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Fauna fluvial de los grandes ríos de América del Sur
Pesos Pesados de las vertientes del Orinoco y Amazonas
 
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El Toruno  
(Pseudopimelodus raninus).  
150 Kg y 2 mts  
(fotografía grande, 61 KB)
Orinoquia, pradera inmensa, desplaza 265.700 km², se tiende de los Andes hacia el Este, son los "Llanos Orientales" de Colombia y Venezuela, los comanda el extenso Orinoco que recorre 2.200 Km  

La alta productividad biológica del área es propiciada por dos aspectos significativos del clima: las temperaturas cálidas (media mensual de 24 grados con poca variación anual) y la fluctuación anual del nivel del agua.  

Estas circunstancias, unidas a la intercomunicación del río Amazonas, originada en tiempos modernos por la anastomosis del río, especialmente durante la crecida, ha facilitado el intercambio de peces entre varias cuencas, tal como se puede apreciar, en un mapa, el caso del río Negro (afluente del Amazonas) y del Orinoco a través del río Casiquiare (Menezes, 1969, Roberts, 1972).  

Amazonia, sus 7 millones de km² de cuenca, y un recorrido de 6.771 Km, con innumerables cursos de agua fluyendo a través de una inmensa gama de suelos y vegetación, ofrece abundantes "nichos" terrestres y acuáticos que albergan más especies de peces que ningún otro sistema fluvial.  

De ahí que la Amazonia y Orinoquia sean las zonas más ricas del mundo en ictiofauna de agua dulce, más de 2.000 especies (Agassiz, 1874, Sioli, 1975), en contraste con el Congo que tiene sólo 560 especies conocidas y el Mississippi con 250 especies (Roberts, 1972).  

La principal actividad en estas cuencas es la pesca. Desdichadamente, la exuberancia misma del trópico y variedad fabulosa de especies han precipitado una explotación comercial y pseudo-deportiva que sólo beneficia intereses transitorios particulares. Por esta causa, muchos ríos, que se caracterizaban por su riqueza en recursos pesqueros, han sido asolados principalmente por el empleo de la dinamita, y por la extracción incontrolada de especies ornamentales y voluminosas para exportación. Brasil exporta el Valentón o Piramutaba -mediante la práctica de la pesca con redes de arrastre- a Estados Unidos en donde su carne, muy cotizada, es similar al Catfish del Mississippi.  

Estas últimas fronteras del mundo sufren una irreversible alteración por la pesca indiscriminada, por el envenenamiento de las aguas con residuos industriales y pesticidas, y por la destrucción de las cuencas con la tala anual de 100.000 km². 

El  Valentón-Orinoquia o Pirahiba-Amazonas o Piramutaba-Brasil, (Brachyplatystoma Vaillanti), es el silúrido más grande del Nuevo Mundo. Los especímenes adultos superan los 250 kg. y 3 mts de longitud

(Fotografía grande, 27 KB)

 

Entre los peces sin escamas que comprende el orden Nematognathi, la familia de los silúridos, caracterizados por las barbillas (apéndices blandos y filiformes que crecen en sus mandíbulas) están representados en Sur América por más de 20 especies.  

La supremacía de las aguas dulces de Sudamérica la comparten varios colosos de las vertientes del Orinoco y Amazonas - todavía abundantes, y son indudablemente los peces de mayor importancia económica de la Orinoquia y Amazonia: El Valentón, los Torunos y el famoso Pirarucú del Amazonas (Arapaiena Gigas) de la familia Osteoglossidae, que de adulto alcanza los 200 kg. y 3 mts.  

El Valentón es un silúrido de cabeza grande, ojos relativamente pequeños situados en el centro del cráneo y tres pares de barbillas sensitivas, tiene el cuerpo revestido por una piel lisa y brillante, desprovista de escamas y placas, cubierta de una secreción mucoide semitransparente. Los dientes, dispuestos en dobles parches son viliformes. El adulto pesa más de 250 Kg y 3 mts.  

Los silúridos cazan día y noche aunque se muestran más activos de noche. Devoran peces de escama y peces nematognatos de tamaño menor. En el Amazonas y muchos de sus grandes afluentes, durante el verano, es posible contemplar en los ríos los espectaculares saltos del Valentón. Peces de hasta 200 Kg surgen nítidamente del agua y se muestran al sol en toda su magnífica corpulencia, al caer nuevamente al agua, un golpe sordo se escucha a varios centenares de metros.  

Algunos pescadores profesionales aseguran que tratar de frenar a un Valentón adulto con un nylon de 80 a 100 libras equivale a oponerse a la marcha de un camión de 10 toneladas con una débil soga de lino.  

A diferencia de Norteamérica y Europa, donde la pesca deportiva sólo es posible con múltiples restricciones y un número reducido de especies, en las cuencas del Orinoco y Amazonas "todavía" se pueden capturar sin limitaciones de cantidad éstos voluminosos especímenes que serían considerados mundialmente como trofeos deportivos de primera clase.  

Sin embargo, los ribereños del Amazonas y río Negro desarrollan la pesca como una actividad de subsistencia. Estos silúridos suelen refugiarse en cavernas subacuáticas o empalizadas. La turbidez de los grandes ríos y el peligro de las corrientes y empalizadas hacen su manejo en extremo difícil.  

Los pescadores emplean gruesos guarales de nylon resistente, colocando grandes anzuelos atados a cuerdas, a unos 30 mts de la orilla, con carnada viva de peces grandes de escama. Esperan durante horas a que el Valentón se agote de luchar, se acercan y lo rematan a palos antes de que lo hagan las pirañas, luego lo arrastran a la orilla con su piragua. La talla de los capturadas usualmente no supera los 150/ 175 cm.  

Los ejemplares de 3 mts no son difíciles de encontrar pero si resultan imposibles de pescar para los ribereños que, para atrapar especímenes más grandes, utilizan enormes anzuelos - de los mismos que se emplean para tiburones- tendidos con cuerdas de Manila o guarales de gran resistencia atados a flotadores o boyas de madera, aseguradas con pesadas plomadas. Con frecuencia, los ribereños tienen picadas espectaculares que degeneran en demostraciones de fuerza bruta en las cuales los grandes peces llevan las de ganar. En estos casos el pescador tiene que vencer la fuerza de la corriente sumada a aquella del pez, además de los obstáculos físicos de empalizadas, filos de rocas subacuáticas, fricción... Cuando un Valentón adulto es el protagonista, el pescador se resigna a contemplar cómo se va el nylon, arrastrado por una fuerza invisible. El despojo de la línea es el saldo negativo normal del encuentro con estos gigantes.  

La temporada ideal para pescarlos coincide con la estación seca (noviembre-abril). Los ríos disminuyen su caudal, el agua se torna límpida, desaparecen los pantanos, en las mañanas sopla una brisa que ahuyenta los mosquitos y el piso de la ribera se afirma.  

Theodor Roosevelt, el presidente americano, afirmaba que los valentones devoran monos caídos al agua y que son probablemente capaces de atacar a seres humanos.  

Como ocurre con otras valiosas especies de la cuenca del Amazonas, se sabe poco de la biología, número total de especies, distribución real.  

Constanza Corredor (texto y fotos) 
<por el momento, dirigid la correspondencia a la revista 

Enero 1998 

 

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