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Libertad y complejidad. El desafío 
 
 
 
Nuestra época se enfrenta con los mismos problemas de siempre, pero en una escala tan gigantesca... que ya no son los mismos. El cambio de dimensión transforma la naturaleza del objeto conocido. Algo parecido sucede cuando el análisis de un "principio" (una regla de reglas) se convierte en asunto de tal complejidad que la mente individual es impotente para abarcar todas sus consecuencias. 
un asunto que nos preocupa a todos: el fenómeno de la violencia, y su creciente expansión Esta introducción viene a propósito del principio de la "libertad de información". ¡Ay! Me gustaría contar con el auxilio de "modelos" informatizados para seguir el abanico de consecuencias que se abren a partir de una elección razonable. Pareciera una frivolidad encomendar una parte del trabajo de reflexión a los ordenadores ("sólo son máquinas") en temas de carácter legal, ético, o político pero si contamos con su auxilio en otros asuntos importantes (la educación o la economía, sin ir más lejos) ¿porque no ayudarnos con ellos para poder imaginar en que mundo nos estamos metiendo día a día? 

Antes de decidir una posición en el eterno debate de "si la 'libertad de información' debe tener límites", y si los tiene, "¿dónde están?", veamos un asunto que nos preocupa a todos: el fenómeno de la violencia, y su creciente expansión. Empezaré por un problema sangrante (literal y metafóricamente hablando): el terrorismo

Matar indiscriminadamente como herramienta política no es nueva, se remonta al principio de los tiempos. Desde que los Estados se han formado como unidades políticas y administrativas, la violencia y la contra-violencia han sido una constante a través de la historia. 

una acción terrorista, con sus secuelas de angustia e inseguridad, siempre ha sido un eficaz instrumento desestabilizador Incluso cuando la población "no contaba" cualquier dictador o tirano sabía que no podría mantenerse si la masa de gente sobre la que establecía su dominio se sublevaba. Y si esta población era asustada o aterrorizada correría en estampida arrasando el orgulloso palacio. El miedo inminente vence al miedo institucionalizado. 

Para poder reprimir con dureza a la oposición se requiere, como condición necesaria, la sensación de "normalidad" en la masa de gobernados. Si el poder oficial no demuestra que puede dar, por lo menos, seguridad... la inquietud se extiende y corroe las bases del sistema. De aquí se concluye que una acción terrorista, con sus secuelas de angustia e inseguridad, siempre ha sido un eficaz instrumento desestabilizador. Así funcionan las cosas. No hay necesidad de esperar el advenimiento de la democracia moderna (con sus votaciones periódicas, y la libertad de los medios de difusión) para ello. 

Una prueba de lo que decimos (sobre que el terrorismo no es propio de la democracia más desarrollada) se encuentra en los frecuentes actos, aparentemente irracionales, de ataques despiadados a la población civil en zonas de África y Asia. El terror también tiene su lógica. Aterrorizar es, fue, y será una herramienta política que no será abandonada mientras exista el "poder" como objeto de deseo, y mientras alguien quiera alcanzarlo (o mantenerlo) sin frenarse ante las barreras éticas. 

Sin los mass media el terrorismo pierde casi todo su poder de influencia Sin embargo, este "medio" maquiavélico de influir en la lucha por el poder adquiere mayor preponderancia con el crecimiento de los medios de comunicación. Tanto es así que éstos constituyen una parte esencial en el incremento del terrorismo contemporáneo. En la medida que los medios distribuyen información para el consumo son claves para hacer conocer y amplificar los efectos del acto terrorista dentro de la población. Sin los "mass media" el terrorismo pierde casi todo su poder de influencia. 

No es una crítica a los medios; no significa ninguna condena a la tarea de informar puntualmente sobre lo que sucede. No se trata de suprimir los coches por los accidentes de circulación. El terrorismo, que siempre existió, recalco, se aprovecha del desarrollo mediático sin ser un fenómeno concomitante o producido por él mismo.

es imposible que los medios (la televisión, la prensa escrita, la radio) omitan lo sucedido Mucho se ha discutido (y se discutirá, sin duda) si en nuestro país se debe o no difundir los resultados del terrorismo practicado por ETA (la principal, y en este momento, única organización que opera en España). Pero es una discusión condenada al verbalismo inoperante. No hay forma de escapar del circulo de hierro. 

