Casi Nada - WebZine- Indice enero 1998 - Indice General Temático - Páginas Centrales
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La China moderna
 
 
¿Puede una mente occidental imaginarse un barco de mármol? Pues eso es China, -y sin embargo, flota-.
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La República de China mantuvo una frágil existencia desde 1912 hasta 1949. Aunque se adoptó una Constitución y se estableció un Parlamento en 1912, Yuan Shikai nunca permitió que estas instituciones limitaran su control personal del gobierno. Cuando el recién fundado Partido Nacionalista, o Guomindang, encabezado por Sun Yat-sen, intentó reducir el poder de Yuan, primero mediante tácticas parlamentarias y luego con la fracasada revolución de 1913, Yuan respondió con la disolución del Parlamento, la ilegalidad del Guomindang y el gobierno a través de sus conexiones personales con los dirigentes militares provinciales. Sun Yat-sen se refugió en Japón. Yuan, sin embargo, se vio forzado por la oposición popular a abandonar sus planes de restaurar el imperio y convertirse en emperador. Murió en 1916, y el poder político fue ejercido por los jefes militares provinciales. El gobierno central mantuvo hasta 1927 una existencia precaria y casi ficticia.
 

Durante la I Guerra Mundial (1914-1918), Japón buscó obtener una posición de supremacía incuestionable en China. En 1915 presentó a China las denominadas "Veintiuna Demandas", cuyos términos habrían reducido China a un virtual protectorado japonés. China, flexible ante una versión modificada de las demandas, accedió, entre otras concesiones, a transferir las posesiones alemanas en Shandong a Japón. La tardía entrada de China en la guerra en 1917 estaba destinada a conseguir participar en el futuro tratado de paz para revisar las ambiciosas peticiones japonesas. China esperaba que Estados Unidos, de acuerdo con su política de puertas abiertas, le ofreciera su apoyo. Sin embargo, en Versalles, el presidente estadounidense Woodrow Wilson retiró el apoyo de su país a China en el tema de Shandong, cuando Japón retiró sus demandas de una cláusula de igualdad racial en el Pacto de la Sociedad de Naciones, una disposición a la que se oponían duramente en Estados Unidos a causa de la posibilidad de que hubiera una afluencia ilimitada de mano de obra desde oriente. La delegación china, indignada, se negó a firmar el Tratado de Versalles. Sin embargo, China obtuvo posteriormente su admisión en la Sociedad de Naciones a partir de la firma de un tratado de paz por separado con Austria.
 

Los jóvenes e intelectuales chinos, que en la década precedente habían vuelto sus ojos cada vez más hacia Occidente, en busca de modelos e ideales para la reforma de China, se sintieron traicionados por Wilson en Versalles. Cuando estas noticias llegaron, se inició en la Universidad de Pekín una manifestación masiva de protesta en contra de los japoneses, el llamado 'Movimiento del Cuatro de Mayo', que se extendió por todo el país en 1919.
 

El Guomindang y el ascenso del Partido Comunista 
 

Tras ser sofocado, siguió un periodo de examen y reajuste, desde el cual surgieron dos objetivos claros: deshacerse del imperialismo que se cernía sobre China y restablecer la unidad nacional. Los chinos estaban desilusionados por el cínico interés de los poderes imperialistas occidentales y se fueron acercando progresivamente al pensamiento marxista-leninista y a la Unión Soviética. El Partido Comunista chino se fundó en Shanghai en 1921, contando entre sus primeros miembros con Mao Zedong. En 1923 Sun Yat-sen aceptó el consejo soviético para reorganizar un Guomindang en proceso de desintegración, y fortalecer sus débiles fuerzas militares. Al mismo tiempo aceptó el ingreso de comunistas en el Guomindang. Los principios ideológicos de Sun (nacionalismo, democracia y socialismo) estaban íntimamente relacionados con un espíritu antiimperialista y la defensa de la unificación nacional. A pesar de la muerte de Sun en 1925, el rejuvenecido Guomindang, bajo el mandato del joven general Jiang Jieshi, lanzó una expedición militar en 1926 desde su base de Cantón. Jiang buscaba reunificar China bajo el mandato del Guomindang y liberar al país del imperialismo y de la fuerza de los jefes militares provinciales (los llamados señores de la guerra). No obstante, antes de que el Guomindang completara la reunificación territorial de China ya en 1928, Jiang llevó a cabo una cruenta purga de los miembros comunistas del partido, y desde entonces confió en el apoyo de las clases propietarias y de las potencias extranjeras.
 

