Ver también:
A
propósito de Charles Wrigth Mills,
por Carlos Salinas |
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LA
CIENCIA COMO OFICIO

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| Para el investigador social individual que se siente
como parte de la tradición clásica, la ciencia social es
la práctica de un oficio. En cuanto hombre que trabaja sobre problemas
esenciales, figura entre los que rápidamente se impacientan y se
cansan de discusiones complicadas sobre método-y-teoría-en-general,
que interrumpen sus propios estudios. |
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LA
"COCINA" DE LA CIENCIA

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| Cree que es mucho mejor la información de un estudioso
activo acerca de cómo procede en su trabajo que una docena de "codificaciones
de procedimiento" hechas por especialistas que quizá no han realizado
ningún trabajo de importancia. Unicamente mediante conversaciones
en que pensadores experimentados intercambien información acerca
de su manera real de trabajar puede comunicarse al estudiante novel un
concepto útil del método y de la teoría. Por lo tanto,
creo útil referir con algún detalle cómo procedo en
mi oficio. Esto es, inevitablemente, una declaración personal, pero
está escrita con la esperanza de que otros, en especial los que
se inician un trabajo independiente, la harán menos personal por
los hechos de su propia experiencia. |
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NO
HAY QUE SEPARAR VIDA Y TRABAJO

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| Creo que lo mejor es empezar por recordaros a los estudiantes
principiantes que los pensadores más admirables de la comunidad
escolar a que habéis decidido asociaros no separan su trabajo de
sus vidas. Parecen tomar ambas cosas demasiado en serio para permitirse
tal disociación y desean emplear cada una de ellas para enriquecer
a la otra. Desde luego, esa escisión es la convención que
prevalece entre los hombres en general, y se deriva, supongo yo, del vacío
del trabajo que los hombres hacen hoy. Pero habréis advertido que,
como estudiantes, tenéis la excepcional oportunidad de proyectar
un tipo de vida que estimule los hábitos de la buena artesanía.
El trabajo intelectual es la elección de un tipo de vida tanto como
de una carrera; sépalo o no, el trabajador intelectual forma su
propio yo a medida que trabaja por perfeccionarse en su oficio; para realizar
sus propias potencialidades y aprovechar las oportunidades que se ofrezcan
en su camino, forma un carácter que tiene como núcleo las
cualidades del buen trabajador. |
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USAR
LA EXPERIENCIA PERSONAL

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| Lo que significa esto es que debéis aprender a
usar vuestra experiencia de la vida en vuestro trabajo intelectual, examinándola
e interpretándola sin cesar. En este sentido la artesanía
es vuestro propio centro y estáis personalmente complicados en todo
producto intelectual sobre el cual podáis trabajar. Decir que podéis
"tener experiencia" significa, entre otras cosas, que vuestro pasado influye
en vuestro presente y lo afecta, y que él define vuestra capacidad
para futuras experiencias. Como investigadores sociales, tenéis
que dirigir esa complicada acción recíproca, captar lo que
experimentáis y seleccionarlo; sólo de esa manera podéis
esperar usarlo para guiar y poner a prueba vuestro pensamiento, y en ese
proceso formaros como trabajadores intelectuales. Pero ¿cómo
podréis hacerlo?
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ORGANIZAR
UN ARCHIVO

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| Una solución es: debéis organizar un archivo,
lo cual es, supongo yo, un modo de decir típico de sociólogo:
llevad un diario. Muchos escritores creadores llevan diarios; la necesidad
de pensamiento sistemático que siente el sociólogo lo exige.
En el archivo que voy a describir, están juntas la experiencia personal
y las actividades profesionales, los estudios en marcha y los estudios
en proyecto. En ese archivo, vosotros, como trabajadores intelectuales,
procuraréis reunir lo que estáis haciendo intelectualmente
y lo que estáis experimentando como personas. No temáis emplear
vuestra experiencia y relacionarla directamente con el trabajo en marcha.
Al servir como freno de trabajo reiterativo, vuestro archivo os permite
también conservar vuestras energías. Asimismo, os estimula
a captar "ideas marginales": ideas diversas que pueden ser subproductos
de la vida diaria, fragmentos de conversaciones oídas casualmente
en la calle, o hasta sueños. Una vez anotadas, esas cosas pueden
llevar a un pensamiento más sistemático así como prestar
valor intelectual a la experiencia más directa. |
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REFLEXIONAR
SOBRE LA PROPIA EXPERIENCIA

