| Sobredosis budista
KUNDUN de Martin Scorsese |
Dirección: Martin Scorsese
Intérpretes: T.Thuthob
Tsarong, Tencho Gyalpo, Sonam Phuntsok
Nacionalidad: USA.1997
Otros materiales con alguna relación con Tíbet. |
| Abrió
la veda Bernardo Bertolucci en 1993 con "El pequeño Buda",
un cuerpo fílmico en el que residían dos espíritus
mal avenidos: el de una inverosímil (por más que pudiera
basarse en algún hecho real) historia contemporánea y una
preciosista e idealizada divulgación de los orígenes y filosofía
del Budismo. Si aquello produjo la frustración de muchos de sus
admiradores, lo peor estaba por venir. Bertolucci parecía haber
descubierto el nuevo Dorado a cuantos despistados -y en el mundo de la
farándula norteamericana son legión- están al acecho
de la última adquisión patético-espiritualista que
les ponga por un módico precio "en el camino de la verdad". Y Hollywood
no tardaría en volver la vista hacia ese filón.
El francés Jean Jacques Annaud,
avalado por el prestigio que le dieron dos interesantes adaptaciones literarias,
"El nombre de la rosa" y "El amante", presentó el
año pasado una nueva traslación a la pantalla de un texto
ajeno, la autobiografía de Heinrich Harrer, un alpinista de dudoso
pasado nazi (convenientemente suavizado) que llegó a convertirse
en tutor y hombre de toda confianza del actual Dalai Lama, a quien había
conocido cuando éste era niño. En manos de Annaud "Siete
años en el Tíbet" basculaba, por ello, hacia la hagiografía
del dirigente budista y su sentido último podía tal vez resumirse
así: fotografía francamente bella, espectáculo ajustado
al lucimiento de la estrella Brad Pitt y simplificación histórica;
claves de tal manera entrelazadas que hacían inútil esperar
del film cualquier otra cosa que no pueda considerarse, en lenguaje llano,
propaganda, del budismo, de quienes luchan por la independencia del Tibet
y de quienes la apoyan y censuran severamente al régimen chino.
Probablemente no había muchos motivos
para suponer que Martin Socorsese, interesado también en el mismo
asunto (la vida del actual Dalai Lama e idénticos acontecimientos
históricos) nos proporcionaría en "Kundun" un punto de vista
-al menos, ideológico- radicalmente distinto al reflejado en el
film de Annaud. Pero quienes le tenemos por uno de los directores más
brillantes y personales del panorama mundial seguramente esperábamos
que nos sorprendiera. Y en lo que a mí se refiere la sorpresa no
puede ser más decepcionante.
Ninguna novedad en el capítulo ideológico:
maniqueísmo que reparte bendiciones de santidad a unos (los tibetanos)
y demoniza sin contemplaciones a otros (chinos). La caricaturización
del enemigo chino llega hasta la burda parodia del presidente Mao, un arrogante,
mentiroso y déspota que escupe a la cara del dirigente religioso
la vieja máxima marxista: "la religión es el opio del pueblo".
El paradigma de su posición ideológica, no demasiado sutil,
lo refleja otro diálogo: "hasta ahora hemos contenido a los chinos",
dice Kundun; "sí, pero -le responde su hombre de confianza- éstos
no son iguales, son comunistas". La desaparición del personaje de
Harrer, absolutamente ignorado en "Kundun", permite interiorizar y subjetivizar
la narración con secuencias oníricas e imágenes metafóricas,
que revisten de cansina idealización lo que ya de por sí
es bastante "espiritual": el doble camino de peregrinación del Dalai
Lama, el primero simbólico, de aprendizaje durante su infancia y
adolescencia, el segundo, real, hacia el exilio. Si el guión apunta
una ínfima insinuación de realismo, respecto a las luchas
palaciegas que también se dan, como en todos los gobiernos del mundo,
en el del Tibet, rápidamente es ignorada en actitud insultantemente
beatífica de Kundun. Cuadran mal con el irreal pacifismo que se
postula.
Indispuestos de este modo, resulta muy difícil no identificar al lento, pausado y tántrico discurrir de la vida en los monasterios tibetanos, a lo largo de más de dos horas, la sensación de soporífero ritmo, escaso de autocontención estética, o disfrutar de los hallazgos visuales que hacen reconocible el estilo de este gran director. JUAN CARLOS RIVAS FRAILE <jcriv@mundivia.es> |