| Egoísmo y capitalismo: continúa
el debate
Réplica a Colectivo consciente |
| Una réplica a
la réplica. El artículo inicial, del mismo autor que
este texto, Paul Christian Laurent, es
Egoísmo y capitalismo
Por su parte, José
Benegas, de Argentina, intervino también en el debate con su
Réplica a colectivo consciente.
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Antes de empezar con la repuesta a la lectura crítica que llega desde Colombia no quisiera dejar de lado un punto que me parece, a pesar de su aparente intrascendencia, de suma importancia, ya que le otorga a los argumentos expuestos por quien escribe esta diatriba anticapitalista la verdadera magnitud que representa. Me estoy refiriendo a la agrupación que firma el texto, la cual se denomina «Consciente colectivo», lo que por demás me llama a sospecha, pues hasta antes de leerlos tan sólo sabía que los únicos capaces de poseer el don de la consciencia e inconsciencia eran los individuos, es decir, los seres humanos de manera particular y no las aglomeraciones, a las cuales siempre las he sabido instintivas, nada racionales. Salvo que aquél rótulo sea utilizado simplemente como un inofensivo seudónimo de un particular, porque de lo contrario estaríamos ante un espectáculo absolutamente contra natura y contra ratio. Los únicos seres capaces y aptos para conocer y aprehender los hechos son los hombres de manera particular, los entes colectivos no piensan, ni crean como tales, tan sólo siguen los dictados de aquél que se les impone como líder, ya que por sí mismos son incapaces de actuar y de concebir algo, excepto las obras propias de las bestias y de la grey desalmada y agresiva. |
| Ahora, adentrándonos
en el tema que nos convoca, empezaré con una coincidencia ante mi
especial crítico: Es cierto que no soy el primero en afirmar que
el capitalismo es lo mejor que le ha podido pasar a la humanidad, y me
alegra, siendo mayor mi contento al saber que tampoco seré el último.
Incluso el mismo Karl Marx pensaba que el sistema capitalista significaba
el grado de mayor alcance material que la civilización había
alcanzado. Aunque éste nunca comprendió las implicancias
benéficas que la división del trabajo (el egoísmo
institucionalizado) acarreaba en el desarrollo de las sociedades, porque
si se hubiese enterado de ello el mundo nunca habría perdido tanto
tiempo en este siglo XX con experimentos obtusos y con recetas de alquimistas
que tan sólo retardaron, pero felizmente no impidieron, el proceso
civilizador del capital.
Esto hay que tenerlo muy presente, ya que uno de los absurdos de nuestro crítico, sin nombre propio ni apellido, fue el afirmar que "el capitalismo mismo se encargó de enterrar el Egoísmo y el individualismo cuando generó la "sociedad mercantil"." ¡Supina ignorancia! La denominada sociedad mercantil es el fiel reflejo del ideal de mercado, de economía libre, de capitalismo. Los hombres no se unen en empresas por puro altruismo, como equivocadamente quiere decir nuestro adversario ideológico, ¡no!, la existencia de la empresa es una respuesta de bases totalmente egoístas para alcanzar el objetivo final: el lucro, el motor del orden que nos rodea. Si los hombres no concibieran juntar sus fuerzas para saciar sus personales ambiciones a lo que denominamos empresa, la naturaleza de esta se desvirtuaría, carecería de significado. La empresa surge debido a que torna factible el llegar a instancias que de una manera particular nunca se darían en la práctica, porque si aquellas instancias u objetivos fueran posibles para un individuo de manera aislada no tendría ningún sentido que este se decidiese a constituir empresa alguna. Nadie busca socios por amor a la pura compañía, estos salen a la luz debido a que existe la posibilidad de sacar un provecho de carácter pecuniario, porque la unión de capitales facilita el llegar al fin fundamental de toda alianza mercantil: la ganancia material. Sé que para muchos, para una gran mayoría de nuestros compatriotas latinoamericanos, el elogiar el capital, el comúnmente denominado "vil dinero" puede resultar más que ofensivo, y es que ello se debe sobre todo a los patrones culturales y filosóficos que dominan en nuestra región. Este es el punto de partida de nuestro atraso, la carencia de una cultura que haga del lucro, del egoísmo y del capital una instancia capaz de hacernos hombres de bien, para nosotros mismos como individuos y como miembros de una determinada sociedad; ello es aún un lastre que hemos de padecer por mucho tiempo y que determinará que la salida del subdesarrollo y la pobreza extrema persistan durante mucho tiempo. Mientras los complejos antimercado reinen en nuestro continente el statu quo de la miseria persistirá. Pretender imitar las locuras estatistas y ciertas posturas socialistas de las actuales potencias tan sólo acentuará nuestra postración. Siempre hay que tener presente la idea de que uno de los privilegios de un rico es que puede darse el lujo de hacer locuras durante mucho más tiempo que un hombre pobre. Igual sucede entre las naciones. Si nuestros pobres países de América Latina aspiran a los lujos y caprichos de las potencias lo único que conseguirán será el mantenerse en el lastre en el que se hallan, en el mejor de los casos, o simple y llanamente hundirse más y más en el hoyo de la mendicidad. La constante en América Latina ha sido la de despreciar aquellas instituciones que en su momento permitieron a las naciones que hoy gozan de un nivel superior de vida, tales como el estado de derecho y la propiedad privada, las mismas que en Perú están seriamente cuestionadas por el régimen autoritario y seudo legal del presidente Alberto Fujimori (¿o acaso nuestro anónimo opositor no sabe que el actual gobernante peruano hace de las leyes y normas un simple remedo de su oprobiosa autoridad, que se asesina y tortura gente y que se hacen triquiñuelas legales para despojar a los opositores del régimen de los medios de comunicación que legítimamente les pertenecen?). En cuanto a que el futuro de la humanidad se halla en el colectivismo, me resulta por demás extraño, ya que nunca pensé que el devenir se pareciera tanto a los trazos que nuestros primitivos antepasados dibujaron en las cuevas de piedra donde habitaban. Los cavernícolas y los demás chicos y chicas del paleolítico sí que eran colectivistas, no les quedaba otra salida, pero a nosotros sí, felizmente. Paul Laurent plaurent@acer.com.pe
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