| La China moderna |
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| La
República de China mantuvo una frágil existencia
desde 1912 hasta 1949. Aunque se adoptó una Constitución
y se estableció un Parlamento en 1912, Yuan Shikai nunca permitió
que estas instituciones limitaran su control personal del gobierno. Cuando
el recién fundado Partido Nacionalista, o Guomindang, encabezado
por Sun Yat-sen, intentó reducir el poder de Yuan, primero mediante
tácticas parlamentarias y luego con la fracasada revolución
de 1913, Yuan respondió con la disolución del Parlamento,
la ilegalidad del Guomindang y el gobierno a través de sus conexiones
personales con los dirigentes militares provinciales. Sun Yat-sen se refugió
en Japón. Yuan, sin embargo, se vio forzado por la oposición
popular a abandonar sus planes de restaurar el imperio y convertirse en
emperador. Murió en 1916, y el poder político fue ejercido
por los jefes militares provinciales. El gobierno central mantuvo hasta
1927 una existencia precaria y casi ficticia.
Durante la I Guerra Mundial (1914-1918),
Japón buscó obtener una posición de supremacía
incuestionable en China. En 1915 presentó a China las denominadas
"Veintiuna Demandas", cuyos términos habrían reducido China
a un virtual protectorado japonés. China, flexible ante una versión
modificada de las demandas, accedió, entre otras concesiones, a
transferir las posesiones alemanas en Shandong a Japón. La tardía
entrada de China en la guerra en 1917 estaba destinada a conseguir participar
en el futuro tratado de paz para revisar las ambiciosas peticiones japonesas.
China esperaba que Estados Unidos, de acuerdo con su política de
puertas abiertas, le ofreciera su apoyo. Sin embargo, en Versalles, el
presidente estadounidense Woodrow Wilson retiró el apoyo de su país
a China en el tema de Shandong, cuando Japón retiró sus demandas
de una cláusula de igualdad racial en el Pacto de la Sociedad de
Naciones, una disposición a la que se oponían duramente en
Estados Unidos a causa de la posibilidad de que hubiera una afluencia ilimitada
de mano de obra desde oriente. La delegación china, indignada, se
negó a firmar el Tratado de Versalles. Sin embargo, China obtuvo
posteriormente su admisión en la Sociedad de Naciones a partir de
la firma de un tratado de paz por separado con Austria.
Los jóvenes e intelectuales chinos,
que en la década precedente habían vuelto sus ojos cada vez
más hacia Occidente, en busca de modelos e ideales para la reforma
de China, se sintieron traicionados por Wilson en Versalles. Cuando estas
noticias llegaron, se inició en la Universidad de Pekín una
manifestación masiva de protesta en contra de los japoneses, el
llamado 'Movimiento del Cuatro de Mayo', que se extendió por todo
el país en 1919.
El Guomindang y el ascenso del Partido
Comunista
Tras ser sofocado, siguió un periodo
de examen y reajuste, desde el cual surgieron dos objetivos claros: deshacerse
del imperialismo que se cernía sobre China y restablecer la unidad
nacional. Los chinos estaban desilusionados por el cínico interés
de los poderes imperialistas occidentales y se fueron acercando progresivamente
al pensamiento marxista-leninista y a la Unión Soviética.
El Partido Comunista chino se fundó en Shanghai en 1921, contando
entre sus primeros miembros con Mao Zedong. En 1923 Sun Yat-sen aceptó
el consejo soviético para reorganizar un Guomindang en proceso de
desintegración, y fortalecer sus débiles fuerzas militares.
Al mismo tiempo aceptó el ingreso de comunistas en el Guomindang.
Los principios ideológicos de Sun (nacionalismo, democracia y socialismo)
estaban íntimamente relacionados con un espíritu antiimperialista
y la defensa de la unificación nacional. A pesar de la muerte de
Sun en 1925, el rejuvenecido Guomindang, bajo el mandato del joven general
Jiang Jieshi, lanzó una expedición militar en 1926 desde
su base de Cantón. Jiang buscaba reunificar China bajo el mandato
del Guomindang y liberar al país del imperialismo y de la fuerza
de los jefes militares provinciales (los llamados señores de la
guerra). No obstante, antes de que el Guomindang completara la reunificación
territorial de China ya en 1928, Jiang llevó a cabo una cruenta
purga de los miembros comunistas del partido, y desde entonces confió
en el apoyo de las clases propietarias y de las potencias extranjeras.
