| Debate:
propuesta de Carlos Salinas
He aquí un punto de partida para entendernos (o entender dónde
no hay acuerdo) en un tema tan controvertido:
1. La sociedad humana está compuesta de personas; pero el ámbito
de libertad individual no está subordinado al ámbito de libertad
colectiva. Existe una zona común, y una zona que es propia de cada
persona: son los derechos de los individuos.
2. Existen derechos personales que toda sociedad civilizada occidental
debe estar dispuesta a respetar porque se enraízan en su propia
historia que, en pocas palabras, consiste en una búsqueda de un
orden colectivo que mantenga y desarrolle las libertades individuales.
3. Entre estos derechos individuales esenciales mencionaremos (sin excluir
otros): el derecho a fijar libremente la residencia (derecho negado en
la ex Unión Soviética); a elegir pareja sin discriminación
de clase, religión o sexo (este último aspecto negado al
no aceptar las parejas homosexuales); a creer y practicar públicamente
las ideas elegidas (derecho negado en muchos países árabes)
y a determinar la duración de la propia vida (o lo que es igual,
el "derecho al suicidio").
4. Los citados derechos no son absolutos; pueden y deben ser reglamentados
por los Estados en función de las circunstancias históricas
y las necesidades colectivas. Deben también ser reglamentados para
evitar su abuso o un uso perverso que lleve a la desprotección de
los ciudadanos más débiles. Pero en ningún caso, so
pretexto del cuidado y la prudencia, deben ser negados u obstaculizados
hasta tal punto que hagan imposible su ejercicio.
5. Entre los derechos que se reconocen a la persona el "derecho a fijar
la duración de la propia vida" es el más cuestionado y atacado.
Ha sido objeto de toda clase de afirmaciones peyorativas y ni siquiera
en la actualidad es reconocido por la mayoría de los países
de nuestro mundo occidental.
6. Es hora de pensar seriamente en ello; y en reclamar el pleno ejercicio
de este derecho, junto con otros ya reconocidos aunque con trabas a la
hora de su ejercicio efectivo.
La capacidad de fijar la duración de la propia vida, en un adulto
con plena capacidad jurídica, no puede ser obstaculizada por consideraciones
religiosas o éticas. Vivimos en un mundo plurivalente; donde conviven
pacíficamente diferentes confesiones religiosas; donde el ateísmo
ya no es causa de marginación social; donde cada cual puede seleccionar
los objetivos vitales que considere oportunos ¿cuál puede
ser la razón de peso que impida a un adulto en estas condiciones
suicidarse sin afectar la integridad física de sus vecinos? ¿por
qué razón se le va a negar a un adulto el propósito
de acabar con su propia vida si se le permite elegir cualquier otra posibilidad,
desde casarse hasta tener hijos, desde el compromiso de practicar el celibato
de por vida o la de elegir sus estudios, amigos y ciudad donde vivirá
y desarrollará todas sus actividades?
Estamos de acuerdo que cualquier religión, mayoritaria o minoritaria,
establezca sus propios sistemas de valoración y prohibiciones, siempre
que ellos no contradigan los principios generales protegidos por el estado
de derecho. Pero nos parece un abuso que esas normas se hagan extensivas
a los no-creyentes, o a los que participan de confesiones con ideas diferentes.
Se ha recorrido un largo camino, sembrado de intolerancias, para llegar
a reconocer que la práctica religiosa es un asunto privado y que
no se posee el derecho de impedir que los otros piensen y vivan según
sus creencias ¿por qué no se ha de respetar, entonces, el
derecho a que los otros mueran también según sus creencias?
Estamos de acuerdo que la vida es un valor, como la dignidad y la libertad
¿por qué convertir a los adultos en "menores" de por vida,
al impedir que cada uno decida según su saber y entender? ¿Es
lícito, so pretexto de "protección", arrebatar la capacidad
de decisión sobre su propia vida a quien debe sufrir las consecuencias
de su continuación?