La II Guerra Mundial 
 

En 1937 Japón y China comenzaron una guerra a gran escala como resultado de una escaramuza en el puente de Marco Polo, cerca de Pekín. Hacia 1938 Japón controlaba la mayor parte del noreste de China, interior del valle del Yang-tsê hasta Hankou, y la zona alrededor de Cantón en la costa sureste. El Guomindang cambió su capital y desplazó la mayor parte de su fuerza militar al interior a Chongqing en la provincia suroccidental de Sichuan.
 

Durante la II Guerra Mundial (1939-1945), el gobierno del Guomindang en Chonqing sufrió un importante debilitamiento militar y financiero mientras los comunistas, con su cuartel general en Yan'an, expandían de manera significativa sus bases territoriales y sus fuerzas militares gracias al aumento de la militancia en el partido. Después de haber sufrido importantes pérdidas humanas y materiales durante la batalla por la China oriental en 1937 y 1938, los mandos del ejército del Guomindang se reabastecieron con reclutas mal entrenados; además, el reequipamiento de estos ejércitos hubo de posponerse hasta 1945, año en que llegaron al gobierno nacionalista los primeros envíos a gran escala de material militar estadounidense. No sólo estaban muy debilitadas las fuerzas militares del gobierno del Guomindang después de 1938 sino que también la jefatura estaba desgarrada por las múltiples disidencias en su seno. Estos problemas se complicaron con unas condiciones de inflación creciente que comenzó en 1939, cuando el gobierno se desligó de su mayor fuente de ingresos en la China oriental ocupada por los japoneses. A pesar de la importante ayuda financiera estadounidense, la tendencia inflacionista empeoró con el posterior crecimiento de la corrupción oficial, pérdida de la moral entre las tropas y entre la población civil.
 

Por otro lado, los comunistas se habían dispersado desde Yan'an, ocupando una gran parte del norte de China y se habían infiltrado en muchas de las regiones rurales por la retaguardia de las líneas japonesas. Allí organizaron hábilmente a los campesinos para que ingresaran en las filas del Partido Comunista y del Ejército Rojo. La unidad y la disciplina organizativa se mantuvieron a través de una fuerte campaña de propaganda ideológica. Las fuerzas soviéticas, que ocuparon Manchuria tras la declaración de guerra a Japón el 8 de agosto de 1945, entregaron a los comunistas gran cantidad de armas capturadas a los japoneses. Como resultado de ello, los comunistas salieron de la II Guerra Mundial con una fuerza más fuerte, disciplinada y equipada que antes.
 

La lucha por la supremacía entre el Guomindang y el Partido Comunista 
 

En 1945, poco después de que Japón capitulara, estalló la lucha entre los comunistas y las tropas del Guomindang por el control de Manchuria. Se alcanzó una tregua temporal en 1946 a través de la mediación del general estadounidense George C. Marshall. Aunque de inmediato se reanudó la lucha, Marshall continuó sus esfuerzos para unir a las dos partes. En agosto de 1946, Estados Unidos intentó reforzar el papel de Marshall como mediador imparcial al suspender su ayuda militar al gobierno nacionalista. No obstante, las hostilidades continuaron y en enero de 1947, convencidos de la inutilidad de proseguir la mediación, Marshall abandonó China. Muy pronto el conflicto estalló en una guerra civil a gran escala y desaparecieron todas las esperanzas de un acercamiento político. En mayo de 1947, se reanudó la ayuda estadounidense a los nacionalistas. Sin embargo, las fuerzas gubernamentales estaban agotadas tras dos décadas de un estado de guerra casi continuo, el mando estaba dividido por la desunión interna y la economía estaba paralizada por una espiral inflacionista; además, los campesinos recelaban de una prometida reforma agraria que no llegaba nunca, mientras que los liberales en el gobierno eran sometidos por los sectores más conservadores. En 1947 la iniciativa militar pasó a los comunistas cuyo Ejército de Liberación Popular (nombre oficial) dirigido por Lin Biao derrotó a los nacionalistas en Manchuria y en el verano de 1949, la resistencia nacionalista se derrumbó. El gobierno, con las fuerzas que pudo recuperar, buscó refugio en la isla de Taiwan.
 