La II Guerra Mundial
En 1937 Japón y China comenzaron
una guerra a gran escala como resultado de una escaramuza en el puente
de Marco Polo, cerca de Pekín. Hacia 1938 Japón controlaba
la mayor parte del noreste de China, interior del valle del Yang-tsê
hasta Hankou, y la zona alrededor de Cantón en la costa sureste.
El Guomindang cambió su capital y desplazó la mayor parte
de su fuerza militar al interior a Chongqing en la provincia suroccidental
de Sichuan.
Durante la II Guerra Mundial (1939-1945),
el gobierno del Guomindang en Chonqing sufrió un importante debilitamiento
militar y financiero mientras los comunistas, con su cuartel general en
Yan'an, expandían de manera significativa sus bases territoriales
y sus fuerzas militares gracias al aumento de la militancia en el partido.
Después de haber sufrido importantes pérdidas humanas y materiales
durante la batalla por la China oriental en 1937 y 1938, los mandos del
ejército del Guomindang se reabastecieron con reclutas mal entrenados;
además, el reequipamiento de estos ejércitos hubo de posponerse
hasta 1945, año en que llegaron al gobierno nacionalista los primeros
envíos a gran escala de material militar estadounidense. No sólo
estaban muy debilitadas las fuerzas militares del gobierno del Guomindang
después de 1938 sino que también la jefatura estaba desgarrada
por las múltiples disidencias en su seno. Estos problemas se complicaron
con unas condiciones de inflación creciente que comenzó en
1939, cuando el gobierno se desligó de su mayor fuente de ingresos
en la China oriental ocupada por los japoneses. A pesar de la importante
ayuda financiera estadounidense, la tendencia inflacionista empeoró
con el posterior crecimiento de la corrupción oficial, pérdida
de la moral entre las tropas y entre la población civil.
Por otro lado, los comunistas se habían
dispersado desde Yan'an, ocupando una gran parte del norte de China y se
habían infiltrado en muchas de las regiones rurales por la retaguardia
de las líneas japonesas. Allí organizaron hábilmente
a los campesinos para que ingresaran en las filas del Partido Comunista
y del Ejército Rojo. La unidad y la disciplina organizativa se mantuvieron
a través de una fuerte campaña de propaganda ideológica.
Las fuerzas soviéticas, que ocuparon Manchuria tras la declaración
de guerra a Japón el 8 de agosto de 1945, entregaron a los comunistas
gran cantidad de armas capturadas a los japoneses. Como resultado de ello,
los comunistas salieron de la II Guerra Mundial con una fuerza más
fuerte, disciplinada y equipada que antes.
La lucha por la supremacía entre
el Guomindang y el Partido Comunista
En 1945, poco después de que Japón
capitulara, estalló la lucha entre los comunistas y las tropas del
Guomindang por el control de Manchuria. Se alcanzó una tregua temporal
en 1946 a través de la mediación del general estadounidense
George C. Marshall. Aunque de inmediato se reanudó la lucha, Marshall
continuó sus esfuerzos para unir a las dos partes. En agosto de
1946, Estados Unidos intentó reforzar el papel de Marshall como
mediador imparcial al suspender su ayuda militar al gobierno nacionalista.
No obstante, las hostilidades continuaron y en enero de 1947, convencidos
de la inutilidad de proseguir la mediación, Marshall abandonó
China. Muy pronto el conflicto estalló en una guerra civil a gran
escala y desaparecieron todas las esperanzas de un acercamiento político.
En mayo de 1947, se reanudó la ayuda estadounidense a los nacionalistas.
Sin embargo, las fuerzas gubernamentales estaban agotadas tras dos décadas
de un estado de guerra casi continuo, el mando estaba dividido por la desunión
interna y la economía estaba paralizada por una espiral inflacionista;
además, los campesinos recelaban de una prometida reforma agraria
que no llegaba nunca, mientras que los liberales en el gobierno eran sometidos
por los sectores más conservadores. En 1947 la iniciativa militar
pasó a los comunistas cuyo Ejército de Liberación
Popular (nombre oficial) dirigido por Lin Biao derrotó a los nacionalistas
en Manchuria y en el verano de 1949, la resistencia nacionalista se derrumbó.