Si se produce una muerte violenta, o más aún varias, es imposible que los medios (la televisión, la prensa escrita, la radio) omitan lo sucedido. Y narrando un episodio sangriento (con fotografías incluidas) tampoco se puede eliminar una referencia a qué, o quién, lo causó. Es imposible. Da cierta curiosidad pensar que alguien lo crea factible. Quizá sea un simple arrebato emocional, pero no demuestra mucha inteligencia quien sostiene la posibilidad de hurtar estos hechos al conocimiento público. 

Para colmo, y para suerte de todos, acabado el siglo se agrega un nuevo y gigantesco medio de difusión. Un medio de "nuevo tipo". Que no es controlado por nadie; ninguna empresa lo monopoliza; no depende de un centro de poder y, sin embargo, incluye a todos: Internet; la "Red" de redes

Tenemos satélites que guían la circulación rodada y jueces togados que toman decisiones fundadas en el derecho romano. Y junto con la buena nueva; con la facultad expandida de comunicarnos y llegar con nuestra mente a cualquier recoveco del mundo donde exista una terminal telefónica, aparecen los viejos problemas y las más antiguas estrategias políticas. Tácticas de poder ensayadas en los muchos siglos de luchas fratricidas que la humanidad arrastra cual pecado original propio de su desarrollo. 

Sin embargo, el mundo no se mueve al unísono. Los grandes cambios del siglo XX son asimilados lenta y desigualmente por la especie. Esta lentitud es desesperante. En otra época era asociada a virtudes como la prudencia y la sabiduría. Ahora da la impresión de ser inercia e indiferencia. El cambio nos desborda y los legisladores responden con reflejos de periodismo victoriano. Tenemos satélites que guían la circulación rodada y jueces togados que toman decisiones fundadas en el derecho romano. 

Algunas de estas cosas me vinieron a la cabeza cuando leí una columna en mi diario habitual. Reconozco que no fueron paralelas a la lectura, sino que fueron surgiendo después, ¿la razón? pues que cuando leí lo que paso a comentar, me quedé en blanco; una especie de cortocircuito mental. Son esa clase de "noticias" que te dejan con la sensación extraña que algo no funciona bien en nuestro mundo.

¿Qué habría hecho el juez si esta pequeña editorial se hubiera inclinado por publicar el citado manual en Internet en algún desconocido servidor de Holanda... o Irak? "James Perry es un asesino a sueldo que espera su turno en el corredor de la muerte de una prisión de Maryland. En 1993 mató a dos mujeres y un niño siguiendo las 27 instrucciones del libro: "Hit man: un manual técnico para asesinos a sueldo". La familia demandó a la editorial Paladin Press y la semana pasada un tribunal federal decidió censurar el libro y retirarlo del mercado. El juez no considera que esté protegido por la primera enmienda de la Constitución, que garantiza la libertad de expresión..." (1) 

¡Vaya! No es terrorismo, pero cómo si lo fuera. Ya que sólo su intención lucrativa lo separa. Poco se de esta nueva profesión; más allá de sus referencias en alguna película o novela. "Asesino a sueldo", una profesión no-reglada, pero de interesante futuro. Resulta que a alguien se le ha ocurrido dar un rimero de consejos para los que buscan iniciarse en ella. Y como sucede también con cosas de bricolaje, alguien, que prefiere leer el manual antes de operar (obviamente no un español medio) se ha inspirado en el texto para iniciarse en ella. 