En septiembre de 1949 los comunistas reunieron la Conferencia Consultiva Popular Política China, un cuerpo constituyente de 662 miembros, que adoptó un grupo de principios y directrices políticas y una ley orgánica para gobernar el país. La conferencia eligió al Consejo de Gobierno Central Popular, que iba a servir de órgano supremo político. Mao Zedong, nombrado presidente de este organismo, era de hecho el jefe del Estado. De acuerdo con los poderes que había delegado en él la conferencia, el Consejo de Gobierno Central Popular instituyó los diferentes órganos de gobierno central y local. En el plano nacional, el Consejo Administrativo de Gobierno, encabezado por Zhou Enlai, llevó a cabo funciones de gobierno tanto legislativas como ejecutivas. Subordinados al Consejo se encontraban más de 30 comisiones y ministerios encargados de tratar diferentes aspectos de los asuntos estatales. La República Popular China fue oficialmente proclamada el 1 de octubre de 1949.
 

La República Popular 
 

En 1953 después de que el control comunista se hubiera establecido con firmeza en la mayoría de las poblaciones, el Consejo de Gobierno Central Popular inició la elección de los congresos populares locales, que a su vez, eligieron los congresos del ámbito administrativo inmediatamente superior. En 1954 se completó la red de congresos electos, con la elección del Congreso Nacional Popular, que aprobó el borrador de la Constitución que se envió al Comité Central del Partido Comunista Chino.
 

La Constitución de 1954, que reemplazó a la Ley Orgánica de 1949 como la ley fundamental del país, confirmó la hegemonía del Partido Comunista Chino e introdujo cambios destinados a centralizar el control del gobierno.
 

La transformación de la sociedad

La política básica del régimen comunista fue transformar China en una sociedad socialista. Para alcanzar este fin se utilizaron ampliamente la educación en los principios del marxismo-leninismo y la propaganda política, en especial hacia los jóvenes. Se aseguró a las mujeres una posición de igualdad mediante las nuevas leyes de matrimonio, que pusieron fin a la práctica del concubinato, la poligamia, la venta de niños y la interferencia en los nuevos matrimonios de las viudas, y aseguraban derechos iguales respecto al empleo, propiedad de los bienes y divorcio. Se controló estrictamente la religión; se obligó a los misioneros extranjeros a salir del país y se colocó a clérigos chinos dispuestos a cooperar con los comunistas, al mando de las iglesias cristianas. Los intelectuales se vieron sujetos al control gubernativo dirigido a la erradicación de las ideas anticomunistas.
 

En los primeros años de la República Popular, el gobierno también recurrió al terror en sus esfuerzos por eliminar a toda la oposición y a los enemigos potenciales; en 1951, las autoridades de Pekín afirmaron que entre octubre de 1949 y octubre de 1950, se ejecutó a más de un millón de los denominados elementos contrarrevolucionarios. Algunas autoridades extranjeras estimaron que esos datos podrían haberse incrementado a finales de 1951 a dos millones.
 

Política económica

La primera acción de los comunistas fue reconstruir la economía, que se había visto afectada por las consecuencias de las décadas de guerra continua. Inmediatamente instituyeron medidas severas para controlar la inflación, restaurar las comunicaciones y restablecer el orden interno necesario para el desarrollo económico. Su política económica potenció la colectivización agrícola para poder promocionar el ahorro necesario para el establecimiento de la industria pesada. La industria privada pasó gradualmente a estar bajo propiedad mixta estatal y privada. El control del Estado fue ejercido mediante una serie de programas que implicaban la incautación de los considerados sectores económicos básicos y la paulatina desaparición de algunos propietarios mediante pagos compensatorios fijos. La reforma agraria se inició en 1950 y fue seguida de la creación de equipos de ayuda mutua, cooperativas y granjas colectivas. El primer plan quinquenal, que se inició en 1953 y se llevó a cabo con ayuda soviética, potenció la industria pesada a costa de los bienes de consumo. La ayuda económica y el consejo técnico soviético contribuyeron en gran manera al éxito inmediato del programa.
 