Estas y otras, que ahora omitimos, son preguntas que no pueden admitir
el silencio por respuesta. Se trata de perfeccionar un sistema de libertades
que sea en si mismo armónico y coherente. Tenemos el derecho de
reclamar sobre lo que nos parece que esta mal; pues bien, ejercitemos ese
derecho reflexionando sobre aquellas restricciones (supervivencias de un
pasado no muy lejano) cuando los ciudadanos eran tratados como minusválidos
mentales.
Invito a nuestros lectores a enviarnos sus opiniones. Todas serán
publicadas si respetan los mínimos requerimientos de la cortesía.
Creemos que la libertad y el respeto de las opiniones ajenas... empieza
por casa.
Carlos Salinas.
csalinas@iponet.es
REPLICA DE JOSEP V. MORAGUES
CS> He aquí un punto de partida para entendernos (o entender
donde no hay acuerdo) en un tema tan controvertido:
1. La sociedad humana está compuesta de personas; pero el ámbito
de libertad individual no está subordinado al ámbito de libertad
colectiva. Existe una zona común, y una zona que es propia de cada
persona: son los derechos de los individuos.
De acuerdo. El problema está en delimitar que es lo que corresponde
a cada ámbito. Nuestra sociedad actualmente remarca mucho la libertad
individual, mientras que otras culturas dan más importancia a la
dimensión colectiva. Ya me parece bien que se quieran asegurar los
derechos individuales, pero olvidar totalmente lo otro tampoco creo que
sea lo mejor.
CS> 2. Existen derechos personales que toda sociedad civilizada occidental
debe estar dispuesta a respetar porque se enraizan en su propia historia
que, en pocas palabras, consiste en una búsqueda de un orden colectivo
que mantenga y desarrolle las libertades individuales. Perfecto. Pero no
es tan obvio saber cuales son. Hay cosas que nos parecen muy evidentes
pero que de hecho nos vienen de toda una tradición cultural, religiosa,
etc.
CS> 3. Entre estos derechos individuales esenciales mencionaremos...
De hecho cuando empiezas a citarlos tú mismo ya haces ver que
no es tan evidente un acuerdo al respecto.
CS> 5. Entre los derechos que se reconocen a la persona el "derecho
a fijar la duración de la propia vida" es el más cuestionado
y atacado. Ha sido objeto de toda clase de afirmaciones peyorativas y ni
siquiera en la actualidad es reconocido por la mayoría de los países
de nuestro mundo occidental.
En un país de tradición cristiana es normal que no se
acepte fácilmente como natural este supuesto derecho. Yo de hecho
soy cristiano convencido y tampoco lo veo como natural. Te explico el porqué
de esta oposición del cristianismo desde sus orígenes: El
hecho parte de la experiencia de que nuestra vida no depende totalmente
de nosotros. Nosotros no hemos elegido nacer, es algo con lo que nos hemos
encontrado. Durante años nuestra vida depende de nuestros padres,
y incluso durante toda la vida necesitamos de los demás, de la sociedad.
Para un creyente, además, toda vida tiene su origen en Dios. Y más
aún, la vida humana tiene para el creyente un sentido, una misión.
Creemos que Dios nos ha puesto aquí para algo. Por eso el cristianismo
ha considerado, para explicarlo de alguna manera, que nuestra vida no la
tenemos en propiedad, nos la han dado gratuitamente para que hagamos el
mejor uso de ella, y es responsabilidad nuestra aprovecharla. Por eso no
podemos renunciar a la vida.
Esto se entendía muy fácilmente siglos atrás, en
los que la vida humana en Europa era muy frágil, expuesta mucho
más que ahora a enfermedades, guerras, etc. Pero con la revolución
tecnológica y científica, hemos podido controlar mucho mejor
las enfermedades y alargar considerablemente la vida. Además se
ha producido una mayor exaltación del individuo, de la libertad
personal, etc. Por eso es ahora cuando empieza a plantearse como un derecho
el suicidio. Pero yo me quedo con la explicación antigua, sobre
todo por lo que se refiere al sentido de la vida humana y al compromiso
con Dios y con los demás hombres.
