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Sobre La Derrota del Pensamiento
(de Alan Finkielkraut)
PRIMERA PARTE: EL ARRAIGO DEL ESPÍRITU  
SEGUNDA PARTE: LA TRAICIÓN GENEROSA  
TERCERA PARTE: ¿HACIA UNA SOCIEDAD PLURICULTURAL?  
CUARTA PARTE: SOMOS EL MUNDO, SOMOS LOS NIÑOS  
CONCLUSIÓN 
 

Enapenas 140 páginasAlan Finkielkraut, en La Derrota del Pensamiento, Editorial Anagrama, Barcelona, 1.988, nos contesta a preguntas tan importantes como ¿qué es una nación? y ¿Cómo se justifica esa nacion frente a la historia, los ciudadanos u otra nación? ¿Por qué existen los problemas raciales? o, sí verdaderamente existe un proceso de integración apto para todos, y que verdaderamente haga evolucionar a la sociedad en general y, al individuo en particular o, simplemente estamos creando nuevas formas de dependencia y colonización. 
 

El presente artículo pretende ser una síntesis-crítica de su libro, tanto para que el lector apresurado pueda formarse una idea, como para quien vaya a leer íntegro el texto (aconsejado sin duda alguna), y sepa con lo que va a encontrarse. Sin más lean, disfruten y sean felices y tolerantes. 
 

PRIMERA PARTE: EL ARRAIGO DEL ESPÍRITU. 
 

El Volkgeist 
 

El genio nacional quizás sea una muestra de lo que las diversas sociedades han dado en llamar nación. En efecto, sería la manifestación que un determinado colectivo de personas tienen sobre su nación o sociedad. Ese realce de las características que les hacen sino diferentes, al menos distintos del resto de personas. 
 

A través de esa exaltación de los valores compartidos por todos -o casi-, que le permiten identificarse histórica y geográficamente. El hombre, como tal, necesita un ancla que le sitúe en el presente, es decir, necesita saber cuáles son sus origines que le han dado el modelo de sociedad en el que vive. Por eso aquellas peculiaridades que puedan mostrarle o insinuarle el por qué de su situación actual son bien acogidas. 
 

Así mismo, existe la necesidad de afianzarse con sigo mismo y frente a los demás -sociedades o naciones-, en un intento de demostrar una supuesta superioridad que le permitan proseguir sus quehaceres diarios y plantear con optimismo el futuro. 
 

La humanidad se declina en plural 
 

Como es natural, a lo largo de la historia las diversas culturas han intentado demostrar, normalmente a través de la fuerza, que sus principios sociales, y su organización como sociedad, eran los mejores. Han intentado demostrar no sólo la excelencia de sus religiones, de sus instituciones, de su ejército, de su economía, de su bienestar social, etc. Ejemplos como el egipcio, el griego, el romano, el alemán, el francés, el español, demuestran claramente el intento de transmitir ese sentimiento de superioridad a todos aquellos que no eran iguales a ellos. 
 

Esto ha conllevado el exterminio y neutralización de pueblos y culturas que, con su diversidad, proporcionaban al conjunto del mundo una pluralidad de visiones, de matices y de formas de entender la vida. Los que han intentado la unificación, en aras del imperio, de la razón, o de la evolución, no se han dado cuenta que, con su actitud destruían el pensamiento, los conocimientos y las características de particularismos que existían, cientos o miles de años antes, que aquellos que los derribaron. 
 

Estos precursores de la unificación e igualdad no se han dado cuenta que, con la diversidad, existía una totalidad y una unidad. Demasiado tarde se han apercibido y, cuando lo han hecho se han dado cuenta de que esa unidad de conceptos universales entraba en conflicto con lo que ellos consideraban como ideal y, por lo tanto, se han vuelto en contra. Han considerado a su verdad como única y, la única a defender. Ahora, en sus carnes, han descubierto lo que es la imposición de valores y conceptos. Por lo tanto se han encerrado en si mismos, en un intento de preservar los valores que consideraban suyos y, que debían preservar para siempre. Esto es lo que sucede en el civilizado mundo Occidental, primero se intentó una globalización de valores, a través de la colonización, sin embargo ahora, el mundo Occidental se ve sometido a una colonización de emigrantes que traen consigo sus ideas, su religión y sus costumbres. 
 