Política exterior 
 

La política exterior china reflejaba la unidad existente en el movimiento comunista internacional en la década de 1950. China y la Unión Soviética firmaron un tratado de amistad y alianza en 1950 y varios acuerdos complementarios, que concluyeron en 1952 y 1954, por los que la Unión Soviética hizo grandes concesiones a China, como la desaparición de la presencia soviética en Manchuria. China también pretendió estrechar relaciones con sus vecinos comunistas. Durante la guerra de Corea las tropas chinas ayudaron al régimen comunista de Corea del Norte contra las fuerzas de Naciones Unidas, enfrentándose directamente a las tropas de Estados Unidos. Cuando este conflicto finalizó en 1953, los chinos aceleraron el flujo de la ayuda militar a los insurgentes comunistas que luchaban contra los franceses en Indochina. Zhou Enlai desempeñó un importante papel en las negociaciones de los Acuerdos de Ginebra de 1954, que terminaron momentáneamente con las hostilidades en esta región.
 

Con su llegada al poder, el régimen comunista también intentó recuperar los territorios que consideraba dentro de las fronteras históricas de China. En 1950, las tropas chinas invadieron Tíbet y obligaron al país a aceptar el mandato chino. En agosto de 1954, Zhou Enlai declaró oficialmente que la liberación de Taiwan era uno de sus principales objetivos, mientras que desde el campo nacionalista se insistía también en volver a unificar el país. Los comunistas comenzaron a bombardear a principios de septiembre la isla de Quemoy, que se encontraba en manos de los nacionalistas, y posteriormente atacaron otras islas más allá de la costa de la China continental, entre las que se contaban Matsu y las Tachens. Los nacionalistas respondieron con ataques aéreos y navales contra el continente. Cuando en 1955 los comunistas intensificaron su ofensiva contra las islas, los nacionalistas, con la ayuda de la VII Flota de Estados Unidos, evacuaron las Tachens. Desde 1958 se ha mantenido de manera general por ambas partes un alto el fuego en los estrechos, aunque el régimen comunista nunca ha renunciado a utilizar la fuerza para conquistar Taiwan.
 

El Gran Salto adelante

La prudencia y planificación que supuso el primer plan quinquenal fueron abandonadas en gran medida en el segundo, que comenzó en 1958. Se impusieron controles más rígidos sobre la economía para incrementar la producción agrícola, restringir el consumo y acelerar la industrialización; se trataba en definitiva de realizar un "gran salto adelante", como lo llamó la propaganda oficial. Sin embargo, a causa de una mala dirección e inadecuada planificación, el programa fracasó: la economía se desorganizó y la producción industrial descendió entre 1959 y 1962 hasta un 50 por ciento.
 

Creciente aislamiento 
 

La situación empeoró en 1960 con la retirada de la ayuda económica y el consejo técnico de los soviéticos. Mientras la Unión Soviética avanzaba hacia una coexistencia pacífica con Occidente, surgieron diferencias ideológicas entre las dos potencias comunistas hegemónicas. Su alianza se fue deteriorando con rapidez a comienzos de la década de 1960 y en 1962 China condenó abiertamente a la URSS por retirar sus misiles de Cuba ante las presiones de Estados Unidos, manteniendo que la revolución era el único medio para poder lograr el objetivo máximo del comunismo: poner fin al capitalismo. En particular, los chinos acusaron al dirigente soviético Nikita S. Jruschov de revisionismo moderno y de traicionar la ideología marxista-leninista. Como resultado de ello, la URSS cortó totalmente su financiación al desarrollo económico de China. Los chinos comenzaron a competir abiertamente con la Unión Soviética por la jefatura del bloque comunista y por la influencia entre los nuevos Estados surgidos de la descolonización; con este fin Zhou Enlai viajó a Asia y África en 1963 para obtener el apoyo a China.
 