CS> 6. Es hora de pensar seriamente en ello; y en reclamar el pleno
ejercicio de este derecho, junto con otros ya econocidos aunque con trabas
al hora de su ejercicio efectivo.
Discrepo, por lo anteriormente dicho.
CS> Estamos de acuerdo que cualquier religión, mayoritaria o
minoritaria, establezca sus propios sistemas de valoración y prohibiciones,
siempre que ellos no contradigan los principios generales protegidos por
el estado de derecho. Pero nos parece un abuso que esas normas se hagan
extensivas a los no-creyentes, o a los que participan de confesiones con
ideas diferentes.
Bien, pero con matices. El tema de que hablas para la Iglesia no es
una norma interna para los creyentes, como pueden serlo las recomendaciones
sobre el culto, la oración, etc. sino que nos parece algo válido
para toda persona, como el derecho a la vida, al trabajo, etc. Tenemos
una manera concreta de creer en la dignidad de la persona y hacemos lo
posible para que la gente la defienda con nosotros. También Amnistía
Internacional se considera con derecho a denunciar ciertas violaciones
de la dignidad humana, y lo vemos todos como una cosa buena. Para nosotros
es lo mismo.
Vale que las leyes no se deben dictar desde la religión. Si la
Iglesia se muestra reticente a ciertas leyes que considera demasiado permisivas
en el aborto, la eutanasia, etc., es por la experiencia de que normalmente
lo que está permitido legalmente se acaba considerando como una
cosa buena en sí, que se acaba haciendo sin darle más importancia
y no se entiende entonces que alguien lo discuta. Quizá exagero,
pero el problema es real. Las leyes no son nunca neutras, influyen sobre
la manera en que una sociedad valora las cosas. Por eso la Iglesia considera
que debe dar su opinión también sobre la ley.
CS> Se ha recorrido un largo camino, sembrado de intolerancias, para
llegar a reconocer que la práctica religiosa es un asunto privado
Aquí sí que Discrepo abiertamente. La religión
es también un asunto colectivo. La religión se transmite
en la comunidad, se vive en la comunidad y tiene una misión muy
clara de transformación de la realidad. Si no fuese así la
religión sería realmente lo que Marx llamaba "el opio del
pueblo", error en el que se ha caído con demasiada frecuencia. Más
bien digamos que a muchos les interesa que la religión se limite
a ser un asunto privado. Sin ir más lejos, a Estados Unidos le ha
ido muy bien promover en Centroamérica ciertas iglesias evangélicas
de carácter muy "privado" porque les molestaban los teólogos
de la liberación católicos que se atrevian a denunciar los
abusos de los grandes terratenientes con los campesinos. No creo que a
los jesuitas muertos en El Salvador les hubieran molestado si para ellos
su fe fuese un asunto privado.
CS> Estamos de acuerdo que la vida es un valor, como la dignidad y la
libertad ¿por qué convertir a los adultos en "menores" de
por vida, al impedir que cada uno decida según su saber y entender?
¿Es lícito, so pretexto de "protección", arrebatar
la capacidad de decisión sobre su propia vida a quien debe sufrir
las consecuencias de su continuación?
Algunas puntualizaciones: Me refiero primero al suicidio de personas
sanas. Muchos suicidios son fruto de depresiones psicológicas, y
no se puede permitir que estas personas reclamen el derecho al suicidio,
sencillamente porque no pueden ver las cosas objetivamente. Respecto a
la eutanasia, habría mucho de que hablar. La posición de
la Iglesia al respecto no pretende hacer sufrir a un enfermo terminal de
forma sádica. La Iglesia defiende que hay que usar todos los medios
para evitar el dolor de un enfermo terminal, aunque sea a costa de calmantes
que puedan incluso acortar su vida. Lo que pretende la Iglesia es defender
la dignidad de la persona en el momento de la muerte. Si se permite la
eutanasia será muy fácil que en los hospitales se presione
a enfermos y ancianos a autorizar la eutanasia por el sencillo hecho de
que mantenerlos cuesta dinero. Además, en este tema se puede reflejar
un intento de disimular el problema de la muerte con una supuesta "muerte
dulce", o "fácil". Un enfermo terminal puede enseñar mucho
a los que están con el, porque hace que nos cuestionemos muchas
cosas. Delante de él no se puede tener una visión ingenua
y superficial de la vida. No es una experiencia cómoda, y seria
muy fácil intentar quitársela de encima para ver sólo
una "muerte dulce". Eso no es más que intentar esconder el problema.