No se han dado cuenta que es precisamente esa diversidad lo que favorece la unidad. El miedo a lo desconocido o, el no saber aceptar puntos de vista diferentes es lo que les ha obligado a refugiarse en sí mismos. 
 

El calor materno del prejuicio 
 

Cada sociedad, por no decir cada persona, tiene sus criterios, sus valores. Ese conjunto de creencias y comportamientos que les hacen relacionarse con los demás, de una forma determinada y particular. Ese conjunto de normas ha variado a lo largo de la historia y, sin embargo, con el paso de esa cosa necesaria para que surja la historia: El Tiempo, los valores han cambiado. 
 

Todo aquello que hace unas décadas se consideraba norma fundamental de comportamiento y relacionamiento social, en la actualidad se considera fruto de la ignorancia o de los tiempos que, la ciencia o la razón, no eran capaces de aportar nada mejor. 
 

Es, sin embargo, la historia y, el propio hombre, quien a través de esa razón y ese pensamiento actual justifica y apoya esos valores que ya no son suyos, quizás incluso desea que alguno estuviera presente. Esta forma de justificar el pasado, -su propio pasado cultural o social-, le es necesario ya que, de lo contrario, no sería capaz de justificar su presente actual y, por tanto, los nuevos valores y doctrinas que abraza apasionadamente, libres, cree él, de la influencia del pasado. 
 

¿Qué es una nación? 
 

¿ Cómo se puede identificar una nación? Quizás por el tipo de ciudadanos que esa nación tenga. O quizás por los valores o ideales que ese conjunto de ciudadanos defiende, frente a otras naciones. Pero ¿Cómo se llega a formar una de nación? Quizás alguna vez, un conjunto de personas, con un ideal o características comunes, religión, lengua, conocimientos, etc, llegó a la conclusión de que, unidos, podrían perpetuar ese sistema que consideraban acorde con sus necesidades. 
 

Más tarde eses valores pudieron cambiar pero, el hombre que en el fondo necesita a otros para sobrevivir y para ganar auto-confianza, decidieron permanecer juntos, unidos, formando un todo. Ese todo se ha visto manipulado en muchas ocasiones, merced a los dictados de unos pocos, que gobernaban a unos muchos, a veces en base al miedo, ya sea a que esos pocos acabasen con esos muchos, o bien a que cualquier otro, ajeno al grupo, intentase cambiarles esos valores o sentimientos que consideraban propios e inalterables. 
 

También puede ser que, el hombre como animal, necesita del grupo para satisfacer sus necesidades, con lo cual se establece en manada y, cuando se ataca a un miembro acude todo el grupo, viven, cazan y mueren en grupo, como buena especie animal que es. Basta fijarse en las manadas de lobos o en las orcas, para apreciar las similitudes. 
 

Una conversación con Echermann 
 

El hombre, a pesar de considerarse exclusivo, o de que su sociedad difería enormemente del resto de naciones, ya sea por que estas estaban geográficamente muy lejanas, o bien porque sus conceptos diferían grandemente los unos de los otros, o simplemente, porque su historia, había sido diferente. 
 

Sin embargo, el hombre cualquiera, de una sociedad-nación cualquiera, se ha dado cuenta de que determinadas características eran no ya parecidas, sino idénticas. Esto es así, debido a que existen una serie de circunstancias comunes a todos ellos, sentimientos, naturaleza humana, etc., que si bien pueden permitirle observar el mundo con un determinado matiz, en el fondo, todos son iguales. 
 

Sí tienen hambre comen, si se les pincha sangran, si les duele algo se quejan, odian y aman como todos y, esa mezcolanza de sentimientos-humanidad determina que, independientemente del espacio y del tiempo, determinados problemas y situaciones sean comunes a todos ellos, independientemente de su historia, geografía o concepción sobre la vida.  

El explosivo más peligroso de los tiempos modernos 
 

Ese conocimiento de que determinadas circunstancias son comunes a todos los seres humanos, ha llevado a algunos el buscar una justificación de su presunta supremacía o diferenciación del resto de seres o sociedades. 
 