En 1959, tropas chinas penetraron y ocuparon unos 31.000 km2 de territorio que reclamaba la India. Las negociaciones entre los dos países no fueron concluyentes y de nuevo en 1962 se iniciaron fuertes enfrentamientos, cuando las tropas chinas avanzaron a lo largo de las fronteras reclamadas por la India. Aunque posteriormente los chinos retiraron sus tropas a las posiciones de 1959, la agresión hizo disminuir el prestigio de China entre los Estados neutrales de Asia y África. En el Sureste Asiático, China prestó su apoyo moral así como ayuda técnica y material a los movimientos comunistas de Laos y Vietnam. Además, en Indonesia, los numerosos oficiales chinos colaboraron activamente en el fomento de la fracasada revolución comunista que provocó su expulsión en 1965, después del triunfo del golpe de Estado militar que colocó en el poder al general Suharto, y en la que sufrieron enormes pérdidas de vidas y propiedades. 
 

Birmania y Camboya, aunque mantenían relaciones de amistad con China, se encontraban más vinculadas con la Unión Soviética. Tan sólo Albania se mantuvo como un aliado incondicional de China.
 

La Revolución Cultural 
 

Mientras los comunistas luchaban por construir la sociedad china, aparecieron diferencias entre Mao, que favorecía una ideología comunista pura y los intelectuales, profesionales y burócratas, que querían un acercamiento más racional y moderado que animara la eficacia y productividad del país. En mayo de 1956, los dirigentes del partido preocupados por las críticas de los moderados, más pragmáticos, lanzaron una campaña animando a los chinos a "dejar florecer cien flores, dejar luchar a cien escuelas de pensamiento." 
 

Los intelectuales fueron instados a exponer sus quejas al sistema para que los problemas pudieran ser identificados y solucionados. A comienzos de 1957 Mao amplió la campaña de las "cien flores", invitando a la libre crítica de la política gubernamental. Se asumió, por supuesto, que tales críticas se encontrarían dentro del marco del comunismo. Sin embargo en junio de 1957 se volvieron a imponer estrictos controles sobre la libertad de expresión, que pusieron fin a la denominada "primavera de Pekín".
 

Ampliación de la división 
 

La escisión entre Mao y los moderados se amplió. En 1959 abandonó la presidencia de la República y le sucedió el moderado Liu Shaoqi; sin embargo, retuvo parte de su poder. La influencia de Mao se vio disminuida posteriormente por el fracaso económico que supuso el Gran salto adelante. La escisión se convirtió en un conflicto público en 1966, cuando Mao y sus seguidores lanzaron la Revolución Cultural proletaria para erradicar lo que perdurara de las ideas y costumbres burguesas y para recuperar el celo revolucionario del primitivo comunismo chino. Mao también quería debilitar la burocracia del partido, ahora atrincherada en los privilegios y modernizar el sistema educativo para beneficiar a los trabajadores rurales y manuales.
 

Estudiantes autoproclamados guardias rojos, a los que se unieron grupos de trabajadores, campesinos y soldados desmovilizados, tomaron las calles para manifestarse a favor de Mao, a veces violentamente, convirtiendo a los intelectuales, funcionarios estatales y del partido y trabajadores urbanos en sus principales objetivos. Se desmontó la estructura central del partido ya que se destituyó a los numerosos altos dignatarios, entre los que se encontraba el jefe de Estado, Liu, y se los expulsó del partido. Se cerraron las escuelas y la economía quedó paralizada.
 

Tensión internacional 
 

Durante 1967 y 1968 los enfrentamientos entre maoístas y antimaoístas, así como entre diferentes facciones de la Guardia Roja, costaron miles de vidas. En algunas zonas la rebelión condujo a la anarquía. Al final, se tuvo que recurrir al ejército, dirigido por el ayudante de Mao, Lin Biao, para restaurar el orden.
 

La Revolución Cultural tuvo un efecto adverso sobre las relaciones exteriores. La actitud de la Guardia Roja inspiró comportamientos similares en Hong Kong que dieron lugar a un caos económico y social. La propaganda a favor de la Guardia Roja y la agitación de los chinos residentes en el extranjero dificultaron las relaciones con muchos Estados, especialmente con la URSS, y la prueba positiva de una bomba de hidrógeno china en 1967 no hizo sino agravar la preocupación soviética. La tensión entre las dos potencias fue aumentando mientras los chinos acusaban a los dirigentes soviéticos de imperialismo después de que en 1968 la URSS invadiera Checoslovaquia. En 1969 los crecientes ataques chinos sobre la policía soviética en el río Ussuri en Manchuria, crearon una situación explosiva.
 