Bien, supongo que ya tienes bastante. He intentado ser respetuoso, espero
que los demás lo entiendan así. Por otro lado estoy abierto
a cualquier réplica o comentario que queráis hacerme.
Josep V. Moragues sep 1996
josepvm@arrakis.es
Clot BBS 757:101/24
Comentario
de Rubén Ferreres Garces
Curiosamente hay bastante libertad para suicidarse (a menos que se esté
tetrapléjico), pero más que nada se debe a la imposibilidad
de poder controlar al que se quiere quitar la vida.
Muchos casos de suicidio (y supongo que esto lo sabrás mejor
que yo) no son más que producto de una desesperación o mal
momento, y una vez solucionado el problema desaparecen los deseos de morir.
Comprendo que hay casos sin solución en los que al suicida no le
queda más remedio, y tal vez él, por causas físicas
no puede realizar el suicidio. Pero encomendar su muerte a otra persona
debe ser muy duro para ella, ya que puede tener "complejo de verdugo".
Y es que la educación occidental ha sido así. La frase "mientras
hay vida hay esperanza" es tal vez de la poca filosofía optimista
occidental, parece más bien sacada de la filosofía budista
o zen.
Hay países en los que la vida tiene otro tipo de valor y en este
caso se dan suicidios como protesta (en Japón se dieron unos cuantos
cuando en emperador japonés viajó hasta China, enemigo natural
de Japón desde tiempos inmemoriales) y parece ser que está
muy mal visto recibir un tipo de protesta así, ya que es indicativo
de que las cosas las están haciendo muy mal.
Por último y como curiosidad te comento que en cierta ocasión
oí decir a un sacerdote católico (además muy querido
por la gente, que murió de muerte natural) que suicidarse no debía
ser pecado, incluso que era un derecho querer ir con Jesús si así
se deseaba.
CS> Estamos de acuerdo que la vida es un valor, como la dignidad y la
libertad ¿por qué convertir a los adultos en "menores" de
por vida, al impedir que cada uno decida según su saber y entender?
¿Es lícito, so pretexto de "protección", arrebatar
la capacidad de decisión sobre su propia vida a quien debe sufrir
las consecuencias de su continuación?
Es que en ocasiones los adultos se comportan como menores. Todas las
estadísticas del referéndum de la OTAN daban el NO como respuesta.
Una noche antes, salió Felipe González advirtiendo que si
salía no, sería el caos. Al día siguiente en las votaciones
salió SI. Toda esa gente que se tragó la patraña,
deberían declararla menor de edad.
Rubén Ferreres Garces Sep 96
¿ES
EL SUICIDIO UN DERECHO DEL INDIVIDUO?
No. No hay derecho al suicidio. Otra cosa es que sea difícil
de evitar, cuando no imposible. Por el contrario, una sociedad que aspire
a mantenerse procurando el bienestar de sus miembros, no puede aceptarlo
sino que debe punirlo. Y no pienso que haga falta recurrir a metafísicas,
que en el mejor de los casos son atajos a las conclusiones que uno ya ha
hecho, pero que no constituyen una imagen fiel de la realidad.