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| Habréis advertido muchas veces con cuánto
cuidado tratan su propias inteligencias pensadores consumados, y cuán
atentamente observan su desarrollo y organizan su experiencia. La razón
de que atesoren sus menores experiencias es que, en el curso de una vida,
el hombre moderno tiene muy poca experiencia personal, y sin embargo la
experiencia es sumamente importante como fuente de trabajo intelectual
original. He llegado a creer que el ser fiel a su experiencia sin fiarse
demasiado de ella es una señal de madurez del trabajador. Esa confianza
ambigua es indispensable para la originalidad en todo trabajo intelectual,
y el archivo es un medio por el que podéis desarrollar y justificar
tal confianza. Llevando un archivo adecuado y desarrollando de ese modo
hábitos de auto-reflexión, aprendéis a mantener despierto
vuestro mundo interior. Siempre que os impresionen fuertemente sucesos
o ideas, no debéis dejarlos irse de vuestra mente, antes al contrario,
debéis formularlos para vuestro archivo y, al hacerlo, desentrañar
todo lo que implican, y demostraros a vosotros mismos la insensatez de
aquellos sentimientos o ideas o la posibilidad de articularlos en forma
productiva. |
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EL
HABITO DE ESCRIBIR

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| El archivo os ayuda también a formaros el hábito
de escribir. No podéis tener la "mano diestra" si no escribís
algo por lo menos cada semana. Desarrollando el archivo, podéis
tener experiencia de escritores y cultivar, como suele decirse, vuestros
medios de expresión. Llevar un archivo es controlar la experiencia.
Una de las peores cosas que les suceden a los investigadores sociales es
que sienten la necesidad de escribir sus "planes" sólo en una ocasión:
cuando van a pedir dinero para una investigación específica
o para un "proyecto". La mayor parte de los "planes" se escriben para pedir
fondos, o por lo menos se redactan cuidadosamente para ese fin. Aunque
esta práctica está muy generalizada, la considero muy mala:
está condenada a convertirse, por lo menos en cierta medida, en
una "arte de vender" y, dadas las expectativas que hoy prevalecen, en acabar
muy probablemente en afanosas pretensiones; el proyecto quizá va
a ser "presentado" después de redondearlo de una manera arbitraria
mucho antes de lo que debiera; muchas veces es una cosa amañada,
destinada a conseguir dinero para fines diferentes, aunque valiosos, de
los de la investigación ofrecida. |
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REVISAR
PERIODICAMENTE EL ESTADO DE LOS PROYECTOS

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| Un investigador social que trabaja debe revisar periódicamente
"el estado de mis planes y problemas". Un joven, precisamente al comienzo
de su trabajo independiente, debe reflexionar acerca de esto, pero no puede
esperarse -ni lo esperará él mismo- que vaya muy lejos con
eso, y evidentemente no debe entregarse con excesiva rigidez a ningún
plan. Todo lo que puede hacer es orientar su tesis, que infortunadamente
se supone ser su primer trabajo independiente de alguna extensión.
Cuando estéis a la mitad del tiempo de que disponéis para
el trabajo, o en su tercera parte, es cuando esa revisión puede
ser más fructuosa y hasta quizá interesante para los demás.
Un investigador social activo que avanza en su camino debe tener siempre
tantos planes, que es tanto como decir ideas, que se pregunte constantemente:
¿En cuál de ellos trabajaré?, ¿debo trabajar,después?
Y debe llevar un pequeño archivo especial para su agenda principal,
que escribirá una y otra vez para sí mismo y quizá
para discutirla con los amigos. De tiempo en tiempo debe revisarla muy
cuidadosamente y con fines muy determinados, y en ocasiones también
cuando esté descansado. Un procedimiento así es uno de los
medios indispensables por los cuales vuestras empresa intelectual se mantiene
orientada y bajo control. El intercambio amplio e informal de esas revisiones
del "estado de mis problemas" entre investigadores sociales activos es,
me parece, la única base para una formulación adecuada de
"los principales problemas de la ciencia social". Es improbable que en
una comunidad intelectual libre haya, y es seguro que no deba haberlo,
un bloque "monolítico" de problemas. En esa comunidad, si florece
de una manera vigorosa, habría interludios de discusión entre
los individuos acerca del trabajo futuro.
C. Wright Mills |
Del apéndice "Sobre artesanía
intelectual", en La imaginación sociológica, Madrid,
Fondo de Cultura Económica, 1993
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