Para justificar sus actos han buscado en la historia, adaptándola o modificándola -según conveniencia-, para así justificar actos o actitudes que de otra forma no podrían llevarse a cabo. 
 

En definitiva, han intentado mostrar que si bien todos son humanos, unos son más humanos que otros y, para ello, han apelado a la diferenciación de las especies, a las supuestas vías de evolución de las mismas y, en definitiva, a que el código genético de unos es más puro que el de otros. Con esto se justifica la supremacía de unos, o su intento, y el que otros, si bien son como todos, no están a la altura, genético-intelectual-histórica y, por lo tanto, han de estar supeditados a esos otros que genéticamente están más dotados, tanto para el liderazgo, como para aniquilar toda forma de vida que no esté a favor de esa clara y rotunda evolución natural de las especies (humanas). 
 

SEGUNDA PARTE: LA TRAICIÓN GENEROSA
 

Un mundo desoccidentalizado 
 

Tras la Segunda Guerra Mundial, el conjunto de sociedades-naciones, civilizadas y avanzadas cultural y socialmente, deciden crear una asociación multilateral, que englobara al conjunto de habitantes-naciones del mundo, con el propósito de avanzar todos en la senda evolutiva del hombre, en paz y armonía. 
 

Sin embargo, esas mismas naciones civilizadas, no se estaban dando cuenta que el modelo que intentaban exportar era el mismo que en tiempos de la colonización, con la salvedad de que aquí se instaba a no utilizar las armas. Es el mismo modelo de imposición, argumentando y defendido por ser el mejor, o porque las naciones ganadoras de la guerra, y con el poder económico-militar necesario, para imponer sus criterios y sus conclusiones. El modelo debe extenderse, pero se vuelve a caer en el error de no tener en cuenta las particularidades y diferencias que separan a unas naciones de otras, incluso entre las que intentan expansionar el modelo. 
 

La segunda muerte del hombre
 

A pesar de todo, desde la Unesco, se intenta remediar el problema, se intenta darle una significación a cada cultura, a cada pueblo, a cada identidad cultural, es un intento subsanador de los errores cometidos. Se necesita dar a cada entidad aquello que se cree le pertenece. Aunque no sea por un afán de justicia, sino de intentar sentirse bien con lo que se tiene. 
 

De esta forma, identificando, conservando y enumerando las diversas peculiaridades de cada una de las muchas entidades que existen, uno puede darse cuenta de lo que tiene y de lo que le falta. Pone en evidencia más las diferencias que las igualdades, de ese modo se pasa a ensalzar unos determinados modelos de sociedad-nación-cultura, frente a otro tipo que se pone como ejemplo contrario, no deseado, pero necesario, precisamente, para preservar y ampliar lo que se considera oportuno-verdad, en cada momento. 
 

Retrato del descolonizado
 

En el proceso de colonización, los colonos, introdujeron una serie de valores y circunstancias, muchos de ellos contrarios y extraños a los nativos, sin embargo, estos últimos, no tuvieron más remedio que asimilarlas y convivir con ellas. Algunas de estas circunstancias pasaron a convertirse en imprescindibles, pues facilitaban las labores, el desplazamiento o, simplemente, el poder y/o el dinero de una minoría de nativos, con afán de controlar al resto de la mayoría. 
 

En determinado momento esa minoría nativa con afán de control decide e inculca a la mayoría, que es necesario el auto-gobierno, no caer en la explotación colonial y, sobre todo, no perder su identidad cultural y social. Esto, lógicamente se demuestra mediante las armas. 
 

El problema surge al proclamar la independencia ya que, ¿Qué se va a hacer? Uno no puede pasar de pronto al primitivismo de su cultura después de gozar de algunas de las ventajas coloniales. Por lo tanto ese nuevo estado, se ve en la obligación de volverse así mismo colonial, es decir sustituye a los colonos extranjeros, por dirigentes nativos que, en última instancia están motivados a alcanzar el grado de desarrollo económico-social, que sus anteriores mandatarios. Se pierde, pues, la identidad propia, por cuanto se intenta alcanzar la de otros. Pasan a ser colonos de sí mismos. 
 

