| La mirada de Ulises
(de Theo Angelopoulos) |
| Si bien todos
hemos visto en nuestra vida y en nuestra más o menos amplia experiencia
cinematográfica toda una serie de películas que a lo largo
de su metraje nos han mostrado la vida de algún personaje en concreto,
es complicado dar con una producción que aplique con igual trascendencia
esos cambios vitales a la naturaleza de los personajes. Cuando decimos
que un actor transforma su personaje en función del guión,
de la historia, indicamos el cambio de su aspecto físico, y de las
ideas, más o menos externas, con las que cuenta él mismo,
y que dan forma a su forma de ser y actuar. 'La mirada de Ulises' consigue
realizar con fascinante eficacia, sinceridad y verosimilitud, esa aplicación
interna. El resultado no es otro que el de transformar una película
en un viaje. UN viaje... donde los lugares por los que pasa son el escenario,
pero no el objetivo.
Harvey Keitel da vida, genialmente, a un director de cine que comienza un viaje, una travesía inesperada y sorprendente por una ingente diversidad de paisajes, costumbres y culturas. Múltiples son los personajes que interactúan con él durante este viaje, aunque tanto ellos como nuestro protagonista son conscientes de que se encuentran dando forma a una relación imposible. Y así, cada personaje que se mezcla con la realidad de nuestro cineasta, lo cambia y nos presenta una historia. Cada personaje, una historia. Todo el largometraje es una disposición secuencial de historias, a veces solo secuencias con mensajes breves aunque intensos y autónomos. EL comienzo de la historia nos describe un director... entero aunque quizá con un sentimiento de final interno. Se encuentra triste porque siente su decadencia, siente su declive que se acompaña con el plano profesional. No obstante, encuentra las fuerzas para luchar contra ese final, contra esa jubilación espiritual. La única forma de escapar de esa situación; la única forma de escapar de sí mismo y de su propia frustración, es dejar de ser sí mismo, comenzar un viaje, arrastrarse por la realidad buscando su propia identidad. Sin embargo, la excusa del viaje es la búsqueda de unos negativos cinematográficos, unas filmaciones de los hermanos Mannakis que quizá escondan algo nuevo, unas nuevas imágenes, quizás las que fueron las primeras imágenes rodadas. Nos embarcamos en ese viaje en busca de los rollos, aceptando dónde nos lleva, sin preocuparnos ni del tiempo ni del espacio. La cámara toma el alma de Keitel, y éste se convierte en cámara, en el ojo a través del que observamos los lugares de su viaje. Una de las primeras historias que Angelopoulos nos cuenta, es de amor. Amor entre Keitel y una mujer de quien no sabemos más que es otra de las personas que se cruzan con él en su intento de encontrar los 3 rollos. Aprovecha el film la ocasión para hablarnos de la maldad y la ironía de nuestro destino, que nos arroja la posibilidad de felicidad, cuando no nos es posible aceptarla, cuando nos encontramos convencidos de que nuestro destino está aún más lejos. Nos niega la posibilidad de mantenernos inmóviles, disfrutando del bello amor; siempre llega demasiado pronto o demasiado tarde. Se nos muestra a continuación, en una curiosamente divertida fórmula teatral, la vida pasada del cineasta. Y nuevamente, lo enfrenta a un nuevo reto: encontrarse con una antigua amistad. Cuando Keitel se reúne con su compañero, no encuentra solo una persona; ni tampoco un amigo. Encuentra su pasado. Se enfrenta a lo que un día fue su presente, al génesis de sus ideas y sus emociones; a todo aquello que ha marcado su vida como cineasta. Brinda por sus ídolos... políticos, cinematográficos, etc. Más tarde, utiliza sin piedad su libertad existencial y se marcha desafiando la suerte, a Sarajevo. La guerra. En el camino llegará a formar parte de una familia destrozada. Nuestro personaje va a tomar contacto con la tristeza y la desesperación de una mujer madura que ante la pérdida de su familia y su hogar, encontrará en él una salida emocional, la posibilidad de formar una nueva realidad donde vivir. Pero... el viaje debe proseguir, como siempre. Y finalmente alcanza la ciudad de Sarajevo, donde pasará a formar parte de la guerra. Es una visión actual, tremendamente realista de la guerra en la antigua Yugoslavia. 1994. Carros de Naciones Unidas, bombas, francotiradores, refugios... contrastando con la encantadora población que lejos de las bombas y las calles, tiende la mano a Keitel. EL misterio de los rollos está a punto de solucionarse. En definitiva, como se puede observar, la película es el proceso de maduración de Keitel. todas las personas y los lugares que visita, todas las desgracias y los favores, las batallas y los amores, los desengaños y... como no ? los sentimientos que le inspiran todos y cada uno de los pasajes de su travesía, son el medio, el sendero espiritual que un día le llevará al final de su viaje. Sentado... en un cine quemado, pequeño recuerdo de otra época, se enfrentará a la soledad y lo más horripilante: se hará consciente de su propio cambio. Verá en sí mismo otra persona. Verá el resultado del viaje: un nuevo ser, que nada tiene que ver con el antiguo director de cine que comenzó su viaje. Encuentra un verdadero ser formado a partir de una verdad impuesta y, por una vez, correcta aunque... dura. Comenzó huyendo de sí mismo... y termina matando ese pasado. Veía su final próximo, y termina cambiando toda su concepción de la vida y de la naturaleza. Ahora es un ser que acepta su condición humana, la insignificancia de su existencia, pero la necesidad de sí mismo. Especialmente emotivo resulta el momento en que, al lado de su gran y antiguo amigo, se da cuenta de que el mundo no ha cambiado, a pesar de sus esfuerzos. Toda una vida dedicada a hacer de él un mundo mejor. Todo un final entregado al arrepentimiento y la desazón más un absurdo, aunque merecido, orgullo. Así, se completa un viaje de esos cuyo destino es convertirnos en otra persona. Usando un solo viaje, Angelopoulos nos muestra el cambio de Keitel, el cambio de la región balcánica y de sus alrededores y ante todo, la realidad y los detalles de las vidas de las gentes que allí viven. Un marco perfecto donde encuadrar el gris de una zona atormentada por la guerra, indefensa de su propio peligro, que busca hacer sobrevivir su tierra y sus raíces, las líneas generales que han marcado la esencia de su existencia... la magia de su antiguo presente. |