En 1971 Estados Unidos retiró su veto a la incorporación de la República Popular China en las Naciones Unidas, tras lo cual fue admitida en sustitución de la República de China (Taiwan). En 1972 el presidente estadounidense Richard M. Nixon realizó una visita oficial a China, durante la cual se planteó la necesidad de establecer contactos diplomáticos entre ambos países como paso previo para una eventual retirada de las tropas de Estados Unidos de Taiwan. Con este fin, se crearon oficinas de enlace en Pekín y Washington en 1973; anteriormente, en 1972 se establecieron relaciones diplomáticas con Japón.
 

Los sucesores de Mao 
 

Tanto el primer ministro Zhou como el presidente Mao murieron en 1976, dejando un vacío de poder. La muerte de Zhou precipitó la lucha por el mismo entre los dirigentes radicales y los moderados. Los radicales obtuvieron su primera victoria al impedir que Deng Xioaoping fuera elegido primer ministro y al lograr que fuera expulsado de sus cargos en el gobierno y en el partido. Como solución de compromiso, Hua Guofeng, un administrador sin lazos cercanos con ninguna de las facciones enfrentadas, se convirtió en primer ministro. Bajo su gobierno se impusieron las políticas moderadas. Para consolidar su posición hizo arrestar y acusó de varios crímenes a la Banda de los Cuatro -nombre dado por los moderados a la viuda de Mao Jiang Qing y otros tres dirigentes radicales-. En ese tiempo fue nombrado sucesor de Mao como presidente del Partido Comunista Chino.
 

Hua se centró en desarrollar una política de estabilización, en ayudas para superar los efectos de los terremotos que habían devastado Tangshan y otras regiones del norte en julio de 1976 y en favorecer el desarrollo económico. Para llevar a cabo su programa nombró a dirigentes moderados para ocupar altos cargos. En 1977 se reinstauró a Deng como primer sustituto del primer ministro y también en los otros cargos de los que había sido expulsado, mientras seguidores de la Banda de los Cuatro fueron depurados. El XXI Congreso del Partido Comunista Chino, celebrado en agosto de 1977, estuvo dominado por el presidente Huan, el vicepresidente Deng y Ye Jianying. Nuevamente la dirección fue ocupada por los militares y oficiales veteranos del partido.
 

Relaciones internacionales
 

En enero de 1979 se establecieron relaciones diplomáticas con Estados Unidos y en julio se realizó un acuerdo comercial. También se estrecharon los lazos con Japón y Europa occidental.
 

La peculiar vía china al capitalismo 
 

Deng Xiaoping fue la figura dominante en China a lo largo de la década de 1980 y los primeros años de la de 1990, manteniendo su influencia de forma oculta incluso cuando cedía sus títulos públicos. Favoreció una política que permitía el desarrollo comercial e industrial, atrayendo inversiones extranjeras. Deng y la envejecida cúpula dirigente de China tenían una posición mucho menos dogmática sobre la política económica que sobre los temas políticos.
 

La política desarrollada por Deng generó un rápido desarrollo económico, pero también desencadenó una crisis social considerable (las grandes urbes crecieron a un ritmo mayor que el resto del país, lo que originó graves desequilibrios entre el campo y la ciudad, así como dentro de las ciudades) y aspiraciones políticas entre los grupos sociales más beneficiados por la apertura de consecuencias imprevisibles, pues enseguida se puso de manifiesto que los máximos dirigentes del país no tenían la menor intención de comprometer el poder absoluto del Partido Comunista.
 

En enero de 1987, Zhao Ziyang fue nombrado secretario general del Partido Comunista y Hu Yaobang fue obligado a dimitir, en tanto que Li Peng fue nombrado primer ministro. Los cambios en la jefatura llegaron tras una ola de manifestaciones estudiantiles que reclamaban una mayor democratización y libertad de expresión. La muerte de Hu en abril de 1989 inició una nueva ola de manifestaciones a favor de la democracia, que aumentaron en mayo cuando el dirigente soviético Mijail Gorbachov visitó Pekín para poner fin a las desavenencias entre la URSS y China, que ya duraban treinta años. Los manifestantes ocuparon la plaza de Tiananmen en Pekín hasta la mañana del 4 de junio, en que las tropas armadas tomaron al asalto el centro de la ciudad, matando al menos a cuatrocientos civiles. 
 

