¿Realmente imprescindibles los paquetes comerciales? |
| Nos
encontramos en unos momentos que son tiempos de iniciación
a la informática. Todo aquel que compra su ordenador desea ¿cómo
no? alimentarlo. Se está formando una gran masa de usuarios domésticos
que han dado este paso (y siguen dando) no sabemos muy bien por qué.
Es la era de la información. Nos sentimos inundados de palabras
como Internet, nos pasan publicidad televisiva anunciando el nuevo
procesador de Intel y queremos integrarnos con el resto de la sociedad.
Es práctica común entre los usuarios domésticos (no hablo para nada de profesionales) de ordenadores el disponer de cuantos más paquetes de software mejor. Su destino no está muy claro, pero por instalarlos que no quede. Enormes aplicaciones y suites como Microsoft Office, Corel Draw y similares se encuentran por doquier en casi cualquier ordenador doméstico., consumiendo ingentes cantidades de disco duro, pero al usuario no le importa, más que nada porque tiene la conciencia de que el disco duro es un albergue infinito. Casi todos estos programas se los encuentra uno de las más dudosas procedencias, pero que no se asusten los fabricantes por sus licencias, ya que si este tipo de usuarios tuviesen que pagar lo que cuestan, no lo comprarían jamás y se quedarían tan panchos. Lo que quiero decir es que son programas que no utilizan para el propósito para el que fueron concebidos. Ni siquiera podemos descartar el uso del procesador de textos, la herramienta indispensable. De veras que el usuario doméstico no llega a utilizar ni el 5 % (por decir algo) de las funciones incorporadas. Realmente, con el procesador Write de Windows 3.1 o WordPad de Windows 95 ya llega con creces para las manos de muchos (seguro que a alguno le sobraría con el Bloc de Notas). El resto de programas que componen la suite se instalan por inercia o porque ya están ahí. Total, qué más da. Ya que ha caído en sus manos... Evalúe antes de comprarEn el terreno del diseño gráfico, he conocido personas con aplicaciones instaladas de la talla de Adobe Photoshop o de Corel Draw, e incluso de Autocad, y nunca han sabido hacer nada digno con ellos. Lo máximo que he podido llegar a ver ha sido al algún usuario que utilizaba este tipo de aplicaciones para diseñar carátulas de cintas de cassette. Es como matar moscas con un misil. Cuando este tipo de personas ve programas como Paint Shop Pro, se queda alucinado no por las funciones de programa en sí, sino por la de cosas que ya sabe hacer en menos de 10 minutos.El gran público consumidor de informática a nivel doméstico desconoce en gran medida las formas de distribución shareware y freeware, esos pequeños programas que ocupan poco espacio en disco, que consumen pocos recursos del sistema y que satisfacen plenamente las necesidades de cualquiera. Y con la ventaja de poderlos evaluar antes de decidir su adquisición, cuando no son totalmente gratuitos. En este sentido, la red Internet es el gran almacén del usuario. No hay más que ir a por ello y probar siempre las últimas versiones de cualquier aplicación por un coste a veces ridículo. A este respecto, las revistas del sector incorporan ya casi de serie un CD-ROM repleto de utilidades. Sin embargo, como hay de todo, existen usuarios que siguen sin saber la razón de esa extensión tan rara llamada ZIP que ven tan a menudo. Mi opinión es que cualquier programa al que se le saque un provecho inferior a un tercio de sus prestaciones reales, debería ser reemplazado por otro más acorde con la situación. Y la razón es obvia: ese programa es un monstruo para ese usuario. Lo verá como enorme, como algo que no se puede digerir. ¿Y la calidad?No hay que confundir calidad con número de funciones incorporadas. Nunca se podrá afirmar que tal o cual programa es mejor que otro porque hace más cosas. Es un asunto muy subjetivo. El mejor programa para un usuario es aquél que le ofrece las funciones que necesita de la forma más cómoda para él. |