Esta información muestra que el espíritu de la época sopla donde quiere. Nada se salva de la tecnificación; ni siquiera el artesanal oficio de matar. Ahora bien, voy a formular una ingenua pregunta (como si tuviera la oportunidad de charlar amigablemente con el juez antes mencionado) : -Qué habría hecho, Usía, si esta pequeña editorial se hubiera inclinado por publicar el citado manual en Internet por, imaginemos, algún desconocido proveedor de Holanda?...y que pasaría, -sigo en mi soliloquio- cuando luego de laboriosos enredos diplomáticos, la policía llegue finalmente al domicilio del proveedor y se encuentre con que el web y su particular mercancía ha sido trasladado a Irak ("Se fueron porque el Sr. Hussein ­quiza diga el inocente proveedor- se ha propuesto favorecer la "libertad de expresión", sobre todo en EE.UU; por eso los ha acogido"

¿Podría mandar retirar los ejemplares virtuales, alegando que no se ajustan al espíritu de la primera enmienda? ¿Y como lo haría? ¿Enviaría la policía a Holanda? 

Naturalmente que éste es un ejemplo imaginario; pero lo es porque en Internet el sistema de pagos no está aun totalmente ajustado y sigue siendo preferible vender libros por correo; pero ¿hasta cuando? ¿Un año? ¿Dos, quizá? Ni los cálculos más pesimistas creen que estos problemitas de seguridad técnica tarden una década en solucionarse. ¿Entonces... qué? 

En las librerías estadounidenses pueden encontrarse manuales sobre armas, explosivos, bombas y maneras de matar. Paladin tiene uno sobre cómo hacer desaparecer un cadáver El problema (el de la difusión de información tan peligrosa como un nuevo virus africano) está ahí; a la vuelta de la esquina. ¿Son los editores de estos libros gente monstruosa, alienígena? Pues no, son gente trabajadora, con familia y un medio de vida prestigioso en nuestra civilización occidental: editar libros. Sigo leyendo: 

"Paladin Pres es una pequeña editorial de Boulder (Colorado) que funciona desde hace 26 años y que dirige Peter Lund, un ex comandante de la fuerza aérea. Vende libros básicamente por correo. De "Hit Man" había vendido 13.000 ejemplares. Los medios de comunicación, America Online, la Asociación de Editores Americanos y la Universidad de Colorado han defendido la publicación del libro y criticado duramente la censura decretada por el juez.." 

¡Es natural! pensarán algunos. ¡Es terrible! pensarán otros. En todo caso no es un fenómeno aislado y reciente en la sociedad norteamericana: 

"En las librerías estadounidenses pueden encontrarse manuales sobre armas, explosivos, bombas y maneras de matar. Paladin tiene uno sobre cómo hacer desaparecer un cadáver. Ninguna de estas publicaciones ha sido censurada". 

Que yo sepa, el gremio de los asesinos no está muy cultivado. Pero todo se andará A mí me parece peligroso todo esto... aunque no tanto en España, porque la gente aquí lee poco (algo bueno tenía que haber en nuestro sempiterno rechazo a la "sabiduría libresca"); y que yo sepa el gremio de los asesinos no está muy cultivado. Pero todo se andará. Es evidente que la escolarización es un hecho sin retrocesos; luego, pronto tendremos un surtido de todos los temas "más-peligrosos-del-mundo" a nuestra disposición con sólo manejar un teclado y un buen diccionario de inglés
nos guste o no, estemos a favor o en contra, ni existen ni existirán formas eficaces para luchar contra la difusión planetaria de la información ¿Se puede censurar todo lo que se nos viene encima? ¿Cómo, por favor? Porque yo no le veo ninguna posibilidad real de hacerlo. Nadie puede impedir que se digan palabras obscenas por las líneas telefónicas, o que se practique el "coito oral" (o mejor dicho, "auditivo"); nadie puede impedir que los terroristas se llamen por teléfono de país a país para preguntarse lo que quieran ¿alguien puede ser tan inocente que piensa que sí puede hacerse por Internet? 

No voy a ponerme del lado de los editores, de la Universidad, o de cualquier otra asociación que pide el cumplimiento de la "primera enmienda" para toda forma de expresión escrita, aunque sea algo tan peligroso como "10 maneras probadas de asesinar niños sin que los padres lo adviertan". Mi liberalismo no llega a tanto. A mí me produce verdadera repugnancia que haya gente que haga estas cosas y que, además, se regodee explicándolo. Pero el problema, el verdadero problema, es que nos guste o no, estemos a favor o en contra, ni existen ni existirán formas eficaces para luchar contra la difusión planetaria de la información. De toda, de la buena y de la mala; de la benéfica y de la perversa. 

