| Suele decirse
que estamos inundados de datos y que el peligro de nuestra época
es estar "sobreinformados", en el sentido de recibir más información
de la que podemos asimilar. Y algo de esto hay... pero en realidad el fenómeno
puede ser el radicalmente opuesto: padecemos una crónica falta de
información.
Pondremos un modelo sencillo de lo que puede estar sucediéndonos: el diabético. Como todos saben la diabetes es una enfermedad que se caracteriza por impedir la absorción de glucosa por las células para su transformación en energía; sin embargo hay suficiente en la sangre... sólo que falta el elemento que hace posible la transferencia de la glucosa a la célula sedienta. Algo así nos está pasando. Información sobra... pero en los quioscos de revistas y en las librerías. También hay inmensas bases de datos que pueden ser consultadas, previo pago en la mayoría de los casos. Y por último existe un flujo creciente de datos que se están produciendo y entrando continuamente en los circuitos de distribución: revistas, libros, informes, Internet, etc. Sin embargo todo esto no conduce a un cambio progresivo y eficaz de nuestros hábitos, valores, ideas y prejuicios. La mayor parte resbala hacia pequeños círculos técnicos... los cuales son, probablemente, incapaces de asimilar toda la información que se les vuelca diariamente. Mas el futuro, por lo menos inmediato, se va perfilando con claridad: "quedará mucha información en la cuneta". No hay forma de organizar una masa de datos que crece en progresión geométrica mientras nuestras posibilidades de absorción apenas se incrementan. Se da y se dará en mayor proporción una especie de "lucha por la vida" en cada información que se vuelca al mercado. No sobrevivirá el más capaz sino el que tenga más recursos. Si el dato nace en un país metrópoli tendrá más posibilidades de prosperar, al igual que el vástago de una pareja humana. Si se origina en la periferia, su pelea será más dura y con mayor probabilidad de fracaso. A su vez ni siquiera en los países punteros será posible conocer todo lo que se produce, se piensa y se transforma. Una gran masa de información gravitará sobre cada uno y sobre todos los que piensan. Aportando ideas, y También aportando confusión. ¡Ah! que tiempos aquellos en que uno podía despertarse y con el desayuno enterarse de "todo" lo importante gracias a un diario serio y responsable. La información a la carta producirá islas de conocimiento, archipiélagos de comunicación y una nueva fragmentación en la sociedad. Los criterios de clase social pasarán de ser indicadores nítidos, como la propiedad de los medios de producción, los ingresos y el nivel cultural, para incluir los accesos que cada cual tendrá a las fuentes más informadas y actualizadas. Quizá no suceda así, pero algo parece muy probable: o cambia nuestra manera de recoger y asimilar la información, o esta nos inundará, hartará y obligará a recogernos en una inesperada y necesaria "cuarentena" informativa. Cuando hay demasiada interferencia en la radio, cualquier persona normal, opta por lo más sencillo: apagarla ¿por qué tendrá que ser diferente en el caos informativo? ¿Cuántos web tenemos ya sólo en España? La respuesta es contundente: "más de los que cada individuo puede abarcar". La selección se va haciendo en forma azarosa, pero llegará un momento en que cada cual sólo uno se conectará con aquellos que interesan particularmente. Un fenómeno paradójico de la diversidad es el aislamiento. No siempre sucede así, pero se un número suficiente de veces como para preocuparnos. Obsérvese si no, lo que sucede en una sociedad multirracial como Estados Unidos. Tanta diversidad coexistiendo no ha eliminado los guetos, al contrario, los ha hecho crecer de todas clases y formas imaginables. Nos gustaría que el mundo no fuese por este camino... pero se necesita echarle más imaginación y energía. Habrá que encontrar la manera en que la información no asuste ni repela. Que su diversidad sea asimilable y que la gente encuentre creativo (y no depresivo) enfrentarse con más variedad de la que individualmente se puede absorber. La paradoja no es inevitable ... si se aprende a trabajar en equipo; y si se encuentra la forma de interconectar las diferencias. Algo que si bien es importante para todo el mundo es vital para España, acostumbrada a trabajar dentro de un feroz individualismo y proclive a cualquier clase de particularidades. |