| Funny Games (de Michael Haneke) |
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FUNNY GAMES
Director: MICHAEL HANEKE Intérpretes: Susanne Lothar, Ulrich Mühe, Frank Giering, Arno Frisch Nacionalidad: Austria 1997. |
| Preocupado
por el proceso de insensibilización de la sociedad frente
a la representación de la violencia, en los modernos medios de comunicación,
Michael Haneke, director de producciones teatrales para televisión
(la ARD, pública), y guionista y director de cine austríaco,
ha realizado un durísimo alegato cinematográfico cuya máxima
virtud será, con toda seguridad, no dejar indiferente a ningún
espectador.
Haneke ataca frontalmente a la capacidad mixitificadora de las artes visuales, capaces de transformar en fascinante espectáculo el horror y el sufrimiento humanos, firmemente decidido a sacudir las conciencias de quienes pueden albergar alguna esperanza tranquilizadora en su relato. Lo hace sin permitir respiro ni concesión, pero también, con una magistral y arriesgada maniobra narrativa, sin dejarse llevar por la tentación de mostrar en pantalla el objeto repudiado, esto es, la propia violencia física. El argumento, de evidentes resonancias
teatrales, brilla por su sencillez: Anna, Georg y su hijo Georgie se disponen
a pasar las vaciones en una confortable casa de campo, junto a un lago.
Con sus vecinos planean una partida de golf para el día siguiente,
que se presume soleado y placentero. Pero la llegada de dos jóvenes
extraños, supuestos huéspedes de sus vecinos, que argumentan
el banal pretexto de solicitar prestados unos huevos, desencadena una lenta
terrible y mortífera espiral de violencia. Un cínico
y gélido ángel exterminador bicéfalo parece haber
depositado sus alas en aquel paradisíaco lugar.
Desprovistos de recursos tan frecuentes
como comerciales en el cine convencional -acción (ese concepto
banal y estúpido que todo lo inunda), escenas eróticas, variedad
de situaciones y escenarios, o final feliz- estos "Divertidos juegos" ("Funny
games") sumergen en irremediable vértigo al incauto espectador,
al bienpensante y al librepensador, al conformista y al progresista,
a todos sin excepción. El impacto de su bofetada sobre nuestras
fibras más íntimas puede emparejarse con el de "Saló
y los ciento veinte días de Sodoma", del poeta Pasolini. En las
antípodas de sus postulados estéticos, comparten, sin embargo,
ambos filmes el aliento político y moral. Juan Carlos Rivas Fraile <jcriv@mundivia.es> |