije, -señora, si es verdad que la pago a rayas, aunque podría pagarla al contado, pero yo no quiero sacar dinero del negocio aunque así me cueste algo mas; y no te preocupes que no me he enfadado contigo porque al fin y al cabo has dicho la verdad. Ya motorizados pensamos hacer las vacaciones
con nuestra flamante motocicleta. Llegó el mes de julio y pensamos
ir a las fiestas de San Fermín a Pamplona. Llos niños quedaron
en casa con la sirvienta. El mismo día de San Fermín muy
temprano salíamos con nuestro vehículo con un maletín
en la parte delantera con un soporte que se había puesto para este
fin. En la parte posterior de sidecar había un porta equipajes donde
colocamos otra pequeña maleta. De esta manera nos lanzamos por esas
carreteras en busca de unas vacaciones felices. Después de haber visto la corrida hicimos un recorrido por la ciudad para después ir a cenar y dormir pronto, pues queríamos salir bien de mañana para emprender viaje camino de San Sebastian, pasando por el puerto de Aspiroz. Con gran desnivel de subida como de bajada, ésta fue la peor pues era tan fuerte que la moto frenaba con la marcha primera y usaba ambos frenos el de la rueda trasera y la delantera; tuve que parar varias veces por que el freno se calentaba mucho y desprendía olor a quemado. Llegamos por fin a San Sebastian recorriendo varias de sus calles y fuimos hasta la concha para después seguir nuestra ruta hasta Bilbao. Aquí me cambiaron las zapatas de los frenos de la vespa pues casi no frenaban, este trabajo se hizo en muy poco tiempo. Hicimos igual que en San Sebastian: nos dimos unas vueltas por la ciudad y seguimos hasta Castro Urdiales. En esta bella ciudad quedamos para dormir. Cuántos Sitios bonitos pude admirar mientras corría Kilómetros y mas Kilómetros con esta pequeña motocicleta. Era tanta la belleza que iba descubriendo que ahora me parece que fue un sueño. Me estaba adentrando en Cantabria, con sus prados y sus costas maravillosas. Fue algo supremo poder admirar tanta belleza de la naturaleza, seguimos ruta Laredo, Santoña, Santander, Torrelavega y Santillana, desde aquí seguimos por la costa, Comillas, San Vicente de la Varquera, Llanes, Ribadesella, Colunga, Villaviciosa y Gijon donde hicimos noche. El día siguiente continuábamos nuestro viaje dirección Galicia. Pasamos por Avilés, Cudillero, Luarca, Navia y Castropol. Ahora ya entramos en Galicia Provincia de Lugo. En Ribadeo dejamos la costa y seguimos por el interior camino de la Coruña, pasando por Mondoñedo, Villalva, aquí se encuentra el parque nacional Conde de Villalva. Por esta carretera donde había una subida con muchas curvas se divisaba un panorama digno de plasmar en un cuadro. Yo desde la moto, observaba el paisaje como si fuese a vista de pájaro con sus vacas en los prados y horizontes que a veces se cortaba por montañas completamente verdes tras las cuales se estaba ocultando el sol. Siempre lo recordaré: lo llevo en mi mente como si lo hubiese grabado en fotografía; es una pena que yo no sepa pintar para trasladar en cuadro aquella visión tan estupenda. Aunque era el Mes de Julio por allí ya atardeciendo y bastante altura sobre el nivel del mar se notaba frescor; mejor dicho: yo llegue a sentir frío. Llegamos a Betanzos ya estábamos próximos a la Coruña hasta esta ciudad nos dirigimos para pasar la noche. Al día siguiente visitamos parte
de la ciudad y marchamos camino de Santiago De Compostela pasando por el
interior de la población pero sin detenernos, siguiendo hasta un
pueblo llamado Esclavitud. Quise ir a este pueblo porque una vez que iba
con el camión paramos a comer en un restaurante de esta población
donde comimos mucho y muy bueno por muy poco dinero. Cuando salimos de
Coruña le dije a Mercedes: vamos a ir a comer a un pueblo que
se come muy bien y muy barato. Llegamos a ese restaurante. Nos dijeron
qué queríamos comer. No nos dieron lista escrita del menú,
pero sí de palabra nos ofrecieron las cosas que ese día tenían
para comer. Elegimos nuestro menú, comimos muy bien, pero de barato
nada. Nos costo muy caro pero no quise quejarme por que la comida era muy