Termina el artículo que comenta con este estremecedor párrafo: 

"En el prólogo de "Hit Man" se lee que "los asesinos a sueldo cubren una necesidad de la sociedad y a veces son la única alternativa a la justicia". Lawrence Horn contrató a Perry para que matara a su hijo tetrapléjico de ocho años, a su ex mujer y a la niñera. Quería hacerse con los dos millones de dólares (292 millones de pesetas) que el niño había recibido como indemnización por un error médico. Perry desconectó el respirador del chaval, disparó a las mujeres en los ojos y borró las pruebas del crimen, tal y como recomienda el manual. la policía, sin embargo, pudo apresarlo y fue condenado a muerte por el triple asesinato. Lawrence Horn pasará el resto de sus días en la cárcel." 

Tengo la sensación que entramos en una nueva era: radicalmente diferente a las anteriores que ha vivido la humanidad. Y no porque aparezcan nuevos problemas sino porque los "de siempre" han adquirido un volumen y una complejidad sin parangón. No podremos disolverlos con los viejos tópicos ni con las pesadas decisiones judiciales tan llenas de buenas intenciones como infantilmente inoperantes. No tengo la solución (lo cual, además, podría ser una garantía de "racionalidad"), pero antes de abordar los remedios hay que evaluar la dimensión del daño... o del cambio. No se puede afrontar los nuevos desafíos con recetas anticuadas, simplemente porque "se parecen" a los de siempre. 

varias decenas de problemas graves se van acumulando sobre las cabezas de autoridades locales o nacionales, cuando sus consecuencias abarcan medio mundo Los nuevos riesgos no están sólo en la universalización de la información, se encuentran en todos los campos. Los científicos alertan sobre la probable aparición de nuevos virus letales como resultado de la visita incontrolada de seres humanos a lugares de África que hasta ahora eran "santuarios" alejados de toda actividad civilizada. La desprotección o ineficacia de las autoridades pueden convertir una zona de "chatarra atómica" en el norte de Rusia en una fuente de contaminación radioactiva para gran parte de Europa y América. La abrumadora deforestación del Amazonas afectará el clima de todo el planeta, según afirman otros científicos. Y varias decenas de problemas graves se van acumulando sobre las cabezas de autoridades locales o nacionales, cuando sus consecuencias abarcan medio mundo ¿es adecuada la organización actual de la humanidad para enfrentarse con estos riesgos? ¿Puede el Estado nacional resolver estos problemas si tomar en cuenta los peligros planetarios de sus decisiones locales

En suma ¿pueden tratarse problemas que se han globalizado con terapias estrictamente regionales? 

No hay soluciones fáciles... si fuera así ya no existirían estos problemas. Quizá no haya soluciones; quizá no haya salida racional y sólo los propios procesos desencadenados encontrarán, ciegamente, el cauce apropiado. Pero ¡cuánto dolor resulta de todo ello! Invito a repasar, en un mínimo balance, la historia de este siglo que se nos acaba. Millones y millones de personas normales, como Ud. o como yo, inmolados en luchas fratricidas. Imaginad los bombardeos masivos de la segunda guerra mundial; las multitudes desamparadas puestas en marcha en los procesos de independencia de los países del Tercer Mundo; los millones y millones de minas personales, fabricados por piases civilizados, que aguardan a algún pie descuidado ¿Podemos imaginar soluciones... e intentar que se apliquen; o sólo nos queda rezar? 

Carlos Salinas <csalinas@iponet.es

nov'97  
 

 

Nota (1) El texto periodístico que comento fue publicado por el diario La Vanguardia de Barcelona, España, el sábado 22 de noviembre de 1997. Lleva el Título: "EE.UU. retira del mercado un manual para asesinos", y está firmado por Xavier Mas de Xaxàs. Washington Corresponsal

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