El gobierno, con las fuerzas que pudo recuperar, buscó refugio en
la isla de Taiwan.
En septiembre de 1949 los comunistas reunieron
la Conferencia Consultiva Popular Política China, un cuerpo constituyente
de 662 miembros, que adoptó un grupo de principios y directrices
políticas y una ley orgánica para gobernar el país.
La conferencia eligió al Consejo de Gobierno Central Popular, que
iba a servir de órgano supremo político. Mao Zedong, nombrado
presidente de este organismo, era de hecho el jefe del Estado. De acuerdo
con los poderes que había delegado en él la conferencia,
el Consejo de Gobierno Central Popular instituyó los diferentes
órganos de gobierno central y local. En el plano nacional, el Consejo
Administrativo de Gobierno, encabezado por Zhou Enlai, llevó a cabo
funciones de gobierno tanto legislativas como ejecutivas. Subordinados
al Consejo se encontraban más de 30 comisiones y ministerios encargados
de tratar diferentes aspectos de los asuntos estatales. La República
Popular China fue oficialmente proclamada el 1 de octubre de 1949.
La República Popular
En 1953 después de que el control
comunista se hubiera establecido con firmeza en la mayoría de las
poblaciones, el Consejo de Gobierno Central Popular inició la elección
de los congresos populares locales, que a su vez, eligieron los congresos
del ámbito administrativo inmediatamente superior. En 1954 se completó
la red de congresos electos, con la elección del Congreso Nacional
Popular, que aprobó el borrador de la Constitución que se
envió al Comité Central del Partido Comunista Chino.
La Constitución de 1954, que reemplazó
a la Ley Orgánica de 1949 como la ley fundamental del país,
confirmó la hegemonía del Partido Comunista Chino e introdujo
cambios destinados a centralizar el control del gobierno.
La transformación de la sociedad La política básica del régimen
comunista fue transformar China en una sociedad socialista. Para alcanzar
este fin se utilizaron ampliamente la educación en los principios
del marxismo-leninismo y la propaganda política, en especial hacia
los jóvenes. Se aseguró a las mujeres una posición
de igualdad mediante las nuevas leyes de matrimonio, que pusieron fin a
la práctica del concubinato, la poligamia, la venta de niños
y la interferencia en los nuevos matrimonios de las viudas, y aseguraban
derechos iguales respecto al empleo, propiedad de los bienes y divorcio.
Se controló estrictamente la religión; se obligó a
los misioneros extranjeros a salir del país y se colocó a
clérigos chinos dispuestos a cooperar con los comunistas, al mando
de las iglesias cristianas. Los intelectuales se vieron sujetos al control
gubernativo dirigido a la erradicación de las ideas anticomunistas.
En los primeros años de la República
Popular, el gobierno también recurrió al terror en sus esfuerzos
por eliminar a toda la oposición y a los enemigos potenciales; en
1951, las autoridades de Pekín afirmaron que entre octubre de 1949
y octubre de 1950, se ejecutó a más de un millón de
los denominados elementos contrarrevolucionarios. Algunas autoridades extranjeras
estimaron que esos datos podrían haberse incrementado a finales
de 1951 a dos millones.
Política económica La primera acción de los comunistas
fue reconstruir la economía, que se había visto afectada
por las consecuencias de las décadas de guerra continua. Inmediatamente
instituyeron medidas severas para controlar la inflación, restaurar
las comunicaciones y restablecer el orden interno necesario para el desarrollo
económico. Su política económica potenció la
colectivización agrícola para poder promocionar el ahorro
necesario para el establecimiento de la industria pesada. La industria
privada pasó gradualmente a estar bajo propiedad mixta estatal y
privada. El control del Estado fue ejercido mediante una serie de programas
que implicaban la incautación de los considerados sectores económicos
básicos y la paulatina desaparición de algunos propietarios
mediante pagos compensatorios fijos. La reforma agraria se inició
en 1950 y fue seguida de la creación de equipos de ayuda mutua,
cooperativas y granjas colectivas. El primer plan quinquenal, que se inició
en 1953 y se llevó a cabo con ayuda soviética, potenció
la industria pesada a costa de los bienes de consumo. La ayuda económica
y el consejo técnico soviético contribuyeron en gran manera
al éxito inmediato del programa.