Mi análisis es que si se admite el derecho al suicidio, y dejando
de lado los casos patológicos (Pero ¿acaso los "enfermos"
no han de poder hacer lo mismo que los "sanos"? - además si se facilitase
el acceso al suicidio de los depresivos podría reducirse el déficit
público), un individuo que decide darse muerte puede hacerlo en
dos circunstancias, de Pero Grullo por cierto:
1) sin causa alguna
2) con una causa
Consideremos el primer caso "sin causa alguna", para los demás
es equivalente a decir que este individuo en cualquier momento puede optar
por matarse, y por supuesto esto afecta a los planes que uno haga de una
forma categórica. Para poner un ejemplo normal, ¿Algún
lector avalaría un préstamo por 20 millones de pesetas, si
el que lo recibe considera que el suicidio es algo normal, y que puede
hacerlo en cualquier instante, por ejemplo que cada noche juega a la ruleta
rusa?
Veamos el segundo caso "con causa". La causa más habitual de
suicidio, en la medida de mis conocimientos, es rehuir consecuencias que
el suicida considera peor que la muerte, y en la mayor parte de los casos
que yo veo esto es de lo más artificioso, como por ejemplo los samurais
que debían suicidarse para "limpiar" su honor en caso de derrota.
Una "sociedad" comprometida con sus miembros invierte en estos y busca
su bienestar, por ello define pautas de comportamientos de obligado cumplimiento,
entre ellas hay que auxiliar aquellos miembros cuyas vidas estén
en peligro, por cierto que a veces arriesgando la propia vida. Un caso
simple:
Dos individuos están en peligro de muerte, uno que considera
el suicidio aceptable, y el otro no. Un tercer individuo de esta sociedad
puede salvar a uno de los dos, pero tal vez no a ambos, o si prefieres,
y entonces es aun más problemático, sabe que podrá
salvar a uno pero no si luego podrá salvar al otro, sin contar que
ello puede implicar a veces su muerte, y no estoy fantaseando: más
de una vez he leído en prensa que un rescate había sido logrado
o no y que el rescatador había muerto. Así que a cual debe
rescatar primero ¿al que no acepta el suicidio o por el contrario
al que sí lo acepta? Y si no sabe cuál es cual, ¿puede
pedir que se declaren al respecto? ¿Podría pedir "Quien crea
que el suicidio es aceptable, que se suicide?
Lo seguro es que el suicidio destruye de forma irremisible la confianza
entre los individuos.
Una nota, en el planteamiento inicial se habla de la religión
y se dice que quiere una sociedad libre de religión, o algo al efecto,
pero yo considero que esto es un absurdo, posiblemente por no usar el mismo
"diccionario", pero para mi "religión" es la forma en que se relaciona
el individuo en el mundo, y la visión de este como "cosmos" o "caos".
Por ello la opción aceptar o no el suicidio es de si religiosa.
Antoni Jaume Sep'96
a2jaume@bbs-ce.uab.es
Dialogo
Marcelino Llano-Carlos Salinas
Marcelino Llano:
Mi posición es muy simple y no da para un artículo: cada
uno es muy dueño y señor de su cuerpo y de su vida, libre
de quitársela por tanto. Sin embargo, el coste de la libertad es
la responsabilidad última de nuestras acciones. Si yo decidiera
libremente suicidarme, estaría causando un perjuicio gravísimo
a quienes me rodean, más grave aún a quienes me quieren o
aprecian. Incluso estaría induciendo a alguno de ellos a emular
mi acto (está demostrado estadísticamente el efecto contagioso
de un suicidio y, por eso, en los medios de comunicación existe
el acuerdo tácito de no informar de los cientos que se producen
al año).
Esto no obsta para que yo no pueda entender la postura de los suicidas
que, aún siendo conscientes de las consecuencias de su acto -para
ellos y para quienes les rodean-, decidan quitarse la vida. No viene al
caso entrar a valorar la causa que les induce a ello: es imposible meterse
en la piel de otro y es una desconsideración valorar lo que hacen,
cuando desconocemos las circunstancias trágicas y dolorosas en que
se deciden tales actos.
El suicidio es una decisión y un acto personal, me parece un
absoluto despropósito manifestarse a favor o en contra del mismo.
Puedes suicidarte o continuar soportando la vida en condiciones dolorosas
e insoportables, respeto ambas posturas y no estoy en disposición
de asegurar por cuál de ellas optaría yo si la vida me pusiera
ante una perspectiva de dolor e insatisfacción extremas.
