Adam Yauch, del grupo de 'hip-hop' Beastie
Boys, charló con el líder espiritual del Tíbet en
uno de sus viajes por aquel rincón del mundo.
Una bomba de relojería
Salvar el Tíbet
Entrevista con el Dalai
Lama
No hace mucho tuve el honor de entrevistar
a su santidad Tenzin Gyatso, el decimocuarto dalai lama del Tíbet.
Era la cuarta ocasión que tenía la oportunidad de sentarme
junto a él y conversar. En cada reunión me pareció
más inspirador e increíble. En cierto sentido, no es más
que un ser humano, un hombre amable con una sonrisa y una risa amistosa.
Pero hay algo más. Hay una energía extraordinariamente poderosa
que emana de él. Es más poderoso que ninguna otra cosa con
la que haya tropezado. Los tibetanos dicen que es la encarnación
de Avalokiteshvara, el bodhisattva (un ser divino que renuncia a la oportunidad
de alcanzar el nirvana para ayudar a la humanidad) de la compasión.
A pesar del genocidio y de la destrucción
cultural del Tíbet por el Gobierno chino, el Dalai Lama siempre
aboga por la resistencia no violenta. A la vez que lidera a su pueblo en
su lucha por la libertad, siempre tiene en cuenta el bienestar del mundo.
Toma sus decisiones basándose en lo que más beneficia a su
pueblo, al conjunto del planeta, de la especie humana, del universo. El
Dalai Lama me habló del sentido de la responsabilidad universal
("debido a la tecnología, el mundo se está convirtiendo en
una comunidad global. Todos estamos relacionados. Todos somos iguales.
Todos somos responsables"), del concepto budista de interdependencia ("cada
acontecimiento depende de unas causas y éstas de otras causas y
circunstancias"), de derechos humanos ("la violación de los derechos
humanos hoy puede deberse a muchas causas políticas, económicas
o a revanchas personales de los gobernantes. Son estas causas las que hay
que abordar"). Me habló del sentimiento de cercanía con los
demás, como él define el término compasión,
y, por supuesto, me habló de la situación en Tíbet.
Adam Yauch. ¿Es optimista respecto
a un arreglo pacífico de la situación en Tíbet?
Dalai Lama. Sí, pero primero tenemos que encontrar algún
terreno común para el diálogo. Estoy dispuesto a negociar,
en cualquier lugar y momento, sin condiciones. Lo importante, sea cual
sea el lugar y el momento, es [que exista] una atmósfera de libertad
para intercambiar ideas. La independencia es un derecho legítimo
de los tibetanos. Desde que los chinos ocuparon el Tíbet, a pesar
de algunos cambios positivos, el pueblo ha sufrido enormemente. Pero si
nos limitamos a insistir en la independencia, eso tampoco es realista.
Busco una vía intermedia.
A. Y. Le he oído decir que las autoridades
chinas, aunque hayan provocado tanta destrucción en su país,
han sido para usted grandes maestros. Usted habla de dar y recibir, de
darles energía positiva mientras hace suya parte de su ira u odio.
Para muchos en EE UU esto resulta difícil de imaginar. Allí,
los enemigos son enemigos, y los amigos, amigos.
D. L. La condición de ser amigo o enemigo no es permanente, puede
cambiar en un año, en una década… La percepción de
amigo y enemigo depende de nuestras actitudes mentales. Y se pueden ejercer
prácticas como la de dar y recibir que nos capacitan para ese cambio
interior.
A. Y. ¿Pero qué ocurre si
seguimos teniendo fuertes sentimientos hacia nuestros enemigos?
D. L. Bueno, tal vez sintamos dolor e incomodidad cuando nos topemos
con un enemigo y alegría cuando nos encontremos con un amigo. Si
nos fijamos, estas emociones fluctuantes a menudo son el resultado de proyecciones
mentales. Considero que los enemigos son seres corrientes que sufren y
quieren ser felices al igual que usted o sus amigos. Antes incluso de iniciar
la práctica de dar a nuestro enemigo, hay que partir del reconocimiento
de que él es igual que nosotros. Tomar las cosas negativas y dar
positivas tal vez no resuelva nuestros problemas, pero, mentalmente, es
muy útil reducir la infelicidad o los sentimientos desagradables.
Si voy por ahí manifestando odio, al final soy yo quien va a perder
el apetito, el sueño y la tranquilidad de espíritu.
A. Y. ¿Pueden los no budistas practicar
esta técnica de dar y recibir?
D. L. Sí. Los cristianos creen que todas las criaturas fueron
creadas por Dios, así que, incluso en este sentido, todos los seres
humanos son hermanos. Incluso los no creyentes pueden practicar lo de dar
y recibir con amigos. Pero en cuanto a hacerlo con enemigos, no sé
[risa muy dulce]. Tal vez hay que esperar a que el enemigo le haga un obsequio
[más risas].
A. Y. Se habla de desarme global, pero
usted es el primero al que oigo hablar de desarme interior. ¿Qué
significa?
D. L. Intentar reducir todas las motivaciones que conducen a un conflicto.
Los sentimientos de revancha y de odio son motivaciones muy poderosas,
como los de avaricia, envidia, venganza y ambición negativa. Todo
conduce al conflicto. Uno de los antídotos más eficaces para
superar estas tendencias negativas es examinar la naturaleza de estas emociones
basándonos en nuestras propias experiencias sobre sus consecuencias.
A. Y. En Occidente se piensa en el poder
como algo que se obtiene mediante el control de otros o con riqueza. Junto
a usted, siento que el verdadero poder es la compasión, que procede
de la conciencia de uno mismo y de un desarme interior. Querría
preguntarle si puede sugerir formas para que yo o cualquier otro pueda
cultivar este tipo de fuerza interior.
D. L. Algunos creen que ser no violento es una señal de debilidad
o pasividad. Sin embargo, considero que la no violencia es un signo de
fuerza. Puede que la violencia resuelva algunos problemas, pero a menudo
provoca una gran cantidad de problemas adicionales. Incluso si el objetivo
es bueno, utilizar la violencia como medio para alcanzar ese fin puede
corromper la bondad del objetivo.
A. Y. ¿Fue duro ser reconocido como
el Dalai Lama a una edad tan temprana?
D. L. Cuando era un niño, a veces pensaba que lo hubiera tenido
más fácil siendo una persona normal. Solía tener este
sentimiento cuando me encontraba a solas en el palacio de Potala, que a
menudo era frío e incómodo. Veía a otros niños
que volvían de cuidar a los animales y les oía cantar y reír
mientras yo tenía que quedarme sentado en mi solitaria habitación
y recitar oraciones. Pero a medida que me fui haciendo mayor, comprendí
el propósito de la vida. Afrontar nuestros retos puede darnos fuerza
interior.
Adam Yauch (Rolling Stone)
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