Política exterior
La política exterior china reflejaba
la unidad existente en el movimiento comunista internacional en la década
de 1950. China y la Unión Soviética firmaron un tratado de
amistad y alianza en 1950 y varios acuerdos complementarios, que concluyeron
en 1952 y 1954, por los que la Unión Soviética hizo grandes
concesiones a China, como la desaparición de la presencia soviética
en Manchuria. China también pretendió estrechar relaciones
con sus vecinos comunistas. Durante la guerra de Corea las tropas chinas
ayudaron al régimen comunista de Corea del Norte contra las fuerzas
de Naciones Unidas, enfrentándose directamente a las tropas de Estados
Unidos. Cuando este conflicto finalizó en 1953, los chinos aceleraron
el flujo de la ayuda militar a los insurgentes comunistas que luchaban
contra los franceses en Indochina. Zhou Enlai desempeñó un
importante papel en las negociaciones de los Acuerdos de Ginebra de 1954,
que terminaron momentáneamente con las hostilidades en esta región.
Con su llegada al poder, el régimen
comunista también intentó recuperar los territorios que consideraba
dentro de las fronteras históricas de China. En 1950, las tropas
chinas invadieron Tíbet y obligaron al país a aceptar el
mandato chino. En agosto de 1954, Zhou Enlai declaró oficialmente
que la liberación de Taiwan era uno de sus principales objetivos,
mientras que desde el campo nacionalista se insistía también
en volver a unificar el país. Los comunistas comenzaron a bombardear
a principios de septiembre la isla de Quemoy, que se encontraba en manos
de los nacionalistas, y posteriormente atacaron otras islas más
allá de la costa de la China continental, entre las que se contaban
Matsu y las Tachens. Los nacionalistas respondieron con ataques aéreos
y navales contra el continente. Cuando en 1955 los comunistas intensificaron
su ofensiva contra las islas, los nacionalistas, con la ayuda de la VII
Flota de Estados Unidos, evacuaron las Tachens. Desde 1958 se ha mantenido
de manera general por ambas partes un alto el fuego en los estrechos, aunque
el régimen comunista nunca ha renunciado a utilizar la fuerza para
conquistar Taiwan.
El Gran Salto adelante La prudencia y planificación que
supuso el primer plan quinquenal fueron abandonadas en gran medida en el
segundo, que comenzó en 1958. Se impusieron controles más
rígidos sobre la economía para incrementar la producción
agrícola, restringir el consumo y acelerar la industrialización;
se trataba en definitiva de realizar un "gran salto adelante", como lo
llamó la propaganda oficial. Sin embargo, a causa de una mala dirección
e inadecuada planificación, el programa fracasó: la economía
se desorganizó y la producción industrial descendió
entre 1959 y 1962 hasta un 50 por ciento.
Creciente aislamiento
La situación empeoró en 1960
con la retirada de la ayuda económica y el consejo técnico
de los soviéticos. Mientras la Unión Soviética avanzaba
hacia una coexistencia pacífica con Occidente, surgieron diferencias
ideológicas entre las dos potencias comunistas hegemónicas.
Su alianza se fue deteriorando con rapidez a comienzos de la década
de 1960 y en 1962 China condenó abiertamente a la URSS por retirar
sus misiles de Cuba ante las presiones de Estados Unidos, manteniendo que
la revolución era el único medio para poder lograr el objetivo
máximo del comunismo: poner fin al capitalismo. En particular, los
chinos acusaron al dirigente soviético Nikita S. Jruschov de revisionismo
moderno y de traicionar la ideología marxista-leninista. Como resultado
de ello, la URSS cortó totalmente su financiación al desarrollo
económico de China. Los chinos comenzaron a competir abiertamente
con la Unión Soviética por la jefatura del bloque comunista
y por la influencia entre los nuevos Estados surgidos de la descolonización;
con este fin Zhou Enlai viajó a Asia y África en 1963 para
obtener el apoyo a China.
