| Persiguiendo
a Amy
(Kevin Smith) |
| La
dirección artística es, sin duda, uno de los tornillos
más eficientes del motor de una película. El modo cómo
los personajes se mueven, aparecen, hablan etc, estudiados desde el detallista
ojo del director, forma la pasta de la que vamos a crear esos personajes
en nuestra mente, que será, al fin y al cabo, lo que recordaremos
de ellos.
Kevin Smith, a través de la dirección artística, de unos apasionantes guiones que rompen a discrección con la idea de la narrativa clásica y de una forma de rodar nada pretenciosa, pero con una increíble capacidad para "enganchar", nos sorprendió con sus dos primeras producciones Clerks y Mallrats, ambas de mismo corte aunque diferente estilo. Muchos quisieron ver en los personajes de estas dos personales películas algo de lo que usara Quentin Tarantino para escribir sus guiones, hasta el punto de que muchos se atrevieron a compararlas con momentos concretos de Pulp Fiction. Kevin Smith propone un cine muy joven para gente joven. El tono es siempre humorístico, buscando la risa en la sorpresa de las palabras. Los guiones de sus producciones, más que líneas argumentativas trabajadas, no son sino una colección de escenas cuyo significado y objetivo está en ellas mismas, pues la siguiente no vendrá a complementar; En cada escena, Kevin nos propone un diálogo que siempre resulta un estudio de sociología, psicología o sexual a través de unas formas y expresiones que a) forzarán la risa b) dejarán patidifuso a más de un despistado, y c) quizá incluso muestren otra manera de pensar, producto de la locura mental de unos personajes con la tabla de valores vitales ciertamente alterada. El estilo de Kevin Smith da para contar muchas más cosas, pero si nos ceñimos a Persiguiendo a Amy, tenemos que descubrir que nuestro director ha perseguido objetivos diferentes: Mientras en Mallrats y Clerks, el objetivo era múltiple y se esparcía difuminado entre el conjunto de las escenas, aquí, Kevin, nos cuenta una historia con unidad completa, redonda, salpicada del mismo estilo "Smithiano" pero centrándose en problemas concretos de los personajes, no dejando que se salgan de la escena terminando un debate. Kevin, por fin, se moja. Ahora desentraña los sentimientos de uno de aquellos personajillos tan curiosos de sus pasadas producciones: Se examina. Y la nota pudiera ser bastante buena. Persiguiendo a Amy
es una buena síntesis de ambos estilos, capaz de crear verdaderas
escenas dramáticas (de signo joven, no obstante) al mismo tiempo
que no convierte a los protagonistas de estas escenas en extraterrestres
de su propio planeta: todos están bien agitados y la unidad resulta
verosímil. Por fin Kevin no sólo reflexiona acerca del Amor,
sino que experimenta con él aplicándoselo a sus personajes
y viendo qué pasa. Esta historia, que en el fondo es un gran ensayo
aproximacionista de un sentimiento gay desde el frívolo y distante
buen gusto, introduce el peso definitivo de un personaje femenino, asignatura
pendiente de Kevin. El discurso machista que tildaba sus producciones de
"masculinas" se quiebra en virtud de una carga emocional vertida desde
la presencia femenina. Ahora sí vemos cómo Kevin acepta que
un personaje femenino pueda alterar y hacer sufrir a uno de sus implacables
monstruítos de la sociedad de Clerks o Mallrats. Se
me argüirá que el personaje de Amy es simple: una rubia americana
clásica que no propone ninguna dialéctica, pero es un primer
paso. Démos margen a Kevin y veamos qué nos trae en su próxima
película Dogma.
Richard Sánchez |