buena. Creo que como no éramos camioneros nos aplicaron otra tarifa. Al día siguiente fuimos a la península del Grove; esto es un pueblo que vive de la mar y de los turistas que van a la isla de la Toja, a la cual se va por medio de un puente que los une, isla y pueblo. Decían que esta isla tiene dos plagas, una los mosquitos, otra las vendedoras de collares hechos de conchas de molusco. Cuando llegamos ya nos esperaba el señor Emiliano Goday; éste era cultivador de mejillon y ostras, nosotros éramos uno de sus mejores clientes, nada mas llegar fuimos a un bar llamado casa del marino el señor Emiliano pidió que nos sirvieran unas raciones de sardinas a la brasa acompañadas con unos trozos de pan y vino ribeiro, qué delicia de sardinas qué ricas, yo cuando había consumido unas cuantas quise beber vino y buscaba servilleta para limpiarme las manos, no las había ni de trapo ni de papel, antes de yo poder abrir la boca para pedir algo para limpiarme los dedos, el dueño me dijo señor, ya se que usted esta buscando una servilleta pero no las ponemos para que los clientes se chupen los dedos, y me pregunta ¿verdad que están tan buenas como para chuparlos?. El señor Emiliano era el panadero
del Gran hotel de La Toja; nos enseñó todo el hotel, desde
los lavaderos, la cocina, panadería y todas sus dependencias, también
me enseñó la suit que había "reservada para el
Caudillo de España, Francisco Franco". Igualmente vimos la fabrica
de perfumería sus productos se venden por todos los países
del mundo, y por ultimo su balneario donde dicen que es muy bueno sus baños
de lodo de la isla. Finalmente estuvimos en el gran casino después
de haber cenado y de allí marchamos a descansar a Villagarcia. El día siguiente muy temprano nos pusimos en marcha pues había muchos kilómetros de carretera para hacer durante el día, pasamos por Astorga, La Bañeza, Benavente, Villalpando, (donde Cela en su Diccionario Secreto dice que los C-j-nes del cura los llevaban dos bueyes e iban sudando), Medina de Río Seco, Palencia. Seguíamos la carretera dirección Burgos encontramos mucho viento fuerte que nos daba de cara. Por este motivo la moto casi no podía andar solo admitía la marcha segunda yo notaba que algo fallaba pues no desarrollaba su fuerza el motor me hizo pensar por qué causa no daba su fuerza normal, observé que el tubo de escape casi no salía nada de humo ni se le notaba salida de gases quemados, se me ocurrió hacer unos agujeros al silenciador valiéndome de un destornillador y un martillo. Cuando inicie la marcha parecía que el motor se había hecho mayor en potencia ahora si que corría. Llegamos a Burgos. Era por la tarde, seguimos por la carretera de Logroño por esta carretera pensaba quedar a dormir en algún pueblo, fue inútil ya que son pueblo pequeños y no había donde alojase, pasé miedo por aquella carretera con la moto con un faro que daba muy poca luz, se desencadenó una gran tormenta de rayos y trueno, pero afortunadamente no cayo lluvia por esta carretera en todo el camino. Hasta que llegamos a Santo Domingo de La Calzada no vi ni un solo vehículo, con una oscuridad que se rompía a veces por los rayos. Por fin llegamos a Logroño ya había cesado la tormenta, como era bastante tarde me decidí seguir camino llegando a Zaragoza ya de día, pasamos sin detenernos, yo estaba cansado y me dominaba el sueño, nos salimos de la carretera y dormí cerca de una hora estirado en tierra, otra vez en marcha dirección Bujaraloz, Lerida, Barcelona. Por fin llegamos a nuestra casa, ya casi de noche. ¡¡Quédescanso!! cuando íbamos a entrar en casa no quise llamar el timbre para dar sorpresa a los niños, pero no podía abrir: tenía las manos como dormidas, cansadas de manejar con ellas los mandos de la Vespa; esto me duró casi una semana. Hicimos treinta y seis horas de camino; una barbaridad, pero yo tenía cuarenta y tres años y aguantaba mucho. Nunca olvidaré lo bien que me lo pasé, pues el que no haya viajado así como nosotros lo hicimos no sabe lo que es saborear los paisajes y vivencias al aire libre. Es diferente de viajar en coche, en que vas rodeado de chapa por todas partes, que te impide ver muchas cosas de las que nos rodean. Quiero decir que ahora no seria posible repetir, pues en aquel tiempo casi no había vehículos a motor, por muchos lugares te encontrabas con carros, galeras, y sobre todo en Galicia las celebres carretas con sus ruedas y ejes de madera que cuando caminaba hacían mucho ruido, como los de la canción aquella que decía
Porque no engraso los ejes me llaman
abandonao
Salustiano Piqueras <salus@arrakis.es> |