Marcelino Llano Clot BBS
Respuesta de Carlos Salinas
ML> Mi posición es muy simple y no da para un artículo:
cada uno es muy dueño y señor de su cuerpo y de su vida,
libre de quitársela por tanto. Sin embargo, el coste de la libertad
es la responsabilidad última de nuestras acciones.
Aquí no entiendo lo que buscas expresar. Naturalmente que la
libertad tiene un coste. Todo derecho lo tiene. Y justamente cuando no
existe esa libertad es que no se puede alegar ninguna forma de "responsabilidad",
tanto de carácter ético como jurídico. Una persona
que está drogada, o inconsciente, no es responsable de sus acciones.
Si la ley te obliga a abstenerte de cualquier acción de apoyo a
un suicida, por ejemplo, no tienes ninguna responsabilidad en cumplir lo
que la ley establece o de abstenerte de lo que prohíbe.
ML> Si yo decidiera libremente suicidarme, estaría causando un
perjuicio gravísimo a quienes me rodean, más grave aún
a quienes me quieren o aprecian.
Si se diera esa posibilidad habría que distinguir "que clase
de perjuicio". Pero en principio no hay razón suficiente para anular
un derecho. De la misma manera que si viajas al extranjero puede crearte
algún grave problema familiar, y eso no quita que ese derecho exista.
ML>Incluso estaría induciendo a alguno de ellos a emular mi acto
(está demostrado estadísticamente el efecto contagioso de
un suicidio y, por eso, en los medios de comunicación existe el
acuerdo tácito de no informar de los cientos que se producen al
año).
Esta demostrado que "todo" lo que se hace en una sociedad tiene un efecto
contagioso, en lo bueno y en lo malo (aunque estadísticamente ese
efecto sea más notorio en cualquier cosa negativa). Pero insisto
que esta no puede ser una razón para eliminar un derecho. Sí,
en cambio, para reglamentarlo adecuadamente.
ML>Esto no obsta para que yo no pueda entender la postura de los suicidas
que, aún siendo conscientes de las consecuencias de su acto -para
ellos y para quienes les rodean-, decidan quitarse la vida. No viene al
caso entrar a valorar la causa que les induce a ello: es imposible meterse
en la piel de otro y es una desconsideración valorar lo que hacen,
cuando desconocemos las circunstancias trágicas y dolorosas en que
se deciden tales actos.
No se trata de "entender" o de "ponerse en la piel de otro". Se trata,
simplemente, si podemos ejercer todos los derechos propios de un individuo
adulto, no discapacitado. Uno no tiene porque requerir la buena voluntad
de los demás, la comprensión, o cualquier otro estado de
empatía para hacer *lo que queremos* sin dañar a los demás.
¿O acaso cuando pensamos en casarnos consultamos a nuestra familia,
a nuestros vecinos, a nuestros compañeros de trabajo, a los amigos
conque intercambiamos mensajes y a todas las personas que de una u otra
manera tienen relación con nosotros?
¡Que clase de "derecho" es aquel que se puede ejercer sólo
si contamos con la simpatía de los que nos rodean!
ML> El suicidio es una decisión y un acto personal, me parece
un absoluto despropósito manifestarse a favor o en contra del mismo.
No lo es cuando las leyes lo prohíben. De igual forma que en
otras épocas existían prohibiciones que ahora parecen ridículas,
"ahora" tenemos prohibiciones que pueden parecer absurdas a alguien. ¿Supone
entonces que habría que callarse? ¿Qué ya no hay lugar
para ninguna nueva conquista en el ámbito de los derechos personales?
ML> Puedes suicidarte o continuar soportando la vida en condiciones
dolorosas e insoportables, respeto ambas posturas y no estoy en disposición
de asegurar por cuál de ellas optaría yo si la vida me pusiera
ante una perspectiva de dolor e insatisfacción extremas.
En cualquier caso la existencia de un derecho no te obliga a ejercerlo.
