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Alocución en 1931 para el Archivo de la palabra, del Centro de Estudios Históricos(1)
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Si hay algo en nosotros verdaderamento divino, es la
voluntad. Por ella afirmamos la personalidad, templamos el carácter,
desafiamos la adversidad, reconstruimos el cerebro y nos superamos diariamente.
Te quejas de las censuras de tus maestros, émulos y adversarios, cuando debieras agradecerlas. Sus golpes no te hieren; te esculpen. Con pocas excepciones, todo joven dotado de acusada y fuerte personalidad reacciona contra las exageraciones doctrinales o sentimentales de padres y maestros adoptando el tono o colorido moral complementario. El tumulto de la vida social suele obrar sobre las cabezas humanas débiles como el río sobre un cristal de cuarzo. Arrastrado y golpeado por la corriente, conviértese al fin en vulgar canto rodado. Quien desee conservar incólumes las brillantes facetas de su espíritu, recójase prontamente en el remanso de la soledad, tan propicio a la actividad creadora. Natural y loable es el ansia de reputación. Importa empero que el maestro discierna los dos principales tipos de ambiciosos: los que codician la fama como fin y los que la persiguen como medio. Cultívese de preferencia a los primeros. Misión trascendental del educador es desarrollar alas en los que tienen manos y manos en los que tienen alas. Sólo trabajando se enseña a trabajar. Como decía cistneros, Fray Ejemplo es el mejor predicador. Nos gustan los libros que relatan las hazañas que hubiéramos deseado realizar, es decir: un programa de vida noble y bella, frustrado por el aciago destino. Suele crecer la planta según la dimensión
de maceta. El talento aldeano confinado en su rincón difícilmente
alcanzará su pleno florecimiento.
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del num. 14]