| A propósito de Wrigth Mills: |
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Charles
Wrigth Mills nació en Waco, Texas, en 1916 y murió en Nyack,
Nueva York, en un accidente automovilístico en 1962, a la temprana
edad de 46 años. En su breve carrera como sociólogo (se doctoró
en la Universidad de Wisconsin en Sociología y Antropología,
en 1941) escribió mucho y bien sobre la sociedad norteamericana
y sus problemas: El poder de los sindicatos (1948), Las clases
medias en Norteamérica (1951), Carácter y Estructura
social (1953, en colaboración con H. Gerth), La elite del
poder (1956), La imaginación sociológica (1959),
Escucha Yanki (1960) y Poder, política, pueblo (publicada
en 1963).
Su obra sigue siendo actual, muestra un camino posible a la ciencia social, investigando los hechos contemporáneos que interesan a todos los ciudadanos y tomando una postura crítica, independiente de los grandes centros de poder. Algo de lo que estamos totalmente necesitados en la España actual (Tan necesitados que ya el sólo hecho de sugerirlo suena a utopía). La sociología suele ser vista como un campo donde únicamente se estudian las opiniones de los votantes o las preferencias de los consumidores en el momento de comprar un detergente. Obviamente no despreciamos estos estudios pero nos parece que se ha transformado un águila en un mosquito. Existe una tradición de discusión, de indagación en los grandes problemas contemporáneos que es propia de la Sociología. Marx, Weber, Durkheim no son sólo autores clásicos para estudiar en la universidad. Nuestra época es, simplemente, una etapa de transición, de reacomodación frente al desplome de la gran utopía comunista. Una vez que el polvo se asiente volveremos a preguntarnos como salir del cenagal de un sistema que asegura la libertad y la riqueza para los que ya la tienen... los demás que se pudran. Pero ahora no se trata de ocuparnos
de hacer futurología. Quiero rescatar un pequeño
fragmento de un texto de Mills donde incita a los estudiantes (ya graduados)
a reflexionar sobre su experiencia, a llevar un archivo (ahora lo llamaríamos
"base de datos", a escribir y comunicar sus pensamientos. Me parece una
buena cosa transcribir este fragmento, sobre todo cuando he observado que
en la edición catalana de La Imaginación Sociológica,
los editores han decidido suprimir el apéndice donde estaban estas
reflexiones. Quizá hayan considerado que no eran necesarias... o
que no tendrían posibilidades de ser leídas. Es posible que
no fueran muy descaminados (aunque admitirlo sea deprimente) ¿a
quién le interesa, actualmente, ser un investigador independiente?
Carlos Salinas |