En 1959, tropas chinas penetraron y ocuparon
unos 31.000 km2 de territorio que reclamaba la India. Las negociaciones
entre los dos países no fueron concluyentes y de nuevo en 1962 se
iniciaron fuertes enfrentamientos, cuando las tropas chinas avanzaron a
lo largo de las fronteras reclamadas por la India. Aunque posteriormente
los chinos retiraron sus tropas a las posiciones de 1959, la agresión
hizo disminuir el prestigio de China entre los Estados neutrales de Asia
y África. En el Sureste Asiático, China prestó su
apoyo moral así como ayuda técnica y material a los movimientos
comunistas de Laos y Vietnam. Además, en Indonesia, los numerosos
oficiales chinos colaboraron activamente en el fomento de la fracasada
revolución comunista que provocó su expulsión en 1965,
después del triunfo del golpe de Estado militar que colocó
en el poder al general Suharto, y en la que sufrieron enormes pérdidas
de vidas y propiedades.
Birmania y Camboya, aunque mantenían
relaciones de amistad con China, se encontraban más vinculadas con
la Unión Soviética. Tan sólo Albania se mantuvo como
un aliado incondicional de China.
La Revolución Cultural
Mientras los comunistas luchaban por construir
la sociedad china, aparecieron diferencias entre Mao, que favorecía
una ideología comunista pura y los intelectuales, profesionales
y burócratas, que querían un acercamiento más racional
y moderado que animara la eficacia y productividad del país. En
mayo de 1956, los dirigentes del partido preocupados por las críticas
de los moderados, más pragmáticos, lanzaron una campaña
animando a los chinos a "dejar florecer cien flores, dejar luchar a cien
escuelas de pensamiento."
Los intelectuales fueron instados a exponer
sus quejas al sistema para que los problemas pudieran ser identificados
y solucionados. A comienzos de 1957 Mao amplió la campaña
de las "cien flores", invitando a la libre crítica de la política
gubernamental. Se asumió, por supuesto, que tales críticas
se encontrarían dentro del marco del comunismo. Sin embargo en junio
de 1957 se volvieron a imponer estrictos controles sobre la libertad de
expresión, que pusieron fin a la denominada "primavera de Pekín".
Ampliación de la división
La escisión entre Mao y los moderados
se amplió. En 1959 abandonó la presidencia de la República
y le sucedió el moderado Liu Shaoqi; sin embargo, retuvo parte de
su poder. La influencia de Mao se vio disminuida posteriormente por el
fracaso económico que supuso el Gran salto adelante. La escisión
se convirtió en un conflicto público en 1966, cuando Mao
y sus seguidores lanzaron la Revolución Cultural proletaria para
erradicar lo que perdurara de las ideas y costumbres burguesas y para recuperar
el celo revolucionario del primitivo comunismo chino. Mao también
quería debilitar la burocracia del partido, ahora atrincherada en
los privilegios y modernizar el sistema educativo para beneficiar a los
trabajadores rurales y manuales.
Estudiantes autoproclamados guardias rojos,
a los que se unieron grupos de trabajadores, campesinos y soldados desmovilizados,
tomaron las calles para manifestarse a favor de Mao, a veces violentamente,
convirtiendo a los intelectuales, funcionarios estatales y del partido
y trabajadores urbanos en sus principales objetivos. Se desmontó
la estructura central del partido ya que se destituyó a los numerosos
altos dignatarios, entre los que se encontraba el jefe de Estado, Liu,
y se los expulsó del partido. Se cerraron las escuelas y la economía
quedó paralizada.
Tensión internacional
Durante 1967 y 1968 los enfrentamientos
entre maoístas y antimaoístas, así como entre diferentes
facciones de la Guardia Roja, costaron miles de vidas. En algunas zonas
la rebelión condujo a la anarquía. Al final, se tuvo que
recurrir al ejército, dirigido por el ayudante de Mao, Lin Biao,
para restaurar el orden.
La Revolución Cultural tuvo un efecto
adverso sobre las relaciones exteriores. La actitud de la Guardia Roja
inspiró comportamientos similares en Hong Kong que dieron lugar
a un caos económico y social. La propaganda a favor de la Guardia
Roja y la agitación de los chinos residentes en el extranjero dificultaron
las relaciones con muchos Estados, especialmente con la URSS, y la prueba
positiva de una bomba de hidrógeno china en 1967 no hizo sino agravar
la preocupación soviética. La tensión entre las dos
potencias fue aumentando mientras los chinos acusaban a los dirigentes
soviéticos de imperialismo después de que en 1968 la URSS
invadiera Checoslovaquia. En 1969 los crecientes ataques chinos sobre la
policía soviética en el río Ussuri en Manchuria, crearon
una situación explosiva.