Pero si fastidia saber que *no tienes esa posibilidad*. Se trata de pensar
con una perspectiva global, independientemente que nunca se nos ocurra
ejercer el derecho a morir cuando se nos de la gana.
Carlos Salinas (11 Sep 96)
Respuesta de Marcelino
Llano.
Por el tono de tu respuesta deduzco que no me he expresado bien. En
primer lugar debo puntualizar que yo no he abordado la cuestión
del suicidio desde un punto de vista legal, porque opino -y lo daba por
supuesto- que, en cualquier cuestión que afecte a los derechos humanos
o a la vida privada, toda ley que los restrinja o interfiera debiera ser
abolida. Entiendo, sin embargo, que la sociedad trate de restringir las
consecuencias sociales negativas derivadas del ejercicio de los derechos
individuales.
CS> Si la ley te obliga a abstenerte de cualquier acción de apoyo
a un suicida, por ejemplo, no tienes ninguna responsabilidad en cumplir
lo que la ley establece o de abstenerte de lo que prohíbe.
Yo no soy jurista, pero sé que la ley es compleja. Como complejo
es discernir cuándo ayudar a un suicida en sus propósitos
autodestructivos puede ser un acto de piedad o solidaridad y cuándo
un asesinato encubierto (todo depende del caso y sus circunstancias). Para
evitar este problema yo soy partidario de regular la eutanasia.
ML> Si yo decidiera libremente suicidarme, estaría causando un
perjuicio gravísimo a quienes me rodean, más grave aún
a quienes me quieren o aprecian. CS> Si se diera esa posibilidad habría
que distinguir "que clase de perjuicio". Pero en principio no hay razón
suficiente para anular un derecho. De la misma manera que si viajas al
extranjero puede crearte algún grave problema familiar, y eso no
quita que ese derecho exista.
Yo no niego un derecho, insisto simplemente en que todo acto libre tiene
consecuencias en el entorno de quien lo decide y ejecuta, consecuencias
que no justifican pero sí explican el que la sociedad intente protegerse
aún a costa de la libertad individual.
Yo creo en la primacía de la libertad individual sobre los intereses
colectivos, conste. Pero también creo que todo individuo libre debe
ser responsable y valorar las consecuencias de sus actos, no ya de forma
abstracta ("la sociedad", "la patria", "el pueblo", "la humanidad"...)
sino en las personas concretas, especialmente en aquellas a las que le
une algún lazo estrecho, sentimental o de otro tipo.
Volviendo al caso que nos ocupa, si después de valoradas esas
consecuencias un potencial suicida persiste en su actitud, creo que con
toda probabilidad estaríamos ante un caso en que incluso sus allegados
comprenderían su acto. Supongo que se tiene que estar muy desesperado
para quitarse la vida, pero más todavía si se es plenamente
consciente de que se va a causar un daño irreparable a quienes te
aprecian o a quienes dependen de ti.
CS> ese efecto sea más notorio en cualquier cosa negativa). Pero
insisto que esta no puede ser una razón para eliminar un derecho.
Sí, en cambio, para reglamentarlo adecuadamente.
Yo no estoy justificando la negación del derecho a quitarse la
vida, sólo apelo a la responsabilidad para que tú o cualquier
persona a quien yo aprecie se lo piense dos veces antes de darme un disgusto
de ese calibre. Pero prefiero sufrir que ser un feliz tirano a costa de
la infelicidad de quienes me rodean.
Por otra parte, regular el suicidio me parece un contrasentido. Si es
un derecho individual y una decisión personal, porqué ha
de regularse y, en cualquier caso, ¿nos van a poner un guardia día
y noche a cada uno en nuestros días depresivos para velar por el
cumplimiento de tal regulación? ¿encarcelarán a la
gente que sufre por algún motivo para que no "caigan en la tentación"?