Gran parte de la comunidad internacional criticó la forma violenta en que se resolvió el conflicto y la posterior vulneración de los derechos humanos que tuvo lugar contra aquéllos que participaron en la protesta. En el posterior periodo de represión política, Zhao Ziyang fue despojado de sus cargos en el partido y Jiang Zemin se convirtió en secretario general. La VIII reunión de la Asamblea Nacional Popular eligió en marzo de 1993 a Jiang como presidente de China y reeligió a Li Peng como jefe de gobierno.
 

Jiang Zemin tuvo que enfrentarse, como máximo dirigente del país, a graves problemas: pérdida de influencia del Partido Comunista, incremento de la inflación y del déficit comercial, aumento de las diferencias económicas entre las distintas regiones (lo que lleva aparejado diferencias sociales), corrupción generalizada entre los empleados públicos y empeoramiento de las relaciones con algunos países occidentales, debido fundamentalmente al quebrantamiento de los derechos humanos. En este sentido, la entrega o devolución (según el punto de vista) de Hong Kong a China es un posible elemento de tensión entre las potencias occidentales y el 'gigante asiático', como ya se está viendo en algunas primeras -y muy significativa- tempestades bursátiles y económicas.
 

Jiang desarrolló grandes esfuerzos para resolver estos asuntos, realizando una gestión en la que la eficacia fue el principio básico de actuación. En abril de 1995 consiguió que el Comité Central destituyera por el cargo de corrupción al poderoso alcalde de Pekín, Chen Xitong. La inflación se redujo del 22% en 1994 a menos del 15% en 1995, gracias a la aplicación de medidas tales como el control de precios y el incremento de la producción agrícola. Jiang fortaleció su base de apoyo nombrando aliados en Shanghai, si bien el respaldo hacia su figura dentro del estamento militar fue considerado menos firme.
 

Aunque Jiang ha seguido la línea ideológica marcada por Deng (que podría resumirse en el principio de 'apertura económica sin cambio político'), ha procurado, no obstante, dejar su impronta en la acción de gobierno y reafirmarse como líder por derecho propio. Así, en el campo económico, favoreció la liberalización en la línea establecida por Deng, pero a un ritmo más moderado, prestando mayor atención a las consecuencias negativas que el desarrollo económico puede tener entre la población.
 

Con la muerte de Deng Xiaoping el 19 de febrero de 1997, Jiang Zemin, en su condición de presidente de la República y jefe de las Fuerzas Armadas, se convirtió en la figura indiscutible de la escena política china.
 

¿Y ahora?
 

Todas las respuestas están implícitas en los datos antes expuestos. Teóricamente China sigue siendo "un país comunista", pero en la práctica el comunismo chino se ha revertido a la Gran Tradición imperial e imperialista que ha seguido China desde siempre y al Pragmastismo económico y social tradicional de la cultura popular de esta nación inmensa, transformándose sin declaraciones expresas en "un país capitalista moderado y neoliberal, con un fuerte rechazo a la ingerencia de las megaempresas multinacionales y a su ambigua ideología democrática tan rentable para el imperialismo económico occidental". El entrecomillado es enteramente mío, pero la idea que encierra es enteramente china.
 

Todo dependerá de que Estados Unidos no cometa ningún error, intentando oponerse violentamente al desarrollo expansivo inexorable que el mayor núcleo de Humanidad viene metabolizando desde hace miles de años. Porque China es su propia fuente en Ideas y en recursos y en modos colectivos de ser y de hacer, -y no se dejará jamás "evangelizar" por el Sueño Americano-.
 

Por eso veo que quiérase o no el próximo milenio tendrá un claro tinte amarillo en todo Asia y en gran parte del mundo, pacífico y laborioso, pero ajeno y extraño y refractario a los usos y costumbres y pensamientos de la cultura judeocristiana occidental, -y en cierto modo aliado al mundo árabe-. (No olvidemos que en China viven setentaitántos millones de musulmanes).
 
 

Manú Hamilton   Pagina de este autor
 

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