En 1971 Estados Unidos retiró su
veto a la incorporación de la República Popular China en
las Naciones Unidas, tras lo cual fue admitida en sustitución de
la República de China (Taiwan). En 1972 el presidente estadounidense
Richard M. Nixon realizó una visita oficial a China, durante la
cual se planteó la necesidad de establecer contactos diplomáticos
entre ambos países como paso previo para una eventual retirada de
las tropas de Estados Unidos de Taiwan. Con este fin, se crearon oficinas
de enlace en Pekín y Washington en 1973; anteriormente, en 1972
se establecieron relaciones diplomáticas con Japón.
Los sucesores de Mao
Tanto el primer ministro Zhou como el presidente
Mao murieron en 1976, dejando un vacío de poder. La muerte de Zhou
precipitó la lucha por el mismo entre los dirigentes radicales y
los moderados. Los radicales obtuvieron su primera victoria al impedir
que Deng Xioaoping fuera elegido primer ministro y al lograr que fuera
expulsado de sus cargos en el gobierno y en el partido. Como solución
de compromiso, Hua Guofeng, un administrador sin lazos cercanos con ninguna
de las facciones enfrentadas, se convirtió en primer ministro. Bajo
su gobierno se impusieron las políticas moderadas. Para consolidar
su posición hizo arrestar y acusó de varios crímenes
a la Banda de los Cuatro -nombre dado por los moderados a la viuda de Mao
Jiang Qing y otros tres dirigentes radicales-. En ese tiempo fue nombrado
sucesor de Mao como presidente del Partido Comunista Chino.
Hua se centró en desarrollar una
política de estabilización, en ayudas para superar los efectos
de los terremotos que habían devastado Tangshan y otras regiones
del norte en julio de 1976 y en favorecer el desarrollo económico.
Para llevar a cabo su programa nombró a dirigentes moderados para
ocupar altos cargos. En 1977 se reinstauró a Deng como primer sustituto
del primer ministro y también en los otros cargos de los que había
sido expulsado, mientras seguidores de la Banda de los Cuatro fueron depurados.
El XXI Congreso del Partido Comunista Chino, celebrado en agosto de 1977,
estuvo dominado por el presidente Huan, el vicepresidente Deng y Ye Jianying.
Nuevamente la dirección fue ocupada por los militares y oficiales
veteranos del partido.
Relaciones internacionales
En enero de 1979 se establecieron relaciones
diplomáticas con Estados Unidos y en julio se realizó un
acuerdo comercial. También se estrecharon los lazos con Japón
y Europa occidental.
La peculiar vía china al capitalismo
Deng Xiaoping fue la figura dominante en
China a lo largo de la década de 1980 y los primeros años
de la de 1990, manteniendo su influencia de forma oculta incluso cuando
cedía sus títulos públicos. Favoreció una política
que permitía el desarrollo comercial e industrial, atrayendo inversiones
extranjeras. Deng y la envejecida cúpula dirigente de China tenían
una posición mucho menos dogmática sobre la política
económica que sobre los temas políticos.
La política desarrollada por Deng
generó un rápido desarrollo económico, pero también
desencadenó una crisis social considerable (las grandes urbes crecieron
a un ritmo mayor que el resto del país, lo que originó graves
desequilibrios entre el campo y la ciudad, así como dentro de las
ciudades) y aspiraciones políticas entre los grupos sociales más
beneficiados por la apertura de consecuencias imprevisibles, pues enseguida
se puso de manifiesto que los máximos dirigentes del país
no tenían la menor intención de comprometer el poder absoluto
del Partido Comunista.
En enero de 1987, Zhao Ziyang fue nombrado
secretario general del Partido Comunista y Hu Yaobang fue obligado a dimitir,
en tanto que Li Peng fue nombrado primer ministro. Los cambios en la jefatura
llegaron tras una ola de manifestaciones estudiantiles que reclamaban una
mayor democratización y libertad de expresión. La muerte
de Hu en abril de 1989 inició una nueva ola de manifestaciones a
favor de la democracia, que aumentaron en mayo cuando el dirigente soviético
Mijail Gorbachov visitó Pekín para poner fin a las desavenencias
entre la URSS y China, que ya duraban treinta años. Los manifestantes
ocuparon la plaza de Tiananmen en Pekín hasta la mañana del
4 de junio, en que las tropas armadas tomaron al asalto el centro de la
ciudad, matando al menos a cuatrocientos civiles.