Otra cosa es la eutanasia, estaríamos regulando entonces el derecho
a quitarse la vida que asiste a las personas que no pueden suicidarse por
sí mismas. Otro planteamiento, "políticamente correcto",
es el de regular el derecho a una muerte asistida e indolora cuando las
circunstancias impiden tener una vida digna y se ha perdido toda esperanza
de recuperarla.
CS> No se trata de "entender" o de "ponerse en la piel de otro". Se
trata, simplemente, si podemos ejercer todos los derechos propios de un
individuo adulto, no discapacitado. Uno no tiene porque requerir la buena
voluntad de los demás, la comprensión, o cualquier otro estado
de empatía para hacer *lo que queremos* sin dañar a los demás.
Repito que yo trataba de abordar el asunto desde un punto de vista humano,
no legal, y desde el primer momento reconocía el derecho de todo
individuo a hacer aquello que crea más conveniente. El problema
es que en este, como en tantos otros asuntos, no podemos hacer lo que queremos
sin dañar a los demás, y dañarlos además de
forma muy grave.
También he dicho ya que creo en la primacía de los derechos
individuales sobre los intereses colectivos y, por tanto, que el daño
causado a los demás no justifica la negación del derecho
individual. Sólo insisto en que, llevado hasta sus últimas
consecuencias, la primacía por principio del individuo sobre la
colectividad es tan peligrosa como su contraria, y que tales excesos sólo
pueden moderarse lícitamente con la reponsabilidad individual, por
un lado, y la garantía formal y jurídica de los derechos
individuales, por el otro.
CS> acaso cuando pensamos en casarnos consultamos a nuestra familia,
a nuestros vecinos, a nuestros compañeros de trabajo, a los amigos
conque intercambiamos mensajes y a todas las personas que de una u otra
manera tienen relación con nosotros? ¡Que clase de "derecho"
es aquel que se puede ejercer sólo si contamos con la simpatía
de los que nos rodean!
Quiero decir que debe pensar en las consecuencias de sus actos sobre
la vida de quienes le rodean, no que deba consultarles a cerca de si debe
o no suicidarse, o que sólo pueda hacerlo si cuenta con su aprobación.
Estoy diciendo que si, a pesar de valorar el daño que va a causar
en los demás, continúa con su idea original, las causas que
lo motivan deben ser de mucho peso y hasta las personas próximas
a él entenderían su decisión.
ML> El suicidio es una decisión y un acto personal, me parece
un absoluto despropósito manifestarse a favor o en contra del mismo.
.....
CS> No lo es cuando las leyes lo prohíben. De igual forma que
en otras épocas existían prohibiciones que ahora parecen
ridículas, "ahora" tenemos prohibiciones que pueden parecer absurdas
a alguien. ¿Supone entonces que habría que callarse? ¿Qué
ya no hay lugar para ninguna nueva conquista en el ámbito de los
derechos personales?
Podemos hablar de lo que queramos y puedes contar conmigo si se trata
de nuevas conquistas en el ámbito de los derechos humanos (son personales
pero nos afectan a todos, independientemente de que las leyes nacionales
los reconozcan). Pero tal vez debieras haberlo planteado como un debate
sobre los derechos humanos o sobre si el disponer libremente de la propia
vida es o no uno de ellos; no a favor o en contra del suicidio.
Digan lo que digan las leyes, todos podemos suicidarnos cuando nos dé
la gana. El problema legal, hasta donde yo sé, comienza cuando uno
no puede suicidarse por sus propios medios. Problema que no es irrelevante:
si se tolera que alguien ayude a otro a suicidarse, cómo distinguirlo
de un asesinato encubierto si no es estableciendo una serie de restricciones
tendentes a garantizar la libertad del suicida en el momento de tomar su
decisión.
CS> En cualquier caso la existencia de un derecho no te obliga a ejercerlo.
Pero si fastidia saber que *no tienes esa posibilidad*. Se trata de pensar
con una perspectiva global, independientemente que nunca se nos ocurra
ejercer el derecho a morir cuando se nos de la gana.
Totalmente de acuerdo. Espero que ahora haya explicado mejor mi postura.
Marcelino Llano (13 Sep 96) Clot BBS |