Raza y cultura
 

Al final surge la duda de si se pertenece a una raza o culturas determinadas. La creciente internacionalización de todos los procesos, económicos, sociales, laborales, etc., nos da una visión de conjunto, donde surge la asimilación de unos modos de vida por otros modos de vida que se consideran más acordes. Surge el sentimiento de identificación, pero ¿Con qué? o ¿con quién? 
 

Ante esto caben varias vías, la del código genético, la de historia común, lengua, religión, objetivos, etc. Sin embargo, al ser las opciones múltiples y muy distintas entre si, a uno le queda la sensación de que, o determinadas cosas no son como parecen, o lo que uno defiende y ensalza no son los valores que debería abrazar. Surge pues el conflicto entre lo que uno posee y lo que le gustaría poseer, amén, del intento de transmitirlo a los demás, con lo que el problema de la identidad, más que subsanarse, se intensifica cada vez más debido al afán diferenciador de todos los grupos. 
 

El doble lenguaje de la Unesco
 

Por un lado se pretende la convivencia de todas las sociedades en paz, con sus peculiarismos y características propias y, por el otro se intenta la identificación de todos con los mismos valores socio-culturales, con lo que se entra claramente en contradicción. 
 

No puede existir diversidad y pluralidad de opiniones y visiones de la realidad, si esta es vista desde la misma perspectiva socio-cultural. Si uno comenta una cosa lo hará en base a sus conocimientos, su cultura-razón y a su ideología, y por lo tanto, tenderá a no identificarse ni a mostrar la visión particular, y a veces contraria, que su interlocutor pueda tener. Se puede fomentar el que uno exprese lo que quiera, pero luego, falta hacerle ver a los demás ese modo de expresión o vida. Lo aprendido se opone a lo desconocido.  

TERCERA PARTE: ¿HACIA UNA SOCIEDAD PLURICULTURAL? 
 

La desaparición de los dreyfusards 
 

Los que antes eran colonos, ahora se sienten colonizados. Esa marea humana de tercermundistas que invade Europa o USA, está poniendo en duda algunos de los principios defendidos en el panorama internacional: la globalización. 
 

Los países receptores de emigrantes, no ven con buenos ojos eses nuevos ciudadanos de segunda, pues normalmente son, o bien discriminados racialmente o bien, al estar indocumentados, originan toda una serie de prejuicios aún mayores de carácter económico-social. 
 

Estos países ven como su cultura, su sociedad, se ve amenazada por nuevos ritos o protocolos ajenos y, una cosa es verlos por la televisión y, otra muy distinta, al lado del portal de casa. 
 

Una pedagogía de la relatividad
 

Este proceso de interacción interétnica está provocando que los antiguos valores sean defendidos a ultranza. A la vez, se intenta crear un sistema en el que tengan cabida todos ellos. A través de un sistema educativo que extienda los valores comunes a todos y, que por tanto, permita a todos convivir dentro de un mismo modelo de sociedad, intentando, cosa difícil, mantener las peculiaridades de cada grupo. 
 

Se intenta crear una relatividad de los valores de cada grupo, para de esta forma intentar demostrar que la totalidad propuesta es la idónea, pues engloba a todos dentro de un modelo universal. 
 

La cultura desmigajada
 

Sin embargo poco a poco, la cultura europea, está pasando de un modelo único definido por el conjunto de ciudadanos europeos, a un sistema donde el modelo es la fusión de todo un conjunto de ciudadanos -europeos o no-, que intentan aportar su visión y su mejora al sistema. 
 

Es decir, se está observando que el modelo cultural existente no es el único y mejor de los que existen, sino que puede ser ampliado y mejorado, merced a las aportaciones de otros grupos sociales. A la vez, se está considerando oportuno tener en cuenta las peculiaridades de esos otros grupos, incluso dentro de Europa, pero sin olvidarse la creación de ese modelo único formado por las aportaciones de todos. 
 

El derecho a la servidumbre
 

Por último, cabe decir que esa aportación de nuevos valores, ha de estar en consonancia con los valores ya aceptados y defendidos por el modelo. Difícilmente, por no decir que es imposible, el que sean aceptados valores que vayan en contra del modelo ya establecido. 
 

Las costumbres y maneras de los demás hay que respetarlas, sí, cuando no van en contra de nuestras maneras y costumbres europeas. Siempre que defiendan esa globalización de modelo único y, siempre que aporte una unidad de valores comunes a todos -y aceptados de antemano-. Con lo que se origina la creación de ciudadanos de segunda y, la supeditación de unos a otros. 
 

CUARTA PARTE: SOMOS EL MUNDO, SOMOS LOS NIÑOS
 

Un par de botas equivale a Shakespeare
 

Los valores de unos y otros grupos difieren enormemente, sobre todo en función a sus necesidades más inmediatas. De esta forma los europeos acomodados y despreocupados mayoritariamente, disfrutan de su pasado cultural, o bien intentan crear nuevas formas de diversión-ocio, que le permitan disfrutar de lo bello de la vida. 
 

Por el otro lado tenemos a los emigrantes de esos países tercermundistas donde su finalidad más inmediata e importante, en muchos casos, es la de encontrar el sustento de cada día. Para ellos el poder comprarse un par de botas produce una satisfacción igual, o quizás mayor, que el del acomodado europeo que se contra una edición antigua, y cara, de uno de sus clásicos predilectos. 
 

Es el contraste clásico entre lo que uno considera importante o no y, ese criterio depende únicamente, del tamaño de la cartera-chequera, que cada uno pueda disponer. 
 

Su majestad el consumidor
 

El consumo es una parte importante de la nueva cultura social, es un hábito que desarrolla desde su más tierna infancia. El consumidor desea consumir en cantidad, diversidad y calidad. 
 

Los servidores del consumo intentan proporcionar eso y más, exclusividad, que el consumidor se sienta único consumiendo tal o cual producto, que se sienta identificado con un grupo social determinado o, simplemente que consuma por que lo hacen los demás. 
 

El consumidor se siente importante a la hora de consumir, todo el mundo pone sus productos y mejores palabras a su servicio. No se da cuenta que es un protocolo más de sus verdaderos amos, los productores. Se sienten dueños y son esclavos. 
 

Una sociedad finalmente convertida en adolescente
 

Los jóvenes son los cimientos de la nueva cultura, se les intenta inculcar los valores aceptados, ellos intentan cambiarlos, puede haber contradicciones pero, al final, hay un consenso generalizado por todos. Esa supuesta delegación de facultades y atribuciones no es más que el reflejo de los que las estadísticas actuales dicen, al menos en España y, es que los jóvenes son(mos) tan o más conservadores y prudentes que sus progenitores.  

CONCLUSIÓN 

Como conclusión podemos decir que Finkielkraut intenta mostrar una visión de lo que se ha entendido, a lo largo de la historia, por sociedad-nación y cultura. Ha intentado mostrar si es la cultura, los hábitos códigos y costumbres de una sociedad la que forma ésta, también llamada nación, o es al revés. 
 

Se puede decir que es el conjunto de hombres, con sus códigos, costumbres y tradiciones lo que acaba configurando una sociedad-nación. Esa cultura forma y modifica las circunstancias generales de los ciudadanos y, por extensión de la nación completa. Es la variedad de razonamientos lo que va modificando poco a poco esos valores. Valores comúnmente aceptados hasta hace poco, son en la actualidad repudiados y olvidados, merced a la transformación y aceptación de nuevos valores. 
 

La extensión de ese modelo único cultural es la expresión lógica de la sociedad que ha intentado inculcarlo a cuentas sociedades ha podido. Esto es así, por que cada conjunto social defiende dichos valores como verdades cuasi absolutas y, como tales han de ser compartidas por todos. Para ello han intentado justificar sus actos mediante la historia, la genética o, simplemente mediante la superioridad económico-militar. 
 

El nuevo panorama internacional de globalización de un modelo único y general, que sea aceptado por todos, se topa con el problema de las diferencias sociales de cada grupo. Cada uno intenta aportar aquello que considera más importante o útil, sin embargo, solo son aceptados aquellas características que no se opongan a valores que se consideran universales y, que sobre todo están defendidos por aquellos que ostentan el monopolio del avance científico-social-económico. 
 

LUIS ORDÓÑEZ GONÇALVES <g027271002@abonados.cplus.es>Pagina de este autor
 

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