Gran parte de la comunidad internacional
criticó la forma violenta en que se resolvió el conflicto
y la posterior vulneración de los derechos humanos que tuvo lugar
contra aquéllos que participaron en la protesta. En el posterior
periodo de represión política, Zhao Ziyang fue despojado
de sus cargos en el partido y Jiang Zemin se convirtió en secretario
general. La VIII reunión de la Asamblea Nacional Popular eligió
en marzo de 1993 a Jiang como presidente de China y reeligió a Li
Peng como jefe de gobierno.
Jiang Zemin tuvo que enfrentarse, como
máximo dirigente del país, a graves problemas: pérdida
de influencia del Partido Comunista, incremento de la inflación
y del déficit comercial, aumento de las diferencias económicas
entre las distintas regiones (lo que lleva aparejado diferencias sociales),
corrupción generalizada entre los empleados públicos y empeoramiento
de las relaciones con algunos países occidentales, debido fundamentalmente
al quebrantamiento de los derechos humanos. En este sentido, la entrega
o devolución (según el punto de vista) de Hong Kong a China
es un posible elemento de tensión entre las potencias occidentales
y el 'gigante asiático', como ya se está viendo en algunas
primeras -y muy significativa- tempestades bursátiles y económicas.
Jiang desarrolló grandes esfuerzos
para resolver estos asuntos, realizando una gestión en la que la
eficacia fue el principio básico de actuación. En abril de
1995 consiguió que el Comité Central destituyera por el cargo
de corrupción al poderoso alcalde de Pekín, Chen Xitong.
La inflación se redujo del 22% en 1994 a menos del 15% en 1995,
gracias a la aplicación de medidas tales como el control de precios
y el incremento de la producción agrícola. Jiang fortaleció
su base de apoyo nombrando aliados en Shanghai, si bien el respaldo hacia
su figura dentro del estamento militar fue considerado menos firme.
Aunque Jiang ha seguido la línea
ideológica marcada por Deng (que podría resumirse en el principio
de 'apertura económica sin cambio político'), ha procurado,
no obstante, dejar su impronta en la acción de gobierno y reafirmarse
como líder por derecho propio. Así, en el campo económico,
favoreció la liberalización en la línea establecida
por Deng, pero a un ritmo más moderado, prestando mayor atención
a las consecuencias negativas que el desarrollo económico puede
tener entre la población.
Con la muerte de Deng Xiaoping el 19 de
febrero de 1997, Jiang Zemin, en su condición de presidente de la
República y jefe de las Fuerzas Armadas, se convirtió en
la figura indiscutible de la escena política china.
¿Y ahora?
Todas las respuestas están implícitas
en los datos antes expuestos. Teóricamente China sigue siendo "un
país comunista", pero en la práctica el comunismo chino se
ha revertido a la Gran Tradición imperial e imperialista que ha
seguido China desde siempre y al Pragmastismo económico y social
tradicional de la cultura popular de esta nación inmensa, transformándose
sin declaraciones expresas en "un país capitalista moderado y neoliberal,
con un fuerte rechazo a la ingerencia de las megaempresas multinacionales
y a su ambigua ideología democrática tan rentable para el
imperialismo económico occidental". El entrecomillado es enteramente
mío, pero la idea que encierra es enteramente china.
Todo dependerá de que Estados Unidos
no cometa ningún error, intentando oponerse violentamente al desarrollo
expansivo inexorable que el mayor núcleo de Humanidad viene metabolizando
desde hace miles de años. Porque China es su propia fuente en Ideas
y en recursos y en modos colectivos de ser y de hacer, -y no se dejará
jamás "evangelizar" por el Sueño Americano-.
Por eso veo que quiérase o no el
próximo milenio tendrá un claro tinte amarillo en todo Asia
y en gran parte del mundo, pacífico y laborioso, pero ajeno y extraño
y refractario a los usos y costumbres y pensamientos de la cultura judeocristiana
occidental, -y en cierto modo aliado al mundo árabe-. (No olvidemos
que en China viven setentaitántos